Miércoles, 23 de octubre de 2019

Seguir a Jesús

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Un joven rico, cumplidor de los mandamiento, se acercó a Jesús y le preguntó qué tenía que hacer para salvarse. Jesús le dijo: vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y luego sígueme.

Cada cristiano sigue a Jesús, cada uno a su manera. Cada seguidor de Jesús ha tenido una experiencia que puede ser válida para los otros. Así nos puede servir la  de Teresa, quien trató de vivir en Cristo.

            Quien desea seguir a Jesús, ha de optar por él. La opción por Cristo comporta un éxodo. El punto de arranque implica la opción por Cristo, una opción fundamental que se realiza en la entrega generosa por el camino que él recorrió y aceptándole a él como camino.

Y Teresa tiene una percepción sensorial de las manos y el rostro de Cristo de gran hermosura. Ella no  podía  entender por qué el Señor se mostraba así poco a poco y no del todo, hasta que después comprendió que el Señor le va llevando conforme a su flaqueza natural (V 28,1). Después ve la hermosura de sus ojos,  escucha  sus palabras, y, finalmente,  contempla a Cristo en su humanidad glorificada: “Esta visión, aunque es imaginaria, nunca la vi con los ojos corporales, ni ninguna, sino con los ojos del alma” (V28, 3-4).  Casi siempre se le representaba el Señor resucitado, y en la Hostia lo mismo, a no ser cuando estaba en tribulación, que entonces le mostraba las llagas; algunas veces en la cruz y en el Huerto; y con la corona de espinas… (V 29,4).

Teresa ve, oye y goza de la presencia de Cristo, de un Cristo vivo y resucitado y como los apóstoles lo anuncia. Ella se ha encontrado con Jesucristo, ahora glorificado: “no hombre muerto, sino Cristo vivo y da a entender que es hombre y Dios” (V 28, 8).

Teresa, en búsqueda de la verdad, en actitud humilde, siempre se había sometido al criterio de sus confesores, y nunca ponía por obra algo que entendiese en la oración si no se lo mandaba el confesor. Pero dejar la oración ya no está en sus manos, es Dios mismo quien la lleva a ella y entendía claramente que no era demonio (V 29, 6).

Desasimiento, libertad de espíritu, deseo de servir a Dios, y ansia de soledad y penitencia, son los frutos que Teresa destaca en el proceso de transformación que vive en este momento. La presencia o ausencia de estos frutos son los criterios que Teresa ofrece para discernir la autenticidad o no de los fenómenos extraordinarios que está viviendo.

            Mañana celebraremos la solemnidad de Santa Teresa. En los carmelitas de la Calle Zamora, 59, además de las misas, hemos organizado algunos actos:

Hoy domingo: Vigilia de oración a las 18:00h

Los días 15 y 16 dos conciertos, también a las 18:00h.

            Que el ejemplo de santa Teresa nos anime a seguir a Jesús.