Los mecenas.

“La orden del día”, un relato historiado del Anschluss de Austria por el régimen nacionalsocialista alemán. La anexión tuvo lugar el 12 de marzo de 1938. Novela de Éric Vuillard. Fenomenalmente escrita y traducida del francés. Muy recomendable.

Contenido. La gran industria alemana, con Gustav Krupp a la cabeza, decide apoyar al nacismo. Hitler, estrella emergente, tonante, populista, les ofrece: se acabaron las elecciones, se acabaron los sindicatos, los partidos de izquierda, la prensa libre, la justicia independiente, trato de favor para vosotros, los patriotas. Las grandes familias industriales, en bloque, compraron el producto.  

De pasada. Tal producto había sido adquirido, dos años antes, por otro tipo de gran industria: la Santa Sede. Los obispos alemanes se mostraban críticos con la ideología nazi. Hitler estaba preocupado. El fututo Pío XII, consensúa, le tranquiliza y logra que Pío XI firme un concordato con el régimen. Sus términos se pueden resumir en unas pocas palabras: “Si nos dejáis tranquilos nuestra boca permanecerá cerrada”. (Algunos, por fortuna, desobedecieron). Esta reflexión no figura en el libro.

Descripción magnífica la del encuentro del canciller austríaco Kurt Schuschnigg con Hitler en la Berchtesgaden (Nido del Águila). Aquél atemorizado, éste insultante. Los tanques entran en Austria, las tropas de las SS son recibidas en Viena con vítores y flores. Entretanto, a unos kilómetros de Berlín se ha habilitado un vasto campo de concentración: Dachau. Allí terminan, desaparecen y mueren miles de opositores. Limpieza social, dice ser. Asimismo, enfermos mentales y discapacitados son eliminados. Todo por la pureza de la raza, dice también ser. A los judíos, de momento, se les apalea y se les hace fregar las aceras vienesas por las que les está vedado transitar.

Entretanto, el primer ministro británico Chamberlain y el jefe de gobierno francés Daladier miran para otro lado. Miraron, hasta que llegó un momento en el que ya daba igual donde lo hiciesen. La guerra estalla en 1939. Resultado final: setenta millones de muertos. Alemania es dividida, sus ciudades   arrasadas, la mayoría de los jóvenes muertos en los frentes del este y del oeste. No obstante, las grandes empresas, las que financiaron tal locura nazi, sobreviven: Opel, Krupp, Siemens, IG Farben, Bayer, Telefunken, Agfa, Varta. Los apellidos asociados a las mismas también sobreviven. Ahora les toca hacerse demócratas. No obstante, hace tiempo que ya mandan y ya han empezado a comprar el mismo producto. Tienen donde elegir entre las actuales reencarnaciones del fascismo. También, entre las complacientes complicidades de los Chamberlain o Daladier de turno.  Con esta inquietante reflexión se llega a la última página.

No puedo menos de recordar algo leído en “El mundo de ayer” de Stefan Zweig.  Nos cuenta el autor que haya por 1937, viajando a Sudamérica, su barco recaló en Vigo. Desde la cubierta contempló a un grupo de falangistas pavoneándose por el muelle. Comenta algo así: “cuando veo a un grupo de tales gentes desfilando con sus uniformes impolutos sé, a ciencia cierta, que alguien poderoso les está financiando”.