Lunes, 19 de noviembre de 2018

…Y en realidad eran misas charras

Llama la atención la proliferación que ha habido en los últimos años (aunque quizá este especialmente), en varias localidades de la provincia, de lo que han dado en llamar en los programas oficiales de las fiestas “misa castellana”, a pesar de que, en realidad, la actividad a la que aludirían no eran misas castellanas sino misas charras.

Y es que, las misas que se organizaron en pueblos de nuestra zona, como Encinasola, Vilvestre o El Milano (y otros tantos de la provincia), carecían de lo esencial para poder calificarlas como misa “castellana”, pues ni los instrumentos con que se acompañaban eran propios de Castilla, ni tampoco los trajes tradicionales que se portaban, dado que en todos estos casos eran propios de Salamanca, no de Castilla (cabe recordar que la autonomía de Castilla y León se compone de dos regiones y Salamanca cae en la parte leonesa, es decir, en el “y León”).

Respecto a qué es una ‘misa castellana’ en realidad, cabe indicar que es un tipo de misa que surgió en la provincia de Segovia hace unas décadas, en la cual se acompañaba al acto religioso con canciones segovianas, a la par que se portaban trajes típicos de dicha provincia de Castilla la Vieja.

Fruto de ello, la propia Diputación de Segovia y la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Segovia impulsaron en 1997 la grabación de un disco titulado “Misa Castellana”, en el cual el grupo Ronda Segoviana recogía el repertorio de la misa castellana tradicional, y en el que, dicho sea de paso y aunque pueda parecer una obviedad, no había ninguna canción salmantina.

En este sentido, las misas castellanas nacidas en Segovia se sustentarían en un concepto similar al de las misas rocieras que existen en Andalucía, en las que a la misa propiamente dicha le acompaña un coro rociero ataviado con trajes andaluces y que a su vez canta diversas canciones típicas de Andalucía.

Sin embargo, en el caso que nos ocupa, las misas con música tradicional que se realizan en la provincia de Salamanca en la actualidad, no pueden calificarse ni como misas castellanas ni como misas rocieras, básicamente porque la música que se toca y canta es charra, y el instrumento que acompaña las mismas es la flauta de tres agujeros o gaita charra, un instrumento que dentro de la comunidad de Castilla y León sólo se toca en las tres provincias leonesas (es decir, en Salamanca, Zamora y León).

En definitiva, que si los trajes que se portaban en las mencionadas misas de Encinasola, Vilvestre o El Milano eran charros, y la música que se tocó era también charra, este tipo de misas sólo tendría sentido que se denominase “misa charra”, siendo inapropiado el uso de otro gentilicio para denominarlas.

Personalmente, no sé quién se habrá sacado la chistera la idea de nombrar como “misa castellana” a la realizada con música y trajes no castellanos (en este caso charros), pero desde luego, se ha cubierto de gloria, y se podría decir que supone incluso una falta de respeto para la propia identidad histórica y cultural de la región vecina, que se vería desfigurada de esta manera. Y es que, tiene el mismo sentido que si se denominase como “misa asturiana” a la que estuviese acompañada de instrumentos, trajes y canciones exclusivamente gallegos.

Aunque, quizá todo se reduzca a que las regiones históricas de España son algo secundario por estos lares, y en realidad a buena parte de nuestros paisanos les da igual ser charros/leoneses, que castellanos, aragoneses o extremeños.

Por otro lado, he de señalar que me gusta el concepto de misa charra, me parece una forma muy interesante y positiva de dar visibilidad y poner en valor nuestro folclore, a la par que se le da más ‘ritmo’ a los actos religiosos propios de nuestras fiestas, que de otra manera resultan un tanto monótonos.

Por todo ello, me gustaría que se siguiesen organizando este tipo de misas que caminan de la mano del folclore que nos es propio, pero a su vez que llamemos a las cosas por su nombre, y no tengamos miedo en llamar “charro” a lo propio de nuestra Salamanca.