Domingo, 16 de diciembre de 2018

Cartas de los lectores

Carta abierta a la Diputación de Salamanca

Excma. Diputación:

Soy un afectado por la remodelación de la carretera DSA-290, tramo de Peñacaballera a El Cerro, una extraordinaria chapuza hecha a lo largo de 4,5 Km, que duró casi dos años y que provocó un hecho único en la historia de nuestra tierra: El levantamiento y la indignación de los pueblos implicados, cuyo símbolo se expresó el día 28 de marzo de este año, en una manifestación de protesta frente a su puerta, en la que se evidenció el hartazgo de la ciudadanía por todo lo sucedido, por el trato inadecuado que esa entidad les dispensó y por la incompetencia de algunos de sus responsables. Nadie dimitió. En cualquier país europeo seguro que habrían rodado cabezas. Pero aquí nadie dimite. Ya sabemos que son muchos los privilegios y las prebendas existentes en los puestos de responsabilidad como para irse por estas menudencias.

Pero bien, como recordará, porque se lo he contado en numerosas ocasiones, mi padre me dejó en herencia una parcela que, durante varios años, he cuidado con cariño sobre todo por el enorme esfuerzo que a él le costo conseguirla. Tiene, por tanto, un valor sentimental muy grande. Lo más valioso: unos 60 castaños muchos injertados por mi, la mayoría entre 6 y 8 años.

Las obras provocaron varios daños: la desaparición de un centenario cauce de riego, que pasaba por la misma y que iba a otras muchas parcelas colindantes que lo usaban antaño para regar; graves destrozos en el terreno por la caída de miles de piedras, -algunas de ellas de varias toneladas, fruto de las numerosas explosiones realizadas sin, al parecer y a la luz de los resultados, el adecuado control-, que cayeron en toda la parcela dañando, a su vez, un número importante de castaños, robles y algunos frutales. Además, el drenaje de las cantidades ingentes de agua de lluvia que recoge un gran tramo de la cuneta de la carretera, se han canalizado directamente a mi parcela, -a través de dos tubos, uno de ellos de gran envergadura, que antes no existía- sin ningún tipo de consideración.

Me he dirigido a esa institución en 8 OCASIONES solicitando soluciones y su respuesta ha sido básicamente: “Diríjase a la empresa constructora que es la responsable”, a pesar de que por escrito, esa Diputación se comprometió a dejar la parcela como estaba antes de las obras y que el Informe de Impacto Ambiental del proyecto aprobado oficialmente por esa institución subrayaba que se dejaría “ el terreno en las mismas condiciones que antes de iniciar las obras”. Me he dirigido a la empresa responsable (RECORSA SA de Zamora), en 3 OCASIONES y ni siquiera tienen la más mínima consideración de contestar. Me he dirigido al Procurador en Común de la Junta de Castilla y León y tampoco contesta. ¿Dónde queda entonces su responsabilidad subsidiaria?

Ante este cúmulo de despropósitos, quiero volver a reiterarle que lo único que he anhelado desde el comienzo, es que se deje mi parcela como estaba antes de las obras. NI MAS NI MENOS. Es decir: totalmente limpia de piedras, reponiendo los arboles rotos, manteniendo el cauce de riego centenario y, finalmente, que se anule o se de una solución, al drenaje de los dos tubos que recogen todo el agua de lluvia y la expulsan sin ningún tipo de control y que antes de las obras no existía. Soy consciente de que todo esto que le cuento es, para esa institución, una menudencia, pero para mí tiene un alto valor emocional. Y porque, además, esta tropelía me parece completamente injusta.

Con mucha paciencia he esperado 6 meses a ver si obtenía algún tipo de respuesta a mis justas demandas. Pero la respuesta ha sido la esperada: absolutamente ninguna.

Ahora tengo dos opciones: iniciar un proceso judicial contra esta flagrante injusticia o abandonar. Difícil dilema aunque no me cabe ninguna duda de que el poder siempre tiene los resortes necesarios para salirse con la suya. Los amigos y las personas que me quieren me dicen que Goliat siempre vence a David. Que lo deje. Que no merece la pena. Que las parcelas no tienen ningún valor económico. Que acabaran llenas de zarzas. Que el pueblo desaparecerá…. Y tienen razón. No nos engañemos. Así son las cosas. Por tanto Excma. Diputación le comunico que no volveré a reclamar, ni molestar sus placidos descansos con mis quejas. He decidido abandonar. Aguantaré mi frustración. Mi padre, desde el cielo, me diría que soy un cobarde, pero tengo todas las de perder contra esa poderosa entidad. Estoy convencido de que la justicia, como dijo un alto cargo del poder judicial, está hecha para los robagallinas.

También le comunico que, aunque supongo que no le importará lo más mínimo, he decidido también abandonar los castaños y la parcela. ¡Que los ladrones de castañas y los jabalíes se las coman!. Además de la denuncia pública, solo me queda un consuelo: que los nuevos aires políticos que llegan a España, lo hagan también a la Diputación de Salamanca y manden a su casa a la incompetencia, prepotencia, desprecio por las necesidades de los/as ciudadanos/as, y al mal hacer de algunos de sus responsables a los que con, nuestros impuestos, les pagamos sus magníficos sueldos. Si alguien le pregunta porqué los pueblos de Salamanca se están muriendo, cuénteles esta historia. Aunque eso, estoy seguro, tampoco usted lo valora. Ni siquiera lo más mínimo.

Atentamente

José Luis García