Domingo, 21 de octubre de 2018

Amanece en la sierra

El Sol rompe el crepúsculo

y alcanza la arboleda:

su resplandor penetra,

y cubre las cimas

más altas de la tierra;

y de los árboles gigantes

su copa calienta,

con su fuerza enérgica.

 

Sus potentes rayos,

son tan fascinantes

que traen calor a raudales.

Los pájaros ya despiertos,

en bandadas se levantan,

y en los árboles se paran;

ocupando ya el espacio

en los huecos de las ramas.

 

Bella sierra y montaña,

eres accidentada y rizada;

con carreteras onduladas.

Pintoresca, por el color

de tu frondosa arboleda...

que sostiene la corriente

que fluye por tus valles;

tu belleza es paradisíaca

 

El otoño portentoso

y luminoso, ha cambiado

el color a la arboleda:

ya es otro el paisaje,

es de otra manera.

Cual vestida de ocres,

en cálida belleza

la vista nos alegra...

 

Mas, avanzando el otoño,

la arboleda, pierde sus hojas

y pausadamente se despoja,

de su cubierta luminosa;

cayendo paulatinamente

y perdiendo sus doradas hojas,

difuminando el color

portentoso de su copa.

 

Llega el invierno;

la arboleda, parece

quedar muerta...,

en desnudez completa

mas la nieve vendrá,

y les arropará,

del aire gélido y glacial,

como aislante les protegerá.

 

El hielo aparecerá,

y con su escarcha;

a la nieve apretará.

y belleza les traerá.

La arboleda, despojada

y en desnudez completa;

dormida y quieta, quedará:

pero con su savia

¡ha de despertar! "en primavera".

Del libro ‘La llave del silencio’ 
Teresa Marcos Domínguez