Miércoles, 24 de octubre de 2018

Espacio Internacional de la trashumancia.

Contexto europeo

En Europa, el pastoralismo como sistema económicocultural diferenciador está también diluido, pues el sustrato étnico de la población pastoril suele ser idéntico al de la población agrícola circundante. La excepción la componen los lapones de Escandinavia, que tienen en el pastoreo de renos una importante componente cultural. Esta clara identificación más el hecho de estar en un área de economías desarrolladas les ha hecho ser, hoy en día, el grupo que más claramente se asocia al pastoreo de renos, lo que reporta claras ventajas a la hora de defender su modo de vida. Por lo demás, la población pastoril está sobre todo concentrada en la ribera del Mediterráneo y en los Balcanes, así como en las áreas montañosas de todo el continente (Bunce et al., 2004). Dada la ausencia de ambientes hiperáridos, la práctica totalidad de la movilidad pastoril consiste en trashumancia.

La especial importancia del Mediterráneo como zona trashumante viene dada por el contraste climático de los veranos secos y por la variabilidad climática, con frecuentes sequías y años húmedos,  lo  que  impone  una  estrategia  de  movilidad.  Los  pastores  europeos  y particularmente los mediterráneos han ido sufriendo una progresiva pérdida de relevancia desde la centralidad económica en tiempos donde la producción de fibras textiles era fundamental y la carne era un artículo de lujo de alto valor añadido. A lo largo de los siglos, los pastores han ido pasando paulatinamente a la periferia, no sólo geográfica sino también económica y social, en un proceso que se ha acentuado durante el siglo veinte con, por ejemplo, la producción en masa de fibras textiles artificiales (Ruiz, 2001). La intensificación de la ganadería en aras de sistemas con más insumos pero más productivistas ha provocado, por una parte, una crisis de biodiversidad y de pérdida de servicios ambientales en las zonas marginales que antes eran aprovechadas por el pastoreo (Pineda, 2001). Por otra parte, la intensificación ha provocado impactos ambientales directos en forma de contaminación, generación de residuos e incremento en el consumo de recursos.