Un sociedad que abandona a los niños corta sus raíces

Los niños son en sí mismos una riqueza para la humanidad y también para la Iglesia, como afirma el Papa Francisco. Pero son también los que más siguen sufriendo las consecuencias de las crisis económicas y los que más gravemente han visto vulnerados sus derechos.  Según datos de UNICEF, de los 900 millones de personas que viven en el mundo con menos de 1,90 dólares al día, casi la mitad son niños. Se calcula que 246 millones de niños y niñas son víctimas del trabajo y la explotación infantil y que son 230 millones, los que viven en zonas de conflictos armados 

En España, uno de cada tres niños se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión. Los datos hablan por sí solos: 23% de fracaso escolar, 20% de abandono escolar y excesivo efecto de la segregación en sistema educativo, valores todos muy por encima de la media europea. 

Las niñas y los niños con peores niveles de bienestar social sufren las consecuencias el resto de sus vidas. De ahí que las intervenciones que se realizan sobre la infancia sean cruciales y deban ser apoyadas con medidas sociales y educativas a lo largo de todo el periodo escolar.

En el lado positivo, en España, los niños y niñas siguen manifestando que son más felices, en comparación con los datos de otros países europeos. Por todo ello desde Caritas, no nos resignamos a que esta sea una generación perdida, como efecto de la crisis y trabajamos para mejorar el bienestar de los niños.

 Pedimos a las autoridades que:

 -Incrementen sus esfuerzos en políticas de redistribución de los ingresos, que realmente sean eficaces contra la situación de la pobreza.  

-Apuesten por un sistema educativo que sea inclusivo y en el que se garanticen las mismas oportunidades a todos los alumnos.  

-Se esfuercen en el cumplimiento de los acuerdos nacionales e internacionales sobre protección de la infancia.  

– Favorezcan las posibilidades de estudio tras la etapa de escolarización.

 Porque cómo dice el Papa Francisco “Una sociedad que abandona a los niños (…) corta sus raíces y oscurece su futuro”.