Jueves, 1 de octubre de 2020

Catalina García García-Herreros, la palabra hecha voz y cuerpo

La actriz, escritora y columnista de SALAMANCArtv AL DÍA convirtió una lectura dramatizada en una experiencia deslumbrante

Charo Alonso atiende con satisfacción a la representación de Catalina García. Fotos: Alberto Martín

Las paredes de la librería salmantina Letras Corsarias empiezan a tener ecos. Cuatro años después de su apertura, una fiesta de letras y oporto para brindar por la valentía de su tripulación, las voces y los ecos juegan a esconderse entre las pilas de libros que saben dejarles sitio. Rafael Arias, el capitán corsario ha sabido convertir este espacio en una caja de resonancia para la experiencia de la palabra: presentación, lectura, teatro, títeres, cuentacuentos, taller de cómic, tertulia filosófica, sociológica… actividades que nos devuelven no solo el gusto por el encuentro, sino por esa cultura que nos ayuda a vivir y a entender el mundo a través de las páginas del conocimiento. Ecos de ciudad letrada siempre con los brazos abiertos y la cubierta del bajel corsario dispuesta a la aventura.

Porque es una aventura dejar que una actriz dramatice un texto. Un texto que no tenía vocación de teatro, pero sí de diálogo con el lector, y es en ese diálogo donde nos ha deslumbrado Catalina García García Herreros. Porque Catalina tiene luz, porque el suyo es un talento que todo lo abarca: la escritura teatral, la docencia, la poesía que borda con los hilos de la columna periodística que nos regala, todos los viernes en Salamanca al día, una hermosa visión lúcida y llena de sensibilidad de la realidad cotidiana. Una luz que brilla más aún en el escenario, y que afina su voz y su carne, como violinista que es y sabe de manejar su instrumento, al servicio de un texto que es un cuerpo. Una realidad que el público siente, sobrecogido, escuchando a Catalina quien afirmaba sobre su trabajo como actriz: Una de las cosas que hago en el teatro es insistir en que cada palabra que se dice se encarne, que tenga color, olor, sabor, tonos…

Directora de teatro, escritora teatral, Catalina defiende una experiencia dramatúrgica cerca al texto sagrado, al sentimiento y no a la memorización: El teatro mortal es acartonado, se basa en la memorización, en el gesto fijo, en repetir. Es de cartón piedra, y en él no sentimos nada. Esto es lo opuesto a lo que debemos aspirar, al teatro de la experiencia, del acto… que hacer teatro te cambie, que te impacte como público. Ese es el teatro sagrado relacionado con los ritos iniciáticos. Después de ver este teatro no vuelves a ser la misma persona. Una experiencia que deslumbra al público, incluso, en el formato “menor” de una lectura dramatizada, y todo porque para Catalina no hay encargo pequeño ni espacio que no pueda ser teatral. Porque Catalina hace este complejo ejercicio de actuación con la misma fuerza y la misma convicción que si estuviera sobre un escenario.

Escuchamos a Catalina sobrecogidos por su capacidad de conmovernos, de convertir el texto en cuerpo, de apoyarse en pequeños elementos de atrezzo que, sin embargo, ella convierte en piezas simbólicas que desgranan la historia mientras su voz, su increíble voz, recorre las palabras, las vive, las representa, juega con ellas, modula su sonido, aguanta sus pausas, actúa, en suma, con la mayor de las entregas y la más convencida de las convicciones. Segura de que el ejercicio de la actuación es una experiencia que debe ser memorable para el espectador… Teatro de vivir, no de memorizar. Poner la vida en escena para hacer que los demás sientan algo, hacer sentir algo de nosotros mismos. Por eso es un teatro de experimentación y de libertad.

Carmen Borrego y yo entrevistamos a Catalina una tarde hermosa en la que hablamos de teatro, de mapas, de pasiones y de versos. Hoy, en otra hermosa tarde en el espacio de una librería, la escuchamos interpretar, sin escenario, sin apenas maquillaje, sin más recurso que su infinito talento, textos que hace suyos viviéndolos, regalándoles su voz y su entrega absoluta. Y la teoría se encarna, las ideas sobre la actuación toman cuerpo y se convierten en la experiencia portentosa de una actriz dueña de sus dones. En ella resuenan los ecos de la experiencia vicaria que el intérprete atesora para vivir y mostrar a un público maravillado. En ella volvemos a vivir la catarsis que debe provocar el teatro. A través de su voz habla la vida, esa vida que por unos minutos, vive el actor aunque no sea la suya. Porque hay algo que late y crece en su actuación con cada gesto, con cada palabra… y cuando esa vida enmudece solo queda aplaudir y maravillarse del arte del actor… aquel que nos engaña haciéndonos creer la ilusión de lo que no es.

Un eco que se queda ahí, en las paredes cubiertas de libros, en nuestra cabeza… y sobre todo, en lo más hondo, ahí donde más duele. Un instante detenido sobre el escenario de la página. El actor es un demiurgo primigenio, y su arte, tan sutil, tan breve en el tiempo, se clava y se fija con la solidez de una lanzada. Un regalo que merece el mayor de los aplausos para esta mujer entregada: Catalina García García Herrero.

Charo Alonso

Fotos: Alberto Martín y Fernando Sánchez.