Sábado, 17 de agosto de 2019

El Ayuntamiento salmantino...y sus consejos.

El sábado pasado tomé un autobús para un desplazamiento por la ciudad  (como siempre hago para moverme por ella, a pie o en autobús). Era un magnífico día de suave verano, como por suerte está siendo todo este mes de julio y según la información meteorológica seguirá siendo así al menos hasta el final de mes.

Enorme fue mi sorpresa cuando ya dentro del autobús, al sentarme, veo en su interior dos carteles informativos sobre las medidas que hay que tener en cuenta ¡en las olas de calor! Y también si uno sufre ¡un golpe de calor!. Ese día esos dos carteles me parecieron, o una broma de mal gusto o una desidia imperdonable del responsable de haber puesto los carteles.

Era exactamente igual que si un día soleado y estable, sin el menor asomo ni previsión de lluvias próximo, alguien hubiera puesto un cartel preventivo sobre qué debe hacer un ciudadano en caso de inundaciones. Algo, del orden de lo irracional, estaría ocurriendo.

La mayoría de la gente que vio (o está aún viendo esos carteles sobre olas de calor) seguramente no le dio la menor importancia: “un pequeño detalle no muy oportuno”, pensarán. Pero una minoría, entre los que nos encontramos muchos escritores, sí le dan importancia a los “pequeños detalles”: frecuentemente los pequeños detalles son tan significativos como los informes institucionales sobre cualquier tema urbanístico.

En el caso de los carteles preventivos de olas de calor en los autobuses salmantinos, que nos ocupa, caben dos explicaciones, las dos muy negativas: o bien ha sido un “despiste” o desidia del funcionario local, sanitario o no, que decidió esta acción preventiva en el pasado frío y lluvioso junio y al llegar julio, sin más consideraciones, dio la orden de ponerlo en práctica, o bien con esta acción dicho funcionario ha tenido una intención malsana de inquietar a la población. Inclinémonos a pensar que ha sido la desidia o inercia de una decisión tomada en un despacho muy lejano a la realidad (como por desgracia hay tantos). Cualquiera que haya sido el motivo de poner ahora (con unas temperaturas tan suaves que nunca hemos tenido en Salamanca, ni en toda Castilla, un mes de julio como este) los resultados de la acción han sido negativos: una total inutilidad y un alarmismo insano que a la población vulnerable ( mayores, enfermos, niños…) LES DIFICULTA DISFRUTAR DE ESTE EXCEPCIONAL VERANO, con temperaturas ideales.

Otras informaciones y acciones municipales serían más positivas para la salud y el ocio de los salmantinos; ahora que está de moda que las ciudades también del interior tengan sus “ playas” ¿qué hace el Ayuntamiento salmantino con el río tan hermoso que tiene la ciudad, que no informa de si  es malo o no para la salud un buen baño en sus aguas? Ya sabemos que están las piscinas; pero los salmantinos que hemos gozado en el pasado de la delicia de los baños en el Tormes, añoramos recuperar la posibilidad de nadar en sus aguas, muy sana, muy barata y muy divertida.

Con motivo de la ruptura de la pesquera ¿se ha hecho una limpieza del cauce suficiente para que no haya daños por tomar algún baño? Esta es la pregunta práctica y valiosa. Y no la de angustiarnos con todas las posibles catástrofes climáticas que por desgracia está produciendo el cambio climático de nuestro planeta.