Lunes, 24 de septiembre de 2018

Digestiones de la información

No es iluminada por aquella luz que brota de una fuente trascendente. La transparencia no surge a través de una fuente de luz. El medio de la transparencia no es ninguna luz, es más bien una irradiación sin luz, que, en lugar de esclarecer, lo penetra todo y lo hace transparente.

Byung-Chul Han

La tremenda cantidad de información eleva masivamente la entropía del mundo, y también el nivel de ruido. El pensamiento tiene necesidad de silencio. Es una expedición al silencio

Byung-Chul Han

La revolución tecnológica nos ha metido de lleno en una sociedad de la información y del conocimiento, desplegando nuevos paradigmas en las estructuras industriales y en las relaciones sociales. El exceso de información está creciendo de forma exponencial por las redes y medios de comunicación, pero el exceso no está siendo bien digerido con lo que no está llevado al conocimiento. Los conocimientos complejos propios del pensamiento, son lentos y reflexivos, imposible de racionalizar en esquemas simples, al difundirlos por los medios, tienden a simplificarlos todavía más, no reflejando del todo la verdad, incluso asistimos perplejos a un juego de interpretaciones.

Para el filósofo coreano Byung Chul Han, la sociedad de la comunicación se ha transformado en la sociedad de la transparencia, que no solo carece de verdad, sino de apariencia. Es una sociedad que la única transparencia es el vacío, para poder “digerirlo” quiere ser tapado y superado por una gran masa de información, simulacros que no representan ninguna verdad. Cuanta más información circula más oscuro se vuelve el mundo, las grandes masas de información no inyectan ninguna luz en la oscuridad.

La mayor parte de la información que circula en las redes, está más vinculada a los centros de poder, económico, social, político, que a las perspectivas emancipadoras de los individuos, mucho más preocupadas de transmitir información que fomentar la dimensión cultural, simbólica, relacional entre los individuos, aislándolos en un “enjambre digital”. Una masa dominada sin una acción común, sin reflexión, sin silencio, aplastada por el ruido de la información. Un sistema donde no se entra a cuestionar, ni a debatir con una cierta profundidad propio de las sociedades disciplinarias, que solo sirven para optimizar las relaciones de producción.

Cualquiera que maneje las redes (pensemos en Facebook), y quiera publicar información en numerosos grupos de difusión, habrá sentido el bloqueo de la más famosa red social. Bloqueo de información que solo te podrás liberar, si pagas la promoción de difundir como cualquier sistema productivo. Las redes sociales son empresas camufladas, que desde una la aparente libertad enmascarada, el individuo se entrega voluntariamente al sistema, a la mirada vigilada del “gran hermano”, siendo víctima y actor a la vez. El globo entero, atrapado en las redes y en la comunicación, está generando un gran panóptico (observación permanente), sin un adentro y afuera, donde la dialéctica de la libertad se hace patente como control.

Por otro lado, observamos la distinta velocidad de acceso a las sociedades de la información en la sociedad globalizada, donde la brecha digital es cada vez más profunda. Grandes áreas del mundo están quedando fuera del acceso a la información, donde las nuevas tecnologías se están convirtiendo en un instrumento añadido que profundiza más en las desigualdades a nivel mundial. Incluidos y excluidos del ciberespacio, debilitar las condiciones de colaboración entre individuos, necesarias para crear unas condiciones de diálogo social e intercultural. Es necesario que redes y la información que circula por el espacio digital, pueda desarrollar sociedades más humanas e igualitarias, evitando las brechas que dividen a los individuos. Para ello, es importante usar las redes y la información como puente para una integración de los más necesitados de las sociedades, siendo un importante altavoz para oís sus voces frente a la opresión política o económica.

Hoy más que nunca es necesario desplegar el silencio, el individuo está lleno de sí, de un yo narcisista, pero es urgente  abrirse a la realidad del otro. Abrir espacios y crear tiempos para que los otros habiten en nuestra realidad. Pasar de una comunicación egocéntrica, propia de las sociedades disciplinarias, para dejarse hacer por los otros y por la realidad. Vivimos en un colapso del yo, donde la sobreabundancia de lo idéntico impide abrir la mirada, analizar críticamente la realidad, aminorar los tiempos para la reflexión y escuchar más, sobre todo a los sabios. Necesitamos una expedición al silencio, peregrinar a la paz del misterio. El silencio nos hace madurar, de él brotan las palabras más hondas, que son las nos permiten escuchar los susurros más finos.