Martes, 25 de febrero de 2020

Un poema para esperar al padre

 

Alfredo Pérez Troncoso y Alfredo Pérez Alencart, en las afueras del aeropuerto de Puerto Maldonado. Atrás, Miluska Pérez Alencart (Foto de Jacqueline Alencar, 2014)

El pasado 16 de junio se celebró el Tercer Encuentro de Poetas del proyecto Hybris. Fue en las instalaciones del Centro de Preservación Tolosa del Ferroclub Argentino, en la ciudad de La Plata (Provincia de Buenos Aires). Dicho acto contó con la asistencia de unos cincuenta poetas de la región y donde los organizadores, liderados por la poeta Ángela Gentile, quisieron hacerme un homenaje, según destaca en su blog ‘Diagonal Converso’ la escritora y periodista Norma Etcheverry.

Noticia sobre “En el andén”, de A. P. Alencart, en El Norte de Castilla

Publicaron una plaquette dentro de la Colección Diotima, con algunos poemas míos ya aparecidos en libros precedentes. Pero también quise ofrecerles un texto inédito, titulado “En el andén”, donde estoy como esperando el tren que alguna vez traiga a mi padre, fallecido en diciembre de 2014. Meses antes, en julio de dicho año, mi padre me esperaba ansioso en el terminal del aeropuerto de Puerto Maldonado, la ciudad de la Amazonía peruana donde nací. Allí también abrazo con especial cariño a su nieto José Alfredo y a su nuera-sobrina Jacqueline. 

Y luego nos fundimos en un abrazo indeleble, de esos que no se borran así pasen los años y los desengaños.

Padre e hijo, en ese abrazo en el que siguen hasta hoy. (foto de Jacqueline Alencar, 2014)

Él sentía que su final estaba cerca y necesitaba estar con el hijo pródigo al que solo le interesaba como herencia ese ejemplo ético de padre intachable.

Aquí anoto, para su lectura, el poema donde ahora espero yo, sea un 16 de agosto, un 5 de diciembre o todos los días del porvenir:

Andén de Estación, acuarela de José Carralero (detalle)

 

EN EL ANDÉN

 

Del alba al crepúsculo

estás por el andén de tu orfandad,

esperando divisar

al padre más amado.

 

Por si eso no bastara,

los sueños –o la memoria–

te permiten levantar

la tapa de lo vivido

y la nebulosa donde lo supones

como extraviado.

 

En esta estación

el amor es la contraseña

(o la suplicante fuerza)

que abre las válvulas

por donde es posible que pase el tren

con el padre que limpió todas

tus heridas.

 

Ese y ningún otro retorno

es la Dicha para ti.

 

Tren, acuarela de José Carralero