Sábado, 24 de agosto de 2019

De periodistas a payasos

Ser payaso es una de las profesiones más dignas, difíciles y necesarias. Sin payasos no podríamos vivir. Son terapia pura. Si no hubiera payasos habría que inventarlos. Y no es fácil ser un buen profesional del payasismo –o como quiera que se diga-. Mantener la atención del público lejos de sus preocupaciones diarias para sacarles una sonrisa a costa de sus astracanadas, sus golpes, su ponerse por debajo de la capacidad intelectual del que contempla el espectáculo es un arte nada sencillo y para el que hay que valer.

Ser periodista es una profesión necesaria para salvaguardar a las sociedades del abuso de los poderosos. Cada vez es más fácil porque basta con tener un teléfono móvil y un perfil en alguna red social para escribir, fotografiar y grabar con el fin de compartir con todos y que se tome como “periodismo ciudadano” lo que en realidad es “espectáculo chabacano”. Ya ven, lo de contrastar la información, contextualizar y elaborar con un criterio adecuado pensando en el público al que te diriges cada vez vale menos. O nada. Consecuencia de lo anterior es que al periodista se le pague peor –cuando se le paga- convirtiendo un rol social imprescindible para la salud democrática de un territorio en una de las profesiones más indignas. Con lo que los poderosos campan a sus anchas. Y, claro, ya nadie quiere contar la verdad y descubrir los “watergates” de su pueblo. Ser periodista ya no se lleva, sale mucho más rentable ser payaso. Y los mandamases se frotan las manos pensando en su perpetuidad apuntalada en la ignorancia del pueblo alimentada con risas prefabricadas. De periodistas haciendo de payasos.

Porque los periodistas que pueden, saben y encuentran la oportunidad, pasan a trabajar como payasos en los medios de comunicación. Los hay en prensa, en webs, en radio y, sobre todo, en televisión, donde el espectáculo le va como un guante al medio. Es legítimo. Cambias de profesión a pesar de que a mí me parece muy complicado trabajar como payaso sin verdadera vocación y una preparación adecuada. Yo no valdría. Y te mantienes en la misma empresa. Esto ya es más cuestionable.

El problema radica en que el público, la audiencia, la sociedad entera, no ha sido avisada de que el licenciado en Ciencias de la Información, -especialidad Periodismo- que hasta entonces trabajaba como reportero y  cuya principal tarea era contar lo que estaba pasando, ahora lo hace como payaso. Y en el rótulo insisten en poner la profesión para la que se preparó y que ha estado ejerciendo en ese mismo lugar. “Periodista” se puede leer sobreimpresionado en sus gargantas, en su pecho, donde debería poner: “payaso”, “tertuliano” o “la voz de mi amo”.