Martes, 23 de octubre de 2018

El Obrero Consciente.130 años del Sindicato Unión General de Trabajadores(I)

El nacimiento del sindicalismo español obedeció esencialmente al crecimiento industrial del país en el último tercio del siglo XIX

En este año se cumplen 130 años del nacimiento en Barcelona de la Unión General de Trabajadores de la mano del Partido Socialista Obrero Español. 

El nacimiento del sindicalismo español obedeció esencialmente al crecimiento industrial del país en el último tercio del siglo XIX sobre todo en Barcelona donde dominaba la industria textil, el País Vasco que desarrollaba una potente industria siderúrgica y en Asturias donde las minas de carbón suministraban energía a los Altos Hornos bilbaínos. 
España se incorporaba así al proceso industrializador que se inició con la revolución industrial inglesa del siglo XVIII con una serie de consecuencias sociales importantes que van a transformar paulatinamente la vieja sociedad agraria, fuertemente caciquil, en una sociedad industrial y urbana. 

Entre las consecuencias más destacadas estarán las migraciones del campo hacia las zonas industriales con la esperanza de los campesinos de conseguir un futuro mejor para sus familias. En las ciudades se acumulan los recién llegados en cinturones industriales donde sobreviven en condiciones muy difíciles tanto de vida como de trabajo porque el empleo temporal era entonces la norma y por supuesto no existían ningún tipo de subsidios o ayudas en casos de accidente, enfermedad o muerte.
La terrible vida de estos obreros hacinados en infraviviendas, con salarios muy escasos y una explotación laboral sangrante transcurría de su casa al trabajo y del trabajo a casa con un intermedio en la taberna, donde los obreros ahogaban sus miserias en alcohol. 

Las enfermedades hacían mella en unos obreros infra-alimentados con escasa higiene, al mismo tiempo que aparecían enfermedades profesionales que nadie trataba porque la sanidad era cara y los empresarios disponían de abundante mano de obra muy barata.

En estos años de fines del siglo XIX nace una gran burguesía en Cataluña, una burguesía muy rica que vivía de la industria textil en régimen de monopolio ya que el Estado practicaba una política proteccionista que impedía que productos textiles más baratos de otros países entraran en España. 

El mercado nacional servía a los exclusivos intereses de las burguesías florecientes de Cataluña, el País Vasco y Asturias. 
Los obreros estaban completamente indefensos ante los empresarios dado que estaban terminantemente prohibidas las Asociaciones Obreras, por lo que las condiciones de trabajo las fijaba unilateralmente el empresario. 

La política liberal, individualista, consideraba todo tipo de asociacionismo sindical o político como muy peligroso en tanto que atacaba al individualismo que debía reinar en la sociedad. La función del Estado era solamente de árbitro en asuntos relacionados con el orden público. Este Estado mínimo se desentendía de cuestiones económicas regidas por el más abusivo capitalismo y de cuestiones sociales a las que solo sabía recurrir mediante la caridad practicada por la Iglesia católica.

La aparición de la Asociación Internacional de Trabajadores en Londres en 1864 que reunía a obreros ingleses, franceses, alemanes, italianos y españoles significó un gran cambio para el mundo obrero europeo que deseaba defenderse de ese sistema capitalista tan salvaje mediante la solidaridad obrera y el internacionalismo. 

En sus Estatutos elaborados por Carlos Marx se subrayaba que para conseguir la emancipación obrera era necesario la solidaridad entre los obreros y el internacionalismo porque el problema de la clase obrera, su explotación por el sistema capitalista era igual en todos los países sin distinción. 

El fin de la supremacía de la burguesía capitalista sobre la clase obrera y el establecimiento de derechos y deberes iguales para todos se presentaba como el ideal de la AIT constituida en un órgano de coordinación del movimiento obrero europeo.
Unos años después, el movimiento obrero se dividió irremisiblemente entre anarquistas partidarios de Bakunin que rechazaban todo tipo de política obrera para cambiar la sociedad capitalista y los seguidores de Marx que apostaban por crear partidos obreros que junto a los sindicatos lucharan por la emancipación de la clase trabajadora. 

En España la mayoría de los obreros apoyaron las posiciones anarquistas y la Federación Regional española de la AIT se decantó por rechazar la participación política de la clase obrera, solamente un pequeño núcleo en Madrid, en torno a la Asociación del Arte de Imprimir liderada por Pablo Iglesias defendió la creación de un partido de la clase obrera para conseguir la revolución social y acabar con el sistema capitalista. 

En 1879 nace en Madrid el primer núcleo del PSOE con la finalidad de conseguir la conquista del poder político por la clase obrera para conseguir la abolición de las clases y la transformación de la propiedad privada en propiedad socializada. Todo ello mediante la lucha por conseguir reformas económicas y sociales y derechos fundamentales por parte del Estado. 
Se esbozaba así un doble campo de lucha, político y económico y un doble instrumento, partido y sindicato.