Viernes, 19 de octubre de 2018

Balones y neurólogos

El gesto de cabecear puede alterar la función cognitiva de los futbolistas, al menos temporalmente 
Los balones han evolucionado con la historia del fútbol

            Cuando empezaba a jugar en equipos federados los balones eran como grandes albondigones, de cuero sí y no de badana, ya sin costurones que maltrataban nuestras cabezas por la introducción de válvulas que favorecían la redondez de la pelota, impregnados de grasa de caballo y con un peso superior al reglamentario de 396/453 gramos porque no repelían el agua y que lograba empaparlos hasta superar un kilo, por lo menos. De aquella época, recuerdo, nuestros gemelos eran prominentes y presumíamos de pantorrillas hiper desarrolladas. No digamos cuando nos atrevíamos a golpear aquellos balones con nuestras cabezas de niños en desarrollo.

            De aquellas épocas también recordamos el balón más duro de la época que se utilizaba sobre todo en los campos norteños, en campos de Tercera división se llegaban a poner en juego en tierras de León, Burgos, etc., en el territorio de Castilla y León. Estamos hablando del Mikasa, muy duro y más pequeño de lo habitual que, además, añadía dificultades a la utilización de campos de tierra, afortunadamente ya evolucionados.

Un balón muy asociado al fútbol amateur, tenía la virtud económica de durabilidad. Es un secreto empresarial la composición de sus fibras para conseguir aquella textura rígida y característica, se asegura que “el balón tiene en su interior varias capas de devanando de nailon enrolladas en diferentes direcciones”.  Sin necesidad de hacer propaganda, los que jugábamos por los años 70 conocíamos el eslogan de tal pelota, conocida como “el balón irrompible”… Y adaptándose en la actualidad precisamente como consecuencia del cambio de superficie de los campos de juego.

            Mientras tanto, “los neurólogos alertan del verdadero peligro para un futbolista a la hora de cabecear el balón”. Tendría efectos acumulativos y degenerar en patologías crónicas. Investigadores del “Albert Einstein College of Medicine (Nueva York, Estados Unidos), publicado en “Frontiers in Neyrology”, incide en el gran peligro de los remates de cabeza. Y se recuerdan traumatismos como el del ex jugador del Atlético, Mario Suárez, en un partido contra el Wolfsburg en 2014; o el choque con Ezequiel Garay y el alemán Christph Kramer en la final del Mundial de Brasil.  

El gesto de cabecear puede alterar la función cognitiva de los futbolistas, al menos temporalmente lo cual pudo comprobarse durante dos semanas a 308 jugadores de fútbol amateur en la ciudad de Nueva York. Es evidente que los riesgos están ahí, otros sucesos negativos pueden aparecer en cualquier juego deportivo, pero en vez de “prohibir” se deberá avanzar en mejorar los elementos de seguridad de una manera razonable.