Viernes, 17 de agosto de 2018

Efectos especiales

Una se pone contenta con el cambio. Que sea para bien, para bien de las energías alternativas, para bien del diálogo que destensa, para bien del mérito, de la entrega, del rojo pasión de las ministras y de la espera educada ante la sorpresa del nuevo ministro de la cosa culta que, verdaderamente, nos ha dejado a todos un poco descolocados. Una espera, y confía. Una seguro que aprueba y desaprueba a partes iguales, pero ahí está, esperando que estos efectos especiales sean más que golpes de efecto, que sean efectivos. Que sean coherentes en el discurso y en los hechos. Que nos enseñen a hacer las cosas de otra manera. Que despierten y aplaquen, que aplaquen y no cedan. Que acerquen pero que no hagan excesivas concesiones.

Probablemente no se pueda con todo, y más con una minoría y un parlamento que no tendrá piedad. Un senado en contra y unos presupuestos de otros. Un empecinamiento vil y rastrero, un clamor por lo innecesario que no nos deja ver los verdaderos problemas… y el problema es que trabajamos, sí, pero en condiciones de pobreza. Que crecemos, sí, pero a costa de una población que ya no sabe cómo aguantar tanta rapacidad, tanta cosa mal hecha. Y puestos a hacer mal, que repitan los chicos extremeños la prueba de selectividad, como si ellos tuvieran la culpa. Que en Salamanca los alumnos excepcionales no puedan estudiar medicina porque las plazas son para quienes tienen una prueba más condescendiente que la nuestra. Cuántas cosas para resolver, cuántas, pero claro, es más importante meterle mano a la constitución o definir el término nación. Hojarasca pura y dura mientras nos preparamos para un verano pleno de contratos tan precarios y tan paupérrimos que uno no sabe si es mejor trabajar o quedarse en casa viéndolas venir.

La esperanza ahora es de color rojo, y es la esperanza de la recuperación de un partido masacrado por unos indeseables, también. Uno debería llenarse del verde que nos rodea, que nos abraza, que hasta nos asfixia porque así somos, necesitamos ver lluvia y ahora, ver dejar de llover. Hemos aprendido mucho estos días, y estamos esperanzados, tiene, debe, hay que cambiar las formas, las maneras… y mientras, en las altas esferas, debería cambiar también la forma en la que observamos, perplejos, al presidente norteamericano. Menos condescendencia y más Europa. Menos plástico y más cercanía, menos fronteras y más cooperación, menos enfrentamiento y más armonía. Estoy yo buscando una nueva forma de hacer historia e historias, una nueva forma de hacer cosas. Solo el tiempo dirá si es un efecto especial, un efecto placebo o un gobierno efectivo.

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez