Viernes, 17 de agosto de 2018

Mónika Zgustova, entre el horror, la belleza

Hay momentos en esta nuestra Feria del Libro que el aire se serena y se cubre de palabras y luz no usada, la de una mujer que sabe extraer, de la piedra del horror, la belleza

Tiene Mónika Zgustova la luz y la claridad eslava, transparencia de frases cristalinas. “Tienes mucha luz” –le dice Isabel Sánchez– porque al sol de la tarde salmantina, Zustova despliega la luminosa alegría de quien sabe del horror y cómo conjurarlo. Son las flores de Stalin, las noches de Valia, la mujer silenciada a la que ella da voz.

Charo Alonso: ¿Cómo se puede extraer belleza del horror?

Mónika Zgustova: Si la gente sabe ver belleza en el horror, el horror es menos horroroso. Incluso sumergidos en lo más profundo del horror, la capacidad de ver la belleza, lo poético, ese pequeño signo nos hace humanos.

Ch.A.: Para escribir tu libro Vestidas para un baile en la nieve entrevistaste a las supervivientes del gulag ¿Cómo te afecto aquel testimonio del horror?

M.Z.: Tenía problemas para conciliar el sueño. Llegaba al hotel y volvía a escucharlas, entonces no podía dormir. Sin embargo llegué a acostumbrarme a todo ese horror, de algún modo vives en el gulag y te acostumbras y te afecta un poco menos. Al mismo tiempo, te estás mandando mensajes acerca de lo bien que estás, que tienes que disfrutar de los pequeños placeres.

Ch.A.: Escribes novela y testimonio ¿Es más dura la ficción que la realidad?

M.Z.: Con la realidad terrible pierdes la esperanza y puedes morir, por culpa de una novela por muy terrible que sea, no mueres.

Ch.A.: Eres periodista, en estos tiempos de banalidad, de periodismo rápido, pobre ¿Es necesario volver a los grandes reportajes, a la investigación?

M.Z.: Es muy importante que los periodistas no nos dejemos llevar por la superficialidad, que nos formemos, que investiguemos, que vayamos a lo profundo. Nosotros tenemos mucha responsabilidad para seguir así.

Ch.A.: Eres periodista, novelista, traductora, escribes testimonios ¿Dónde te sientes más cómoda?

M.Z. En todo. La traducción te da muchas tablas a la hora de escribir. Si la gente que hace cursillos de escritura creativa leyera bien, en profundidad, recreando lo leído en otra lengua, no necesitaría hacer estos cursillos.

Ch.A.: ¿Cuál es tu último proyecto?

M.Z.: Estoy acabando un trabajo sobre Gala Dalí, he investigado su origen, su familia. Era una mujer apasionante y apasionada. Nunca uso la palabra musa hablando de ella, era la inspiración, Élouard, Marx Ernst y Dalí trabajaban a su lado. Era una mujer fuerte, capaz de imponerse a sus circunstancias y que rompe con la tradición. Es una mujer transgresora. El libro sale junto a una exposición que se hará en Barcelona sobre ella comisariada por Estrella de Diego.

Isabel Sánchez traza el periplo existencial de Zgustova, con mimo, admiración y conocimiento, recordando su nacimiento en Praga, su partida a los Estados Unidos, su vida en España donde traduce al castellano y al catalán a los autores rusos y checos que ha difundido sin dejar de trabajar en periódicos como El País, Avui o La Vanguardia entre otros. Y sin dejar de escribir novelas, esas seis novelas premiadas, reconocidas que nos hablan de exilio y desesperación bajo el poder de la revolución rusa. Lenguas que unen y no que separan, identidad bajo el terror ¿La belleza ayuda a mantener la vida?

Zgustova cuenta en medio de un silencio reverente, como un amigo ruso la invitó a participar de un encuentro de supervivientes del gulag estaliniano. Ella pensaba encontrar sombras en vida y halló seres vitales que se habían refugiado de los años del espanto en la literatura y en la belleza. Por eso decidió entrevistarlas. Nueve mujeres cuyos testimonios no se conocían, cuya historia Zgustova recorrió Antes, durante y después de la experiencia del gulag, porque al salir de allí fueron víctimas de la incomprensión. Fueron presas políticas en Siberia sometidas a una situación de trabajo, de durísimas condiciones y humillaciones, pero que consiguieron encontrar la belleza en medio del horror.

Las historias de las informantes de Zgustova se desarrollan en medio del silencio, como si la nieve amortiguara los sonidos de la Plaza. Porque esta mujer tiene la virtud de llevarnos a la taiga siberiana que ella conoció a través de la frontera con Finlandia, viviendo lo que aquellas mujeres a las que escuchó, veían. Historias que se hubiera perdido porque nada se sabía de las mujeres en los campos de trabajo estalinista, esclavas sexuales, presas políticas que, en ocasiones, habían sido llevadas por su relación con un disidente. Mujeres a las que los chamanes, también perseguidos, aconsejaban que debían centrarse en la belleza y que sobrevivieron buscándola en la naturaleza, en los poemas que memorizaban, en la cultura que evocaban.

A las mujere presas La cultura las humanizaba, les devolvía su dignidad. Eran todas mujeres urbanitas, con estudios, que compartían los poemas, los recuerdos de la música, de las obras de Tolstoi. La palabra escrita en el totalitarismo tiene un gran peso y la cultura era un elemento humanizador. Palabras de la autora que Isabel Sánchez, en medio del silencio de esta carpa salmantina convertida en un paisaje de silencios blancos y amaneceres rojos, convierte en una pregunta ¿Para qué leer? A la que contesta afirmando que para escapar del gulag cotidiano, para sobrevivir a las penurias diarias de un mundo cómodo. Sonriente, esta mujer de suprema elegancia afirma que así es, que aquellas mujeres sobrevivieron gracias a la cultura que daba sentido a sus vidas. Como su vida tiene sentido transmitiendo la literatura checa al mundo hispanohablante y mostrando el horror de los totalitarismos y su influencia en la vida cotidiana.

Yo siempre hablo de mujeres, es mi manera de hacer feminismo. Y trato de descubrir el horror ruso, el de Stalin, que se ha ocultado frente al horror nazi, como si uno fuera el mal absoluto y el otro el mal relativo. Habría que escribir un ensayo sobre esto, como tras la 2º Guerra Mundial los ganadores escribieron la historia. Mi trabajo consiste en demostrar que no fue del todo así.

Convertidas en protagonistas de sus novelas, reales a través de sus propios testimonios, las mujeres que sufrieron el horror del gulag estaliniano tienen en ella una voz. Una voz tan hermosa como su prosa, una voz que nos devuelve el recuerdo de lo que no debe perderse. A través de Zgustova, la voz silenciada por la nieve se abre paso en páginas de una literatura excelsa, plena de belleza, de verdad y de reconocimiento. La historia no la escriben solo los ganadores, surge con la voz del canto y se viste de reivindicación, de baile con el mejor traje. El que escribe, el que cose página a página Mónika Zgustova. El encuentro privilegiado, verdad, autenticidad, belleza. Celebrar la belleza, celebrar a Zgustova.

Charo Alonso