Jueves, 20 de junio de 2019

No cabe más indignidad

Menos mal que nos queda el fútbol a la sufrida población mundial, ese juego de 22 en el que siempre gana Alemania, aunque sea en el último minuto y donde hasta las selecciones modestas como Islandia o Panamá se miden a las grandes, aunque sea, como Irán, haciendo teatro. Porque el estadio es el inmenso escenario donde la comedia del arte del balón nos hace felices u olvidadizos. Y de Marruecos olvidamos las pateras que atraviesan el estrecho para esperar solo una victoria que mantenga los bares llenos y las banderas en los balcones. Nos asomamos a la actualidad para ver fútbol, no para pensar en niños arrancados de los brazos de sus padres en esa América primero que glosa Trump, ni para ver barcos ahítos de cuerpos hambrientos. No nos importan ni el régimen de terror de Irán ni el de Rusia ¿Para qué? Estamos casi de vacaciones y disfrutando del fútbol, sin otra preocupación que hacer cálculos para irnos por ahí, a dejar a un lado el trabajo, la conciencia y hasta la decencia.

Vivimos tiempos de ignominia, y cuando uno piensa que ya está bien y que no puede haber nada peor, aparecen las fotos de los niños arrancados de sus padres en la frontera y la incredulidad deja paso al cansancio. No se puede más, o sí, porque los chicos de la Manada regresan a sus vidas sin saber que nos han dado otra lección de ignominia: no es lo mismo violación que abuso, y el abuso cuenta menos, como no cuenta eso de que sea una mujer sola frente a varios tipos enormes que, naturalmente, no jugaban al fútbol, sino al sometimiento. Déjate matar, mujer, que eso sí cuenta en las estadísticas del horror. Esas que deberíamos quemar la noche de San Juan junto con algunos que se escudan en la justicia para decirnos que no tiene importancia, que es un mal menor. Ese que no se denuncia por miedo a ser, precisamente, crucificada, condenada a la hoguera, vilipendiada. Ahora resulta que los acosados, los ofendidos, son los otros, los abusadores, como lo son los inquisidores, los guardianes de toda frontera, de toda pureza étnica.

Si no querías más ignominia, más aberración, más infamia, toma. Es buen comienzo de vacaciones. Si miras a la playa, verás ahogados, si miras a tu hermoso sobrino, lo verás llorando por ser separado de los brazos de su madre abnegada. Si miras al estado de derecho lo verás escupido por aquellos que deberían defenderlo. Menudo panorama… pero eso sí, tenemos fútbol, tenemos a 22 tíos corriendo como fieras detrás de una pelota y alguno particularmente rápido y malencarado que no tiene nada de fado ni de saudade. Cristiano es como un felino denso y feroz que nunca se sacia, es la velocidad sin control y la voracidad sin límites. A mí me gusta eso de que de hipócrita no tenga nada. Porque de paniaguados y de contenidos estoy más que harta. Harta de tanta ignominia. Pero me voy a callar porque seguramente haya más. Y entonces me quedaré sin palabras para denunciarla. Y que siga el fútbol, al menos hay una política común, y que siga ganando Alemania.

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez.