Sábado, 17 de agosto de 2019

La vejez luchadora

Los caóticos tiempos que nos han tocado vivir dan a veces frutos insospechados en nuestro país. Se diría que algo ocurre en el carácter del español que necesita mucho tiempo soportando pasivamente frustraciones, humillaciones, injusticias, y un buen día se levanta con todo el coraje, sale a la calle y comienza a luchar por lo que es suyo.

Ocurrió hace unos años con una gran parte de la joven generación. Paro aumentando vertiginosamente, estudios universitarios encarecidos a través de masters obligatorios e inútiles, subempleos con salarios ridículos…y de repente millones de jóvenes y algunos no tan jóvenes, INDIGNADOS,  se echan a la calle y comienzan una lucha que ha dado valiosos, aunque insuficientes frutos.

Va a hacer ya casi un año que este despertar de una pasividad desesperanzada les tocó a los mayores, a los viejos, a los padres y abuelos. Salieron a la calle una mañana, en Bilbao, en Madrid, en Barcelona, en Sevilla, en numerosas capitales españolas, y aún no han vuelto a sus casas, a pesar de que el objetivo a conquistar está a punto de ser firmado. Pero no se fían; quieren ver las decisiones firmadas, en forma de leyes. Han pasado demasiados años engañados y humillados, sobre todo con el tema de las pensiones, para que se fíen de la clase política, de esa especializada en bonitas palabras y dulces promesas, acompañadas de olvidos, engaños y hasta insultos.

Sí, porque, sobre todo del anterior gobierno, han escuchado una retahíla de sandeces, cuando no frases con mala fe, relacionadas con las pensiones, que provocaron este estallido de rebelión que sigue aún caliente. Los viejos de este país- que han mantenido durante los largos años de la crisis interminable a familias enteras, que han sido arrojados de sus puestos de trabajo en nombre de “reformas” neoliberales, de grandes y medianas empresas, que han sufrido unos servicios sanitarios de mucha peor calidad de la que recibían, que han visto a sus hijos sin un primer empleo o parados, o entretenidos como becarios estafados- han tenido que escuchar frases como “ reciben más dinero de lo que han aportado”, o “como  viven tantos años, no hay dinero suficiente para las pensiones, o aquel de una ministra, “si ahorraran dos euros al día, verían cómo se hacían con un capital…”. Han sido frases que sugerían claramente el deseo de una parte de los dirigentes de que hubiera más muertes rápidas para que no hubiera tantos pensionistas, o el deseo de manipular descaradamente los pequeños ahorros que algunos consiguen, para meterlos en fondos privados de nulo beneficio,  o que vendieran sus casas en propiedad para que grupos inmobiliarios se hicieran con ellas a bajos precios.

Los ambiciosos que aún no han llegado a la edad de los pensionistas, ignoran que los viejos tienen esa sabiduría, prudencia, claridad de juicio y dignidad, que se la da la experiencia acumulada y la percepción de final de viaje de su vida. Los jóvenes “triunfadores” ignoran que las mejores estrategias de la vida las tomas cuando eres capaz de ver todo el “campo de batalla”, y todas las engañosas estrategias del enemigo, ingenuas e inconsistentes, pues están diseñadas exclusivamente desde la ambición de poseer todo.

Los jubilados/as y pensionistas españoles están dando una lección histórica de valentía, lucidez y altruismo: pues saben que su lucha no es solo para ellos, sino para sus hijos y para los hijos de sus hijos.