Vestirse de luces...y de paciencia

Ayer sábado, Salamanca era una sartén en la calle. Dejé pasar gran parte del día y a la caída de la tarde me acerqué a la finca El Torrejón, donde pasta el ganado bravo de Diego Tabernero. Una  estupenda propiedad donde conviven cochinos, cabras enanas y reses de lidia (erales y utreros) de mucho pelaje castaño y cabales hechuras morfológicas.

 Buen ambiente y optimismo generalizado en la Peña Taurina de Alejandro Marcos, que celebraba allí su fiesta anual bajo los mejores auspicios para su titular, pero también con la desazón en las conversaciones y tertulias, de no ver al torero, hace escasos días triunfador en la Feria de Santander, de donde salió a hombros, acartelado en la feria de septiembre de Salamanca. Ni tan siquiera en la de Valladolid, donde es gerente su actual apoderado Jorge Manrique.

 Marcos es un torero asentado en la clase y en el estilismo más cadencioso del toreo. En el concepto de lo que llamamos “buen toreo”, explicado en una conjunción de normas estéticas clásicas como, sentido armonioso de la verticalidad, acompasado juego de cintura y limpio y templado juego de muñecas en la medida larga y didáctica del temple. Los terrenos, las distancias, los pasos, el sitio…todo eso que implica el oficio y que se adquiere toreando y toreando, porque el movimiento se demuestra andando, finalmente.

 Su cruz ha sido la inestabilidad con la espada. Sin embargo, desde Santander ese problema tiene visos de ver solución. Allí la manejó con acierto y decisión.

 Alejandro Marcos es un joven matador de toros, nacido en ese enclave de leyenda en el toreo como es La Fuente de San esteban ( Paco Pallarés, Juan José, Julio Robles). Juan José ha sido su primer mentor. Ahora Jorge Manrique lleva  sus asuntos, pero como siempre pasa, es él, quien con la espada y la muleta tiene que resolver el asunto en la plaza ante el toro. Está en el buen camino y ya se encuentra con lo dulce y venenoso de la profesión: el éxito y la no recompensa al éxito.

 Vestirse de luces será también un titánico ejercicio de paciencia porque, como decía ayer Carlos, el fervoroso y convencido presidente de su peña: “Dios proveerá”.

 Muchas gracias amigos por los gratos momentos que compartimos ayer en vuestra compañía en día de fuego y maravillosa anochecida campera. Gracias.