A quien corresponde

No hace tanto tiempo, era frecuente encontrar una sección en la prensa escrita bajo el título: A quien corresponda. Se trataba de un espacio reservado a los lectores para dirigir cartas al director del medio; unas veces criticando aquellos aspectos con los que no se estaba conforme, y otras, las menos, para expresar su agradecimiento ante situaciones llevadas a buen término. En cualquier caso, el título respondía a la forma de dejar amparado al autor de la misiva, a base de no concretar nunca la persona a quien se dirigía. Vamos, que era una manera de tirar la piedra y esconder la mano.

Este no es el caso del presente comentario. Como el destinatario está perfectamente identificado, es más exacto titularlo: A quien corresponde. Y no es otro que el responsable del ministerio de Fomento. Por desgracia, no es la primera vez que comento el tema, y si lo hago una vez más es por el escaso efecto que han surtido las anteriores. Como habrán adivinado, me estoy refiriendo al lamentable estado en que se encuentra la A-62 en el tramo comprendido entre Tordesillas y Salamanca. Es imposible que, en todo el territorio español, exista un tramo de autovía en peor estado que el citado. No estoy exagerando lo más mínimo. Produce verdadero escalofrío escuchar el ruido que hacen los neumáticos al rodar sobre esa superficie completamente descarnada y salpicada de verdaderos socavones. Y todo ello padecido durante más tiempo del que sería soportable.

Antes de que me lo digan ustedes, ya me adelanto a reconocer que, efectivamente, de algo han servido las numerosas quejas de los usuarios porque ya han comenzado los trabajos de reparación. Pero esa es, precisamente, la razón que me ha llevado a retomar el asunto. Cuando los medios de comunicación han publicado la concesión de los correspondientes fondos, comencé a suspirar de alivio creyendo asistir al final de los sufrimientos. Por no ser técnico en la materia, desconocía la suficiencia, o no, de los fondos librados, pero suponía que siempre se trataría de solucionar el problema de la forma más racional. Es decir, empleándolos en una operación eficaz y con cierta garantía de duración. Incauto de mí. Después de ver las primeras reparaciones, me veo en la obligación de volver a la carga.

A juzgar por lo realizado hasta la fecha, no cabe esperar un buen resultado de esta reparación. Ya sé que el ministerio no es la fábrica de la moneda, y que tiene muchos agujeros que tapar. Pero, puestos a emplear esos fondos de manera racional, sería más apropiado, pienso yo, reparar un tramo de menor longitud asegurando su durabilidad que hacerlo en más kilómetros sabiendo que el remedio será poco duradero.

Nada me gustaría más que estar pecando de impaciente por no esperar al final de las obras, y poder ver cómo todo el firme va a quedar impecable y con visos de aguantar más de una campaña. En ese caso, no me importaría entonar el mea culpa –y desde ahora mismo me comprometo a hacerlo. El hecho de que el método empleado sea distinto en cada una de las provincias afectadas –Valladolid, Zamora y Salamanca- hace sospechar que los resultados tampoco serán iguales. En algunas zonas se ponen los parches de forma un tanto peculiar porque, junto a la superficie recién restaurada, permanecen baches lo suficientemente profundos como para haber alargado la compostura algún metro más. La imagen de una autovía salpicada de tanto cuadrito da una sensación de tercermundismo que no se corresponde con nuestro actual desarrollo. Me recuerda los pantalones de pana que usaban los labradores del siglo pasado, desgastados parcialmente pero adornados con remiendos nuevos. Aquellos, al menos, proporcionaban al dueño la posibilidad de poder usarlos otra larga temporada. En otras zonas de la carretera  el remozado de la calzada se está haciendo a base de extender una nueva capa de asfalto solamente en el carril derecho de ambos sentidos –no en toda su longitud-. Lo lógico sería pensar que después se atacará el carril izquierdo, porque en la nota que facilitó el ministerio a los medios se hablaba de: “reparación superficial mediante el extendido de una capa delgada de microaglomerado en todo el ancho del pavimentoSi no es así, volveremos a “dar el cante” cara al exterior y estaremos penalizando a los turismos, que usan el pésimo carril izquierdo más que los camiones.

Si se confirman mis temores y la reparación finaliza con el mismo método que se ha comenzado, creo que no se habrán empleado correctamente los escasos fondos asignados. Estamos hablando de una autovía que soporta el tránsito de numerosos vehículos de paso hacia otros países que, en el estado actual, no estarán dejando en buen lugar nuestra red de carreteras. Cuando el ministerio recibía continuas quejas sobre el estado de esta autovía, siempre lo justificaba por la “adversas condiciones meteorológicas” de la pasada campaña. Es cierto que la lluvia no es buena para las carreteras, pero también lo es que no llovió nada en la campaña anterior y el firme ya era calamitoso. A falta de reparaciones, los carteles luminosos de la autovía han estado informándonos largo tiempo con el eufemístico aviso: firme irregular. ¡Toma! Y tan irregular. Lo más apropiado hubiera sido escribir: Por su bien, procure utilizar otra vía. Ahora, yo pediría a quien corresponde que recorra este tramo, pero que lo haga con su coche particular, y compruebe si son, o no, razonables las quejas de los usuarios.