Martes, 21 de agosto de 2018

Manada, victima, indignación y condena delos jueces (2)

La semana pasada comentábamos el valor y el riesgo de la indignación. En este texto, la “condena social de los jueces”

Para empezar, puedo comprender algunas de las acusaciones hechas por ciudadanos y organizaciones sociales, como resultado de la Indignación,  porque la sentencia judicial no se corresponde con la hecha previamente por la prensa y estos mismos ciudadanos y organizaciones sociales. La crítica a las sentencias es saludable socialmente; pero  pretender pasar del grito  “yo te creo” (a la acusación, claro) a exigir que los jueces compartan esta postura, es no haber entendido nada de cómo debe funcionar el  sistema judicial. En todo caso, la lucha social, los gritos y las manifestaciones son necesarios en una sociedad injusta, también en el tratamiento penal de los delitos sexuales contra las mujeres y los menores de edad. Yo mismo vengo proponiendo cambios en el código penal en cuanto a  los delitos sexuales contra las menores (López, 2014, Abusos sexuales y otras formas de maltrato de maltrato sexual. Madrid. Síntesis).

Pero no puedo comprender que los partidos políticos y hasta el ministro de justicia se hayan sumado a los gritos y manifestaciones contra los jueces, con excesos que pueden aceptarse en una pancarta, pero no en boca de quienes elaboran las leyes  y gobiernan un país.

Mejoremos el código penal, sin la prisa de quienes buscan votos, y no olvidemos lo que ya comentamos la semana pasada: tenemos un problema social muy grave, por la falta de educación sexual y ética sexual y amorosa. No es suficiente con la mejora del código penal y la formación y control de los jueces por parte del Consejo General del Poder Judicial -no por el gobierno-.

Mientras tanto intentemos comprender las dificultades de los jueces para hacer justicia en un caso como éste:

  1. Dificultades objetivas: valorar los testimonios de los implicados e interpretar las conductas  no siempre es tan fácil, especialmente cuando el alcohol estuvo muy presente en los sucesos. Los jueces han podido ver, en imágenes muy deficitarias y durante un tiempo muy limitado, parte de lo sucedido; lo demás se lo han narrado los actores implicados, asesorados por sus abogados, algunos testigos que encontraron la joven después de lo sucedido, la policía y los forenses.
  2. Dificultades propias de las figuras presentes en el código penal. Hacer estas distinciones (consentimiento, agresión-violación, intimidación, prevalimiento, inocencia) presentan dificultades teóricas importantes, encuadrar lo que consideran probado en una o varias de ellas lo es más aún. Después, las penas dependen casi mecánicamente de la figura penal aplicada.
  3. Dificultades subjetivas. Los jueces son personas que, aunque debieran controlar la influencia de sus creencias  y actitudes personales, no siempre quieren y pueden hacerlo. Estas creencias subjetivas pueden tener una influencia muy importante cuando se trata de valorar testimonios y conductas sexuales.
  4. La presión social, con lo que  ha sido un juicio paralelo, también puede afectar  a algunos jueces.

En definitiva, la imparcialidad no es una actitud y conducta fácil de conseguir, ni siquiera en el caso de los jueces.

  1. No sé si es este el caso, pero los informes de los peritos propuestos por las partes, con frecuencia, no pretenden ayudar el juez, sino a su cliente, asunto poco perseguido por los colegios profesionales.
  2. El rol de los abogados está mejor definido, pero por su propia naturaleza, defienden a sus cliente, pretendiendo, esta es la expresión, “ganar el juicio”.
  3. Las sentencias son el resultado de un largo proceso en el que los jueces pueden pasar por grandes dudas, pero al redactarlas, una vez tomada la decisión, tienden a organizar la información de los hechos y su interpretación para justificar esa decisión.

Po todo, ello, en este caso, se comprende que dos jueces hagan una sentencia, la sentencia del tribunal, y otro, un voto particular tan diferente. Los tres oyeron, vieron y escucharon lo mismo, pero tomada la decisión, la información se presenta e interpreta de tal forma,   que dos deciden que los acusados merecen nueve años de prisión y uno que son inocentes. Y eso, sin hablar de la posición del fiscal. No es fácil, encajar tanta  discrepancias (la manada es inocentes, merece una pena de 9 años y 20 años) en personas que se esfuerzan en ser imparciales.

Pero no todo son malas noticias.  A favor de la imparcialidad de los jueces,  diré que  los juicios son públicos, tienen órganos de inspección y un Consejo, con más controles que la mayoría del resto de profesionales. Y lo que es más importante,  sus decisiones se pueden recurrir incluso varias veces. El propio sistema considera que hay que vigilar la posible falta de imparcialidad.

¿Recurriría usted esta sentencia, le parece excesiva, justa o que deberían declarar inocentes a los de la “manada”?