Sábado, 17 de agosto de 2019

La invisible mirada de la pobreza

No me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena…

Martin Luther King

La pobreza no es natural, es creada por el hombre y puede superarse y erradicarse mediante acciones de los seres humanos. Y erradicar la pobreza, no es un acto de caridad, es un acto de justicia.

Nelson Mandela

En el día de ayer se celebró el Día Mundial de la Alimentación, donde la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), intenta reducir el hambre y la desnutrición en todo el mundo, este año con el lema “Nuestras acciones son el futuro. Un hambre cero para 2030 es posible.” La realidad es que aún falta mucho para erradicar el hambre y garantizar la seguridad alimentaria en todo el planeta.

En el día de hoy, 17 de octubre, se celebra el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, que se estableció con el objetivo de promover una mayor conciencia sobre las necesidades para erradicar la pobreza y la indigencia en todos los países, necesidad que se ha convertido en una de las prioridades del desarrollo.

En el mes de julio la FAO publicó su informe, denunciando que ha vuelto a aumentar el hambre en el mundo, después de una década de retroceso. Pasan hambre en el mundo 821 millones de personas, un 11% de la población mundial, además de múltiples formas de malnutrición que amenazan la salud de millones de personas.

El informe desvela, que son 38 millones de personas más que el año anterior, debido al mayor número de conflictos que se han visto agravados por las malas condiciones climáticas, sobre todo la sequía. Añadir, que la desaceleración económica dificulta el acceso de los más pobres a los alimentos.

Inmersos en la revolución tecnológica todo parece cambiar a nuestro alrededor, pero nada parece tan inmutable como el hambre. La inercia de la comunidad internacional, de los poderes económicos y el cinismo de los políticos, impiden que sea una realidad ya resuelta. No podemos olvidar, que a pesar de las variables climáticas que contribuyen a la hambruna, las causas profundas han sido provocadas por acciones de índole política y social totalmente globalizadas. Ahí está la sobreoferta mundial controlada por las grandes multinacionales de la alimentación o por las áreas económicas más ricas del mundo, así como las políticas draconianas del FMI, que destruyen los tejidos agrícolas y ganaderos de los países más pobres.

Todavía hoy, para vergüenza de todos, la desnutrición infantil crónica afecta a uno de cada cuatro niños menores de cinco años, suman 155 millones. Mientras que 52 millones sufren de desnutrición aguda, lo que significa que su peso es demasiado bajo para su estatura. Casi una tercera parte de las mujeres en edad fértil en todo el mundo sufren de anemia, lo que también pone en peligro la nutrición y la salud de muchos niños.

No todas las miradas ven, pero a veces de una sola mirada prende todo el sentido de la vida. La mirada atenta es mirar el mundo con los ojos abiertos, donde todos los hilos que tejen la realidad se clavan en la mente y en el corazón. El mundo en el que vivimos nos induce a una mirada fácil y poco profunda, se repiten siempre los mismos eslóganes, tal vez adornados por una retórica más refinada. Es necesario liberar la mirada para no perder la razón y la solidaridad, desplegar la lucidez y el vivir con humanidad ante la indiferencia existencial.

No queremos perdernos detrás de las cifras, pretendemos mirar el sufrimiento de tantas personas, son ellas las importantes. Mirar la realidad sufriente y denunciar las injusticias, no las conciencias indiferentes que miran para otro lado o los poderes económicos que solo se preocupan por acaparar más riqueza. Queremos, con la mirada hacer visible ese mundo de “residuos humanos” (Bauman), esa masa de “poblaciones superfluas”, que la globalización ha convertido en no deseados, en personas totalmente invisibles e injustamente tratadas

El orden económico mundial se alimenta de la pobreza y de la mano de obra barata. Las pocas familias que dominan el mundo, grupos económicos, multinacionales o como se quieran llamar, tienen mayor poder económico y dominio como nunca se había alcanzado. Pero no quieren asumir ningún tipo de responsabilidad económica, social, ecológica que vaya más allá de rentabilizar sus propios intereses, es más, en los grandes conflictos mundiales miran para otro lado con la complicidad de los grandes Estados.

Los procesos económicos liberalizan, desregulan, privatizan, avasallan la dignidad humana. Castigan a la sociedad y a sus trabajadores, no respetan el planeta, debilitan progresivamente la autoridad gubernamental con su economía de casino y ruleta, provocando mayor inquietud y certidumbre en nuestras sociedades del cansancio.

Es necesario aprender a mirar de nuevo y ver claro, basta con cambiar la dirección de la mirada (Saint-Exupéry) y centrarse en lo esencial, un mundo más justo y sostenible, poder desplegar los derechos para todos los hombres y que no sean solo los poderes económicos los que primen. Nuestra mirada, requiere abrir la ventana del alma que reclama que todo lo humano no me debe resultar ajeno.

Para que la justicia y la solidaridad sean la norma, debemos de hablar de una justicia global centrada en los problemas morales fundamentales y de peso, centrados en los seres humanos y compatibles con todas las culturas (Pogge). Un acuerdo internacional estándar moral común para todo el planeta y aplicable a cada Estado, a cada comunidad, a cada persona, donde se priorice la lucha por la justicia, la solidaridad y el respeto a los derechos humanos.