Lunes, 24 de septiembre de 2018

Agustín Casillas, viaje interior

Cuando un artista genial nos deja, la cultura con mayúsculas llora a uno de sus grandes valores, y tan sólo su extraordinario legado artístico es capaz de hacernos comprender su verdadera dimensión. Legados de grandes artistas  están en la memoria de Salamanca en su obra dispersa en jardines y plazas

 

Los que habitamos la ciudad nos hemos acostumbrado tanto a ella que muchas veces pasamos al lado de sus edificios, paseamos por sus calles, entramos en sus monumentos,  la recorremos a lo largo y a lo ancho y apenas nos encontramos con ella. Los itinerarios que de ella trazamos son tan previsibles, que excluyen la sorpresa y muchas veces pensamos que la conocemos  porque creemos reconocerla por sus perfiles o por su trazado pero somos poco atentos a los valores poéticos,  a la realidad histórica que sostiene su memoria. Es necesario, inventar la ciudad, hacer que la ciudad sea real, ciudad que emocione y conmueva, para cada uno quedará la tarea de mirarla con ojos nuevos, hacer de la ciudad una propuesta estética  y pasear por ella como si fuera la primera vez.

 

Cuando un artista genial nos deja, la cultura con mayúsculas llora a uno de sus grandes valores, y tan sólo su extraordinario legado artístico es capaz de hacernos comprender su verdadera dimensión. Legados de grandes artistas  están en la memoria de Salamanca en su obra dispersa en jardines y plazas

 

Agustín Casillas  fue uno deseos artistas geniales,  un auténtico trabajador de la cultura salmantina.. El amor por su tierra y su cercanía al pueblo del que tanto hacía gala, hizo que su taller en su ciudad fuera un santuario en el que siempre permaneció y en el que más feliz se hallaba… “Lo que pretendo con mi obra es perpetuar tipos humanos que despiertan mi interés”

 

En ese santuario hoy me encuentro con la genialidad, con su obra más íntima, con sus herramientas  aún colocadas para seguir con tu trabajo… con los bocetos de sus proyectos y su obra que nunca debería ser olvidada y sí rescatada para esta ciudad de cultura que, casi siempre,  de forma ingrata permite que se olvide a los que la amaron.

La fascinación por la Ciudad nace de la emoción y la vida nace de los personajes que en ella habitan al igual que el arte nace de los sueños de los artistas. Personas que han dado a Salamanca su carácter universal como Ciudad de  Cultura.

Podemos  imaginar las mil y una historias vitales detrás de cada una de las piezas.  Cada una de ellas, todas, absolutamente todas, hablan de una persona dotada de una gran sensibilidad y de unas manos que fueron mil y una herramientas. Si hacer un recorrido por nuestra ciudad es recuperar su sentir íntimo de  amor por Salamanca. Su jardín secreto vive en la armonía de un estudio-taller hoy recordado en un viaje íntimo por su obra hoy cuidada con mimo por su familia.

Lydia, su hija, nos muestra con singular pasión y gran admiración la obra de su padre, de alguna manera quiere rescatarle del olvido al que esta ciudad le quiere condenar. Esta ciudad, estoy seguro, sería más grande si recordar  se hiciera vida y costumbre.