Martes, 23 de octubre de 2018

Pepo Paz Saz, los cuentos del fotorreportero

Publicados por la editorial Demipage, la obra del editor y fotoperiodista madrileño ha sido presentada en la librería Letras Corsarias

Pepo Paz Saz en la librería salmantina Letras Corsarias / Foto: Alberto Martín.

Pepo Paz Saz sabe retratar y retratar la realidad, escritor desde niño, el fotorreportero madrileño, caminante de todos los caminos y autor de crónicas de viajes y de libros exquisitos para Anaya Touring como Los mejores destinos para observar los cielos en España o Madrid, acuarelas de viaje, recala en Salamanca para presentar su libro de relatos Las demás muertes, volumen que constituye el primer libro de ficción de quien es a su vez editor del prestigioso sello independiente Bartleby Editores.

En este periplo salmantino, le acompaña el biólogo y poeta Raúl de Tapia, quien ha sabido recrear con palabras y objetos el universo narrativo de un editor comprometido con la realidad que habla de su libro como un proyecto que se escribió hace muchos años. Periodista de fuste, fotógrafo y viajero, Pepo Paz conoció al biólogo salmantino a través del programa “El bosque habitado” y es para este “Un rastreador de huellas que hace libros de viajes y que recorre los caminos de la memoria”.

Son los dieciséis cuentos de Pepo Paz un ejercicio de memoria, la de un hombre que ha vivido el salto generacional del campo a la ciudad, de la ciudad que mantiene aún vivos los descampados de su pasado de pueblo. Memoria de un tiempo fronterizo que nos devuelve a la década de los 60 y 70, cuando los niños mantenían vivo el espíritu de la calle, de las bicicletas, de los tiempos en los que Canillejas, lugar de origen del autor, no había dejado de ser “todo campo”. Recuerdos reconvertidos en relatos donde la memoria y la ficción se aúnan en un discurso a ratos poético, a ratos crudelísimo, pero siempre certero y acerado. La mirada de un cazador, de un buscador de imágenes y de un escritor dotado del don de la sugerencia que nos deja con ganas de esa novela generacional que todos hemos vivido.

Memoria de una ciudad a ratos sórdida, siempre plena de sueños, de relatos y de retratos llevados con la mano maestra de un pintor que bascula entre el impresionismo, el expresionismo y la pincelada del fotógrafo que sabe retratar y recrear la vida cotidiana. Una vida anclada en los afectos familiares, en las historias personales, en los trabajos y los días que constituye ese tiempo compartido en el que viven los personajes de Pepo Paz. Personajes que nos muestran una sociedad injusta, porque el autor es un artista comprometido con su tiempo y con aquellas situaciones en las que no hay vencedores, sino solo luchadores.

Personajes, que como recuerda Raúl de Tapia, migran cruzando el mar como los cetáceos y los pájaros del Estrecho. Los mismos pájaros que observan desde lo alto, la arribada de las pateras, pequeñas embarcaciones que deben su nombre, relata ante el público de la librería, al hecho de que eran las utilizadas por los guardias antiguos del Parque de Doñana, que lo recorrían en ellas y que cazaban patos con sus largos mosquetones de postas. Esas barcas pateras reconvertidas en vehículo de toda esperanza, esa esperanza que, en los cuentos de Pepo Paz, asoma para no perder la confianza en la vida.

Una vida, la del reportero que viaja constantemente –sus anécdotas sobre coches que acaban en una playa fluvial o sus recorridos gastronómicos dan para otro libro- unida al compromiso con su editorial independiente y sobre todo, con el deseo de escribir la novela que anuncian ya esos relatos, todo sugerencia. Terminan con el eco que deben dejar los buenos relatos, y nos muestran a un narrador de fuste que utiliza magistralmente el lenguaje y crea un mundo propio que es el nuestro y que quisiéramos habitar más allá de la brevedad consustancial al género. Esos cuentos que le han sugerido objetos a Raúl de Tapia, excepcional conocedor de la prosa de Pepo Paz que ha leído el libro del viajero en medio de viajes. Porque este es un viaje, el de un hombre capaz de indagar en su memoria, en su rica trayectoria vital, en su capacidad de leer las claves de una generación en tránsito entre el campo y la ciudad, una generación que le debe mucho a Delibes, como apunta Raúl de Tapia y que habita un tiempo que, como el árbol que protagoniza el último relato, ha de dejar raíces a los hijos que nos perpetúan. Viaje por la memoria y por la savia de la vida con rumor de hojas y estrépito de coches. Viaje de un fotorreportero curtido en la prisa de la crónica periodística, la actualidad y la morosidad del escritor que se detiene a regalarnos esta joya inesperada. Porque el género del cuento lo es, y además, en Pepo Paz, una pieza bien templada.

Texto: Charo Alonso

Fotografía: Alberto Martín.