Miércoles, 23 de octubre de 2019

Se llamaba María

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“No más que el cielo puede ser espejo tuyo. ¡Oh sol! -suspiró la gotita de rocío.

            “Yo siempre estoy soñando contigo ¿pero qué puedo esperar?  Soy tan pequeña para tenerte en mí. –Y se echó a llorar desconsolada.

            “Le contestó el sol: Yo lleno el cielo infinito; pero  también puedo estar en ti, gotita de rocío. Yo me haré chispa para llenarte y tu vida pequeñita se hará un mundo de luz” (Tagore).

            María era como una pequeña  gota de  rocío  que, por recibir a Dios, se hizo luz para el mundo. María creyó en el Dios del amor, de él se fió y a él le cantó todas las maravillas que hizo en ella y en su pueblo.

“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José: el nombre de la virgen era María” (Lc 1, 26-27). Así nos es presentada por el Evangelista Lucas esta jovencísima y singular mujer, con su nombre por delante, porque el nombre es importante.

El sexto mes del que habla el evangelista (entre febrero y marzo), coincide en Israel, con la aparición de la primavera que se anuncia con la demostración más increíble de flores silvestres que se pueda imaginar. En Galilea y en las alturas del Golán, espectaculares flores cubren las colinas y los campos de bellos colores. Dos ejemplos muy comunes son la adormidera y la anémona. También pueden verse lirios morados, algunos de los cuales son tan oscuros que se conocen con el nombre de “iris negro”. Hay también jacintos salvajes, y deslumbrantes lupinos azules. Son muchas las personas que en marzo visitan el Monte Gilboa para ver el iris púrpura en un espectáculo único por las impresionantes vistas de las colinas de Galilea, que se extiende por el norte hasta el Hermón cubierto de nieve en su cima y de verde en su ladera y valle.

Pues bien, con este telón de fondo, se nos presenta a la jovencísima María, Una adolescente de 12 o 13 años que se llama María ("miryãm" en hebreo). El nombre para el israelita, es el compendio de la vida, es la misión y la esencia del ser que lo lleva, de tal manera que pronunciarlo es conocer a esa persona en su más íntima intimidad, en su “mismidad”, podríamos decir. Y es el mismo “ángel” que llega para anunciarle un gran plan a la doncella, el que desvela el significado del nombre Miryam. Dice el texto de Lucas que el ángel la saludó llamándola “llena de gracia”. Desglosando un poco el saludo del ángel descubrimos el contenido del nombre de la doncella: “llena de gracia” es lo mismo que decir que es excelsa, elevada, elegida, señora y dama, que tiene todo el encanto dentro de sí, que no le falta ninguna cualidad, que es perfecta. Y el ángel añade “has hallado gracia delante de Dios”, que es lo mismo que decir: eres la Amada de Dios. Por eso el final del saludo “el Señor es contigo”, no es más que la firma de ese nombre, la afirmación que lo rubrica.

Pues, bien, esta es la joven María, de la que nos disponemos a hablar en las páginas siguientes, con no menos veneración que el ángel Gabriel, pero sí con todo el amor de hijos hacia Ella.

No tenemos ningún cuadro que nos diga cómo era María, su apariencia externa nos es desconocida, como afirmaba san Agustín. Las representaciones bizantinas, de las cuales se dice que fueron pintadas por S. Lucas, pertenecen ya al siglo VI, y reproducen una imagen convencional. Existen veintisiete copias, de las cuales diez se encuentran en Roma.

La pintura más antigua de María es la hallada en el cementerio de Priscila, pertenece a principios del siglo II. En las tumbas de los primeros cristianos, María ocupó siempre un lugar de honor.

María  experimenta  en  su  vida  que  “para  Dios  no hay nada imposible” (Lc 1,37). Dios  visitó  a  María  y  de  este  encuentro  nació el Amor. Es imposible explicar  la  acción  de  Dios. Algo nos puede aclarar  estas  palabras  de  Tagore: “El  que puede abrir los capullos, ¡lo  hace tan  sencillamente! Los  mira, nada  más, y  la savia de  la vida  corre por las venas de las hojas.