Martes, 16 de julio de 2019

Dios es familia

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En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

— Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

            Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él, no será condenado; el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios (Jn 3, 16-18).

            El misterio de Dios se nos ha revelado en la historia de la salvación como Trinidad Santísima: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

            El Cuarto Evangelio afirma que la iniciativa de la salvación es del Padre, fuente originaria y absoluta del amor: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él” (Jn 3,16). A la raíz de toda la obra salvadora del Hijo se encuentra el amor de Dios, un amor gratuito, que lo precede todo y que tiene como designio la salvación y la vida del mundo.

            En el Evangelio de san  Juan, la vida eterna y el juicio de condenación no están reservados para el final de los tiempos, sino que se realizan en el presente, a partir de la opción que se toma frente a Jesús. Creer en él es creer en el amor revelado, lo que lleva a obtener la vida; no creer en él es cerrarse al amor revelado, eligiendo la muerte.

            La Trinidad es un misterio de amor. Y cuando digo esto, digo Relación amorosa que trasciende toda connotación de género.  Es Amor que se da a sí mismo incondicional y gratuitamente ("hasta el extremo" creando así la misericordia)

y es amor recibido y vuelto a entregar, enteramente, hasta el ultimo suspiro, creando así la obediencia salvadora. Es amor, palabra que indica todo lo acontecido y creado y todo lo nuevo e inmaterial. Es amor de quien se da y mor de quien recibe y amor finalmente entre dos capaz de renovar la faz de la tierra.

            “La Trinidad es el rostro con el que Dios se ha revelado a sí mismo, no desde lo alto de un trono, sino caminando con la humanidad” (Papa Francisco). Siendo Dios omnipotente, nos ama con omnipotencia; siendo sabio, nos ama con sabiduría; siendo infinitamente bueno, nos ama con bondad. En el colmo de la entrega nos dice: “Soy tuyo y para ti, y gusto de ser tal cual soy por ser tuyo y para darme a ti” (san Juan de la Cruz).

            Jesús nos muestra el amor dándonos al Padre., Jesús nos dice que el Padre nos quiere y abraza con ternura entrañable, nos consuela en los caminos y nos da la vida que no tiene fin, nos ama.

            El Espíritu Santo nos muestra el amor del Padre y hace posible que podamos comunicarnos con el Padre y con el Hijo, que solo saben amarnos. Cuando descubrimos la presencia del Espíritu y nos abrimos a él, desaparece el miedo y la cobardía de nuestra existencia. 

            No es amor de limosna, ni de conmiseración, ni es sólo dar sin recibir. Es amor entregado y recibido porque es amor enamorado. Y dentro de ese amor abisal, insondable e inexplicable estamos nosotros, fruto de ese amor intratrinitario pero formando parte esencial del misterio divino siendo con Jesús, hijos de Dios.

            Todo lo que hay que saber de Dios como Padre está escrito en la vida de Jesús,su rostro es imagen del dios invisible, pero hecho rostro humano para nosotros. Y su amor, que no es otra cosa que su herencia hecha vida, es el Espíritu divino que nos capacita para sentirnos Dioses por participación y vivir del mismo "aspirar sabroso" del que vivió Cristo.

La Trinidad es una familia unida por el amor. Un gran misterio.