El palio que impresionó a Saramago podrá ser contemplado por el público

‘El Palio’ es el mayor tesoro del pequeño pueblo portugués de Cidadelhe, cuyas gentes se ganaron el corazón de José Saramago por su integridad y sencillez, manteniendo custodiada en secreto esta valiosa pieza de más de 300 años, que ahora podrá ser admirada por todos

El Palio de Cidadelhe, de incalculable valor

A partir de hoy, quedará expuesto al público un palio de 1707 que se ha mantenido oculto por voluntad de los vecinos de Cidadelhe, un pueblo situado en la Beira Alta portuguesa, veinte kilómetros al norte de Pinhel. El espacio que lo acogerá va a ser inaugurado esta tarde por el alcalde de Pinhel, Rui Ventura, después de una eucaristía que precederá a la entrega del Palio a la Casa-Fuerte.

El celo con el que los escasos habitantes de este pueblo han preservado aquel que consideran su mayor tesoro, se ha debido al intento de preservarlo en las mejores condiciones de conservación y de seguridad, conscientes de su gran valor.

Cómo una localidad pequeña y humilde llegó a contar con una pieza tan valiosa, es algo que nadie, de momento, ha sabido explicar.

El espacio que acogerá al palio será una casa-fuerte, un lugar seguro donde guardar esta valiosa pieza religiosa de terciopelo carmesí típico de Venecia, bordado en oro, plata y seda, datado en 1707. Tiene 315 centímetros de ancho por 265 de alto y, hasta ahora, era custodiado en las propias casas de los moradores de Cidadelhe y su localización exacta solo era conocida por dos o tres personas en el pueblo. Su valor económico es incalculable, pero es aún mayor el valor simbólico que tiene para los cidadelhenses.

De forma totalmente organizada, se ha velado por su conservación y cuidado, así como por mantenerlo libre de la codicia de cualquiera que pudiese sustraer tan valiosa pieza. Sólo se exponía una vez al año, cuando se sacaba en la procesión del Corpus Christi, protegiendo al Santísimo, transportado por ocho personas sujetando sus ocho palos.

Sin embargo, el palio no había vuelto a ver la luz desde el año 2007, cuando se reconoció la necesidad de dar una solución definitiva al asunto de su custodia y conservación. El ejecutivo de Pinhel, concejo al que pertenece, tomó entonces la decisión de rehabilitar un espacio de la aldea para tal fin.

A partir de hoy, este palio va a poder ser contemplado por quienes visiten la Casa-Fuerte de Cidadelhe, un espacio museístico creado no sólo con el objetivo de garantizarle las mejores condiciones de conservación, sino también de seguridad, dado su incalculable valor económico, haciéndolo compatible con la exposición al público.

Cidadelhe es una pequeña aldea de menos de 50 habitantes, ubicada en una cima rocosa de la meseta beirã, entre el río Côa y el arroyo Massueime. Está integrada en el Parque Arqueológico Vale do Côa, Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, y constituye la puerta de entrada sur a dicho territorio, con un gran patrimonio natural, además de arqueológico, debido al arte rupestre allí encontrado.

Cidadelhe, el pueblo que conmovió a Saramago

La aldea de Cidadelhe es protagonista de dos conmovedoras historias en la obra de José Saramago ‘Viaje a Portugal’. ¿Por qué un pueblo sencillo logró un papel tan importante en este maravilloso libro de viajes? Probablemente, porque Saramago tenía buen ojo para descubrir dónde hay una buena historia y, en Cidadelhe, había varias. Y porque la sensibilidad de Saramago supo escuchar a quien se las había de contar, José Antonio Guerra, jefe de mesa de un hotel de Guarda, natural de Cidadelhe, y el mejor embajador que podía tener este pueblo.

“Cidadelhe, calcañar del mundo”, así definió el nobel portugués a este pueblo. “…es el fin del mundo, será el final de la vida. Si no hay quien se acuerde”. Cidadelhe despertó en Saramago toda la nostalgia, de su propia infancia, de su propio pueblo y de la auténtica cultura portuguesa.

Esta no es una tierra fértil y hasta hace pocos años estaba mal comunicada. “La aldea es toda piedra. Piedra son las casas, piedra las calles. El paisaje es piedra”. Así habla José Saramago de Cidadelhe.

A través de José António Guerra, el escritor conoció la historia de su hermana pequeña, que murió encima de un burro prestado, camino de Pinhel, cuando su madre y él la llevaban a un médico que le salvase de la difteria. La niña murió por no haber médico y por no haber carretera. Una tristísima historia que conmovió a Saramago. Un gran guía turístico, José Guerra, que lo acompañó a conocer su pueblo, y consiguió que sus coterráneos compartiesen con Saramago su secreto mejor guardado.


La ermita de San Sebastián y el ‘Ciudadano’

Con la curiosidad propia de los ateos, Saramago era un gran visitador de iglesias, su sentido de la belleza le hacía admirador del arte religioso; no dejó templo por conocer en su ‘Viaje a Portugal’, tal vez, con la esperanza de conseguir creer en algo algún día. Como él mismo decía: “No soy un ateo total, todos los días intento encontrar una señal de Dios, pero, infelizmente, no la encuentro”.

Es durante esta visita cuando surge la segunda historia y, en ella, el protagonista es el Palio de Cidadelhe.

Varias veces negaron las cautelosas beatas de Cidadelhe a Saramago el palio. “El palio no está aquí, está a restaurar”, era la excusa que le ponían para no enseñárselo, dudosas, todavía, de si el forastero era merecedor de tal honor y gesto de confianza. Saramago quedaba perplejo por el intercambio de miradas y cuchicheos que surgían a continuación. Al igual que Saramago, los visitantes que llegaban a Cidadelhe, tampoco conseguían ver su valioso palio. Hasta hoy.

Resignado a no contemplarlo, el escritor se dejó llevar por las calles de Cidadelhe y conoció al ‘Ciudadano’, una figura de piedra, con la inscripción ‘1656’ esculpida. Las gentes del lugar siempre conocieron esta figura asociada a Cidadelhe. El pueblo no se llama Cidadelhe por el Ciudadano, parece ser que es la escultura la que se llama Ciudadano por haber aparecido en Cidadelhe (ciudadela, ciudad pequeña), entre unas piedras a orillas del río Côa, no se sabe cuándo.

Al final del día, las guardianas del palio ya se habían convencido de que el forastero era de fiar y, antes de su partida, le mostraron el palio. Sobre él, simplemente pudo decir Saramago que no encontraba palabras que explicasen su esplendor y la sensación al acariciar su rico terciopelo.

Cidadelhe dentro del Camino de Salomón

Cuando en 2009 José Saramago viajó de Lisboa a Castelo Rodrigo, recorriendo los lugares y paisajes a los que hace alusión en su novela ‘El Viaje del Elefante’, cuyo protagonista se llama Salomón, manifestó que uno de los objetivos de aquel viaje era crear una ruta que favoreciese el aumento de visitantes al interior portugués, tan olvidado.

Integran esta ruta las localidades de Belém, Constância, Castelo Novo, Belmonte, Sortelha, Cidadelhe y Castelo Rodrigo, todos pueblos  y villas pintorescos.

Siguiendo este deseo, por iniciativa de la Asociación Territorios del Côa, con el apoyo de los ayuntamientos de Lisboa, Constância, Fundão, Belmonte, Sabugal, Pinhel y Figueira de Castelo Rodrigo, fue elaborada una guía de la Ruta Portuguesa del Camino de Salomón. Esta guía puede ser descargada en la página web de la Fundación José Saramago.

El palio que hoy queda expuesto constituye la mayor gloria de Cidadelhe. Sus habitantes pueden estar orgullosos de haberlo traído hasta nuestros días en tan buen estado de conservación, gracias a su cuidado y protección. Aunque, tal vez, se sientan también hoy un poco huérfanos, al quedar liberados de tal responsabilidad y de tal honor.

Los nuevos visitantes que lleguen a este pueblo, seguramente serán recibidos con la misma hospitalidad y sencillez con que lo fue Saramago. Él tuvo que pasar un examen que probase su interés sincero. Los visitantes futuros quedaremos dispensados de esa prueba, pero esperamos ser merecedores de la generosidad de las gentes de Cidadelhe, una vez convencidos de que lo que no se comparte, se pierde.

Y tener la misma sensibilidad y capacidad de escucha del nobel para saber apreciar lo que simboliza este palio, para que Cidadelhe no sea más “el calcañar del mundo”. Este pueblo inspiró que Saramago escribiese en ‘Viaje a Portugal’: “qué fácil es entender todo cuando nos dejamos llevar por los caminos esenciales, esta piedra, este hombre, este paisaje durísimo….Así debía ser el viaje. Estar, quedarse. “

  • Casa-Fuerte de Cidadelhe