Jueves, 20 de septiembre de 2018
Alba de Tormes al día

Así en la escuela como en la iglesia

Los vecinos de Armenteros disfrutaron de 'Teresa, la jardinera de la luz' en la festividad de la Natividad de Nuestra Señora
'Teresa, la jardinera de la luz' en Armenteros

Si hay algo indiscutible de la puesta en escena de “Teresa, la jardinera de la luz”, es la absoluta cercanía con la que se nos presenta a una mujer que durante siglos ha sido venerada en altares y claustros. Después de las terribles críticas que en su época, el siglo XVI, sufriera de parte de todos aquellos que eran incapaces de admitir sus sobresalientes cualidades, que supo irradiar desde su condición de monja, tras su muerte y con una suerte de inevitable admiración, se la ha encumbrado a la cima que se ganó por derecho propio. Lo curioso es que ella nunca hubiera pretendido tal distinción en la tierra. El grupo teatral ‘Lazarillo de Tormes’ ha conseguido con su montaje, dar las directrices para que se pueda ver cómo una mujer de aquella época llega a nosotros, vistiendo un hábito, con total actualidad.

El valor relevante de esta obra de teatro ha movido a la Diputación salmantina el favorecer que llegue a cualquier localidad de nuestra provincia, pues lo que hasta ahora está demostrando es que no deja indiferentes a propios y ajenos, como tampoco lo hizo una Teresa que ha recibido el reconocimiento civil y religioso que altas instituciones, Vaticano y Universidad, le han otorgado. Lo interesante de “Teresa, la jardinera de la luz”es ver cómo todo espectador ríe con la espontaneidad de unas hermanas carmelitas que hacen olvidar el convento que habitan para convertirlo en un contexto natural y sincero. Y de esto disfrutaron en la tarde de la tan celebrada festividad de la Natividad de Nuestra Señora, los vecinos de Armenteros.

Una de las escenas que más llega a los espectadores es la improvisada escuela que las hermanas de Teresa recrean ante el padre inquisidor para con total ingenuidad y frescura narrarle la vida de su maestra de la que tanto se enorgullecen y a la que tanto deben. Para un pueblo como Armenteros que ha sabido de la importancia en la vida de sus habitantes, lo que significa la educación gracias al Centro de internos de la Inmaculada que su municipio alberga, supuso algo especial esta tan simpática situación. Y envueltos en el ambiente de “Teresa, la jardinera de la luz” estos vecinos que saben de humildad e independencia, entienden a la perfección de la simbiosis entre vida, cultura y religiosidad compactadas en el espacio existencial y docente que siempre han sido las iglesias.

Armenteros ofreció la suya, la parroquia de san Esteban Protomártir, y en su altar sus vecinos volvieron al convento de Alba de Tormes, con estas hermanas carmelitas, de las que olvidamos su condición de actrices, para aprender junto a ellas lo valioso de la obra de aquella que tanto les enseñara y que ahora llega a todos de forma tan evidente con este montaje teatral. El pueblo, público de excepción en el interior de su templo del XVI, donde una magistral escultura de Teresa presidía la escena, vibró bajo su exquisito y elegante artesonado. Resuenan las palabras de la carmelita envueltas en la música renacentista de Salinas. Palabras que han llegado a tantos espectadores, en forma de dialéctica desbordada, de contenida emoción lírica gracias a los poemas de Teresa, y de interesantes episodios históricos a través de las fundaciones que se narran en la obra. La Inquisición, la realeza, el alto poder religioso y social dentro de un mundo de hombres, se convierten en una caricatura grotesca ante la fuerza de aquella mujer que aleccionó a tantos, como lo hace el Colegio de La Inmaculada de Armenteros, que con sus chicos dobla la población de esta localidad. Formación en mente y espíritu que a pesar de los tropiezos que propicia la condición humana, ha aunado distintos estamentos para recorrer el camino a la libertad e igualdad que da la educación. ‘ Lazarillo de Tormes’ parece haberlo tenido claro desde que empezó con su proyecto.

Cuando en medio de la tormenta con que se cerró tan iluminadora tarde, los componentes del grupo subían a su autobús camino de Salamanca, las azuladas luces del campanario de la iglesia, parecían serena señal de lo dejado dentro de ella. Años de historia y cultura bien protegida por unos vecinos orgullosos de un patrimonio de siglos que recibieron de sus mayores y que ayudados por hombres civiles y religiosos han logrado mantener incólume, bello. Joyas medievales como las de su baptisterio, que guarda una rotunda pila bautismal y un magnífico Cristo románico, miran de frente un retablo barroco que enmarcó a una obra de Teatro, que parecía formar parte viviente del templo. Perfecta simbiosis entre su púlpito de la época de “la jardinera” y el padre dominico que desde lo alto, no pudo apagar la luz de toda esa sabiduría que encerraron los muros de su iglesia durante una hora llena de eternidad, de la universalidad de lo bien hecho. 
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