Miércoles, 24 de octubre de 2018

Novilleros, aventura o gloria       

Abierta queda la veda para el escalafón novilleril en este año taurino donde, si no son todos los festejos que se desearían, muchas han sido las novilladas programadas y no pocos los certámenes que se han esparcido por toda la piel de toro, dando con ello oportunidades para el segundo escalón de los toreros. A las ferias y plazas se une también la de Salamanca que fue escenario estos últimos jueves veraniegos de ese ramillete de toreros en edad juvenil, y que son a la postre el caladero por el que debe apostar la fiesta.

Hemos tenido en la Glorieta novilleros avanzados de las escuelas, y ya se anuncian en el cartel de ferias las novilladas finales de las jóvenes promesas llegados de todos los puntos y desde las escuelas, que de forma federada instruyen a aquellos que han de tomar el relevo de las figuras más relevantes del escalafón, además son la apuesta por parte de esta empresa, y de muchos otros que han puesto su desinteresado esfuerzo para dar con ello el máximo realce y seriedad a estos eventos. Y aunque es de entrada gratuita, lo cierto es que el público salmantino ha respondido masivamente a esta llamada.

Los aspirantes buscan las oportunidades para competir ilusionadamente buscando una mejor posición y reconocimiento. Aunque la idea no es nueva, con buen acierto y criterio se  hace eco, después de la insistencia durante muchos años, de tener en cuenta por donde empieza la Fiesta, y donde se comienza a valorar y atisbar desde el atalaya de los tendidos las posibilidades reales de la carrera de los mozos novilleros.

Si les preguntáramos por qué quieren ser toreros, la mayoría no nos daría una respuesta convincente; un medio de vida que se cree fácil de lograr, un éxito económico y social de amigos o conocidos, una influencia familiar y otro sinfín de respuestas, donde existe la lamentable idea de que la “gloria” se abre paso con facilidad, cuando en realidad solo excepcionalmente podemos encontrar a quien se presente desprovisto de estos objetivos materiales y elija la vocación como condición indispensable.

Porque el ser torero exige una gran vocación decidida, condiciones personales adecuadas, afición, sacrificio constante, renovación ininterrumpida y formación ética. Pensar que esto se logra con un puñado de tientas o capeas es un error. Así pues, aun teniendo valía y vocación determinante, el aspirante a torero debe tener asegurada una preparación intelectual,  física y técnica, además de una determinada capacidad de observación, razonamiento lógico e intuición espontanea para que esta actividad siga el rumbo más adecuado a su personalidad.

Hay una ansiedad de triunfo que a veces se frustra porque no halla su cauce adecuado o porque la vida fue adversa a la ambición. Pero en ocasiones, la vocación elegida va felizmente por el cauce propicio y desemboca en la cima de la fama con una admirable sencillez aparente. Todos hemos oído decir en actividades diversas que el afán es de quien se considera fuerte para la lucha y el éxito, la frase "yo me he empeñado en ser triunfador y he de conseguirlo", es la máxima que no pocos de los que ayer y hoy, hablando de toros, se aferran a ella.

Pero en muchas ocasiones el propósito aguerrido no alcanza así como así gracia de realidad, y es frecuente y larga su derrota. Por consecuencia, la teoría del dolor, el desencanto, la frustración o la incomodidad de quienes quisieron ser triunfadores y fueron fracasados.

Más puede que dicho revés fuera por equivocación el camino, y quién sabe si el aplauso que no sonó para el esfuerzo de un artista o de un torero hubiese sido triunfo rotundo en cualquier otra faceta de la vida.

Por eso, en el querer ser famoso, rico o reconocido no basta la decisión de serlo sino aceptar con la vocación exacta y el cultivar ésta con ilusión, perseverancia y entusiasmo. En el deseo legitimo del joven por querer ser importante, subyace muchas veces el error de ser a toda costa torero, sin llegar a hacer incursiones en otras actividades, aunque solo sea para cerciorarse de que ha elegido exactamente la suya; y con el mismo ardor con el que comenzó de chiquillo a ejercitarse en las suertes del toreo pueda estar preparado para aquel otro arte, carrera u oficio en el que pueda cosechar mayores posibilidades de triunfo.

Fermín González salamancartvaldia.es              blog taurinerías