Sábado, 15 de diciembre de 2018

Charo Alonso presenta sus primeros relatos en ‘Retazos al natural’

“Me gustan los libros, la casa está llena de ellos, adoro comprarlos, regalarlos, que me los regalen, ¡y que me los publiquen!”

Charo Alonso presenta el día 9 en la Feria del Libro "Retazos al natural", su primer libro de relatos / CARMEN BORREGO

Hace tanto tiempo que conozco a Charo Alonso que no me resulta fácil definirla: caótica, pero dentro de un orden y con un entusiasmo desbordante. Charo es profesora, madre, escritora de relatos, de novela, entrevistadora de todo tipo interesante que pase cerca, columnista de opinión y creo que he dejado para el final lo que realmente la define, la curiosidad que intenta satisfacer con un sinfín de lecturas. Los libros como eje fundamental de su vida.

Capaz de pergeñar una entrevista que tiene que enviar en diez minutos, y a la que llega sofocada, porque ha tenido que hacerle unos recados a su hija. Castellana pura y dura, pero pasada por México con un resultado envidiable: han limado sus aristas, pero le han dado a cambio, una visión, un lenguaje, una forma de expresarse que la ha enriquecido notablemente… Su primer libro de relatos Retazos del natural acaba de ver la luz en Huerga&Fierro y yo les aconsejo que se arriesguen a leerlo por su bien… y no se tomen en serio lo de que no se acerca a la excelencia, ella es muy modesta, otra de sus virtudes o defectos según se mire. Un placer Charo Alonso

¿De dónde esta pasión desmedida por los libros?

Me gustan los libros, la casa está llena de ellos, adoro comprarlos, regalarlos, que me los regalen ¡Y que me los publiquen! Me gusta el objeto y sé de todas las manos que hacen este trabajo bello. Hace poco Carmen Borrego y yo entrevistamos a Lope, un hombre dedicado siempre a las Artes Gráficas y aparte de aprender mucho, me emocionó que se emocionase aún haciendo libros. El libro tiene alma, por eso me gustan las bibliotecas, las librerías, las casas con libros, la gente que lee. Por eso siempre llevo libros encima lo que es un desastre para todos mis bolsos.

Y después de mucho leer y de mucho preguntar decide escribir, bueno escribir es algo que hace desde siempre, y primero Dama Luna y ahora este Retazos del natural.

Yo escribo desde que era una niña. Este libro es fruto de la amistad de una persona que ama y trabaja la cultura, mi amiga Charo García Diego, y de la confianza infinita que han tenido conmigo dos editores históricos, independientes, de esos que hacen literatura, Charo Fierro y Antonio J. Huerga. Me han publicado sin conocerme y han hecho este libro, que como bien dicen en el colofón, está bajo sus auspicios. Les estoy a los tres eternamente agradecida, y también a Carmen Borrego, que es otra enamorada rigurosa del trabajo bien hecho, de la edición de textos, de la corrección… y una artista a la hora de hacer una portada preciosa.

“…somos ese tipo de mujeres que quieren llegar a todo, a ser madres, trabajadoras, creativas, amantes, hijas, hermanas…”

 

Dado los tiempos que corren poner una máquina de coser en la portada para quien no la conozca,  tiene un poco de provocación.

Lo de la máquina de coser fue idea mía… como son textos tan diversos no había ningún lazo que los aunara, además, eran retazos, trozos, retales… por eso pensé en la máquina. Mi padre, sus hermanos, se han dedicado casi desde niños a trabajar vendiendo y arreglando máquinas de coser, era el sonido de mi infancia. Mi madre cosía y yo he llevado las cuentas de un negocio que aún suena en mi memoria como motor laborioso. Además, hacía poco que yo le había pedido a mi padre un pie de máquina de coser para hacer una mesa y me dio uno pero con máquina incluida. Yo no estaba muy convencida, pero me obligó a cargarla en el coche y

en vez de mesa tengo una máquina del siglo pasado. Le dije a Carmen que fotografiara el hermoso pie de hierro negro, pero antes de irse tuvo una idea mejor, pusimos la máquina frente a la ventana y le hizo una última foto. Luego jugó con el color azul de mi sofá viejo en el que han saltado mi hija y todos mis sobrinos. Antonio Huerga eligió entre ambas fotos y creo que han conseguido una imagen muy potente.

Siempre Carmen ayudando, proponiendo, sugiriendo, y un viejo amor suyo este de la fotografía.

Carmen es mis ojos, a mí me gusta fotografiar, mucho, pero ahora me he rendido a la evidencia. Es un talento que tienen Carmen, que retrata el alma, y Fernando, con un ojo increíble para las composiciones. Ambos ilustran mis artículos y además, les soy felizmente infiel con otros fotógrafos de Salamanca como Amador Martín, Alex Avenida o Alberto Martín. Me gusta escribir sobre fotografía y con fotógrafos. Tengo una forma de ver el mundo y una memoria muy visuales.

Es usted una de las entrevistadoras más constantes y más trabajadoras de salamancartvaldia.  ¿De dónde ese afán por preguntar a la vieja usanza?

Yo aprendí a preguntar de Rosa Montero y de Elena Poniatowska, sobre todo de ella. Me gusta hacer entrevistas, aprender del entrevistado, inquirir, hablar del ambiente de la entrevista, del rostro de la persona, su ambiente, su obra. No sé si es porque soy una niña curiosa o qué. En la revista del cole entrevisté a Jesús Málaga, todavía recuerdo los nervios, luego a la propia Rosa Montero, a Carmen Riera, a Genaro De Nó a quien quiero reivindicar como un gran pintor de Salamanca. Ahora gracias a Salamancartv al Día, mi periódico digital, hacemos Carmen y yo entrevistas a quien se deje. Incluso hemos montado una exposición con las fotos de nuestros interlocutores. Hemos aprendido y aprendemos mucho de todos. Yo para entrevistar a alguien necesito tener curiosidad por su trabajo, admirarle. Solo me he negado una vez a entrevistar a una persona porque no me creo para nada su discurso y es que no puedo entrevistar a quien no admire, esa es la única condición.

Pero resulta usted muy generosa como entrevistadora, aunque luego pone de cara de niña buena y se le rinden a sus pies, yo reconozco la generosidad hacia sus entrevistados, y el agradecimiento a quien le permite estar en el periódico a menudo.

Le estoy muy agradecida a mi periódico como lo estoy a Batuecas y Culturas, el suplemento de Tribuna dirigido por Antonio Marcos, excelente periodista cultural para el que escribí hace mucho tiempo. Tenía un nivel increíble ese suplemento. Yo escribía sobre fotografía, libros, hacía entrevistas. Escribí para Vanidades, la revista de Filología en los años 90 y para Crónicas de Palacio. Algunos de los cuentos de este libro son de Crónicas. A José Ramón, el director, le hacía falta cubrir dos páginas y me decía “Charo, quiero un cuento de dos páginas”. Algunos hasta tienen los dibujos de Carmen. Yo soy muy bien mandada y eso lo saben bien Juan Carlos López Pinto y Miguel Corral, mis jefes. Les estoy muy agradecida de tenerme ahí de dejar que escriba sobre lo que quiera, de sugerirles excepcionales columnistas como Catalina García García-Herrero.

¿Cómo se ve y se vive el periodismo desde su atalaya privilegiada de profesora y escritora?

Creo que estamos viviendo un momento muy especial en la cultura salmantina. Todo se puede mejorar, pero creo que las instituciones apoyan, la Diputación con sus libros, el Ayuntamiento, la Fundación, ahora El Casino… y sobre todo, hay gente muy válida, talentosísima escribiendo, haciendo teatro, dirigiendo salas de exposiciones, cantando, escribiendo, tocando música… solo hay que ver la cantidad de música en directo que hay en los locales, los encuentros poéticos en las librerías, los cafés que hacen teatro, cuentacuentos… cierto que se puede mejorar, pero es un buen momento. Y por supuesto, no puedo olvidar el papel de las bibliotecas, La Casa de las Conchas, la Torrente Ballester… son sedes que dinamizan la cultura. La misma Feria del Libro es un regalo, y que se haga en la Plaza Mayor más, confío en que siempre sea así. Contar con personas tan entregadas y sabias como Paco Alonso de Bringas o Isabel Sánchez y su equipo o el equipo de Las Conchas es un privilegio para la ciudad. Ojalá que la Universidad, también presente, lo estuviera más y más imbricada con ella. Yo soy fruto de la Facultad de Filología, donde hay tantos excelentes profesores poetas, como mi amiga Ángeles Pérez López. Creo que no hay nada de lo que esté más orgullosa que de mi título de Doctor aparte de ser la mala mamá de mi niña.

¿Mala mamá? Por Dios no se fustigue.

Digo lo de mala madre porque somos ese tipo de mujeres que quieren llegar a todo, a ser madres, trabajadoras, creativas, amantes, hijas, hermanas… y al final nos quedamos a medias y nos reímos y lo mejor que podemos hacer es dejar que se acumule el polvo y largarnos a tomar una caña, eso sí, con tacones bajos porque ya no damos para más.

“…me niego a que mi hija tenga miedo en la calle, heredarle la cultura del miedo y el tú calladita”

 

¿De qué se siente más orgullosa de sus clases de sus entrevistas de sus libros, de todo lo que ha estudiado a, en, por, para… México por ejemplo?

Estoy orgullosa de todo el tiempo que le he dedicado a estudiar a Elena Poniatowska, la escritora y periodista mexicana a la que llevo encima siempre, como una piel. No hay un momento en el que no piense en ella, comparta mentalmente todo con ella. Es el amor de mi vida, la llevo dentro llena de admiración absoluta a su trabajo, a su compromiso social, a su persona entregada y divertida. No solo la estudio y la quiero, la vivo, vive conmigo, está en mi casa y en mí. La conocí en el año 92 cuando en España nadie sabía de sus libros y ahora tengo el orgullo de que sea Premio Cervantes. Eso sí, mi madre siempre me decía que tenía que estudiar a Delibes porque para verle me bastaba con el tren y no salir cada verano a México. Yo conozco México gracias a Elena, porque ella es profundamente mexicana y ahora, yo también un poquito.

¿Sabe que su libro tiene mucho de México, de su aire, de su ambiente, de su sabor?, y no lo digo solo por los relatos de Ciudad Juárez, todo el libro si lo lees a ciegas, podría estar firmado por una autora latinoamericana, mexicana para más señas

A mí México me duele, me duele esa violencia, ese espanto. Gracias a Montserrat Villar y a Maribel Elba Hernández Miranda los salmantinos sabemos del horror de Ciudad Juárez. De ahí salen tres textos que escribí para esos actos en los que participó mucha gente de la cultura salmantina, que también es solidaria, muy solidaria, de lo cual me enorgullezco. Eran textos tan terribles que después incluí los del Retablo Materno, que son un gusto porque los escribí cuando mi hija era pequeña y decía cosas como que la jota era una letra que bailaba. El Retablo Materno son textos sobre la maternidad que intentan contestar al horror de la pérdida de las niñas, las mujeres violadas y asesinadas en Ciudad Juárez.

Es un libro de mujeres, protagonistas que se te clavan en el alma, es un libro contra un sistema patriarcal y violento, una sociedad que da por naturales cosas espantosas.

Vamos a decirlo alto y claro, no es contra los hombres, es contra un mundo violento que nos discrimina, nos viola, nos mata. Lo que está sucediendo no tiene nombre, es de una ignominia clamorosa. De qué nos sirve llegar a Marte si seguimos así, asesinando a la mitad de la población. Pero siempre hay que pelear, y seguir, me niego a que mi hija tenga miedo en la calle, heredarle la cultura del miedo y el tú calladita. Mira, Charo, a mí hay cosas que me gusta mucho ser… soy la mamá de Fatema, la novia de Fernando, la profe de lengua… y soy profunda, irremediablemente feminista. No concibo que una mujer no lo sea.

¿Y el título de dónde salió, de esos retales que hoy la mitad del personal no sabe qué son?

El libro se llama Retazos del natural porque son trozos, retales, unos más largos, otros más cortos, unos poéticos, otros con cierto sentido del humor aunque yo no lo tengo. Eso sí, todos los he vivido, sentido, oído y asimilado, son del natural, absolutamente, no hay nada inventado, nada de nada ¡Bueno sí, hay una escena un tanto macabra y mexicanísima que situé en el Mercado de San Juan que no lo es! Otra cosa es que me hayan sucedido a mí, que evidentemente, no. Pero son tan reales como el paisaje frente al que se pone el pintor que hace apuntes al natural. Y con ellos quiero coser lo que está roto, suturar la herida, cicatrizar la falta. Quiero reunir los pedazos, hacer un mosaico, un tapiz. Y usar muchos, muchos colores, como las mujeres indígenas mexicanas que bordan y bordan sobre blanco con hebras de colores, ahí, en la calle, a la vista de todos.

Aunque dice que son de diferentes épocas el libro tiene una línea clara, no parece que sea de retales, sino algo muy medido, quiere decir que los temas no han cambiado tanto o que la sociedad se mueve con la lentitud de los bueyes.

Esa es la pena, que avanzamos más bien poco, ni modo. Algunos son muy antiguos, pertenecen a las revistas para las que yo escribía en los años de facultad, de doctorado. Otros son de la época en la que usábamos los microrrelatos para enseñar a los alumnos a escribir. El más reciente es un homenaje personal al perspectivismo de Henry James.

Lo cierto es que yo me esperaba una novela larga y enjundiosa, como esas que le gusta a usted leer y no relatos, me ha sorprendido muy agradablemente.

Hay amigos que me  dicen que soy una vaga porque escribo esos relatos tan cortos. Tito Monterroso decía que era un hombre pequeño que escribía relatos pequeños. Yo creo que los relatos pequeños tienen ese factor de sorpresa, de magia que es complicado de conseguir. Y los largos a veces tienen la tentación de crecer y hacerse novelas. En Salamanca tenemos a un gran escritor de relatos, Miguel Ángel Malo, que es un maestro. El relato tiene esa inmediatez, esa rapidez muy adecuada al mundo en el que vivimos, y también nos recuerda la infancia, el deseo de que nos cuenten cosas. Ojalá pueda darte pronto esa novela larga.

“Soy una profesora de enseñanza media con ganas de cambiar el sistema. Le damos poca importancia a la literatura, estamos perdidos en las reformas”

 

Hombre dígale a sus amigos que lo de vaga no lo aceptamos, desde ya, pero sí que sus lectores estamos esperando una novela.

Hay una novela, una novela que chorrea sangre porque la realidad es así, triste y directa. Ahí está siempre dispuesta a echar a volar, qué bueno que la esperen. Pero mira, ahora los importantes son los poetas, hay una eclosión de los poetas que me encanta. Aunque me confundan contigo, lo que es un desastre para ti, yo no escribo poesía, pero sí es cierto que creo que en la prosa hay una música que resuena. Y que cada texto tenga una música propia sería lo ideal en un conjunto de cuentos... cuentos que he ido recogiendo como quien hace un ramo de flores de cuneta.

No, desastre ninguno, yo tuve que jurar y perjurar la semana pasada que no era la autora de Dama Luna, hasta dudé, no le digo más,  claro que yo llevo años respondiendo afirmativamente a quien me da recuerdos o me dice que conoce a mi “hermana” Dori Ruano (que no lo es, pero como saben que tengo hermanas) porque me he hartado de dar explicaciones,  me imagino que a ella le pasará lo mismo, así que ahora ser la autora de Dama Luna… tiene más que ver conmigo que el ciclismo

Y en estos tiempo revueltos en los que nace cada semana un genio al decir de los “críticos” ¿Cómo lleva lo de ser profesora, siendo además escritora, crítica?

Es un mal negocio ser profesora de literatura, crítico literario, académico aunque yo en mi tesis fui poco académica, volvía loca a mi catedrática que tuvo conmigo una paciencia infinita, Doña Carmen Ruiz Barrionuevo. Lo es porque sabes lo que está bien escrito, lo que no, sabes lo que es bueno de verdad y que no te acercas de ninguna manera a la excelencia. Hay que tener esa humildad, pero dentro de lo que puede hacer uno, creo que los que escribimos lo hacemos porque sentimos esa necesidad inmensa de hacerlo, de compartirlo, de entregarlo, de entender del mundo a través de la escritura compartida.

A pesar de todos los palos que toca, la veo muy implicada en su labor como profesora, ese hacer ver a los otros, los alumnos en su caso, que la literatura es maravillosa e insustituible.

Soy una profesora de enseñanza media con ganas de cambiar el sistema. Le damos poca importancia a la literatura, estamos perdidos en las reformas. Para mí la asignatura es un pretexto para hacer personas, personas curiosas, inteligentes, despiertas… Transmitir aquello que amo ¡si me dejan! Ese es el problema, que a veces los alumnos se niegan a aceptar que tenemos mucho, mucho que ofrecerles, y que lo hacemos no por imponernos, ni porque sea nuestro trabajo, sino que lo hacemos con respeto, con amor. Quiero que dejes que te cuente lo hermoso que es saber quién fue Unamuno, y que me dejes decirte dónde vivía, aquí, a tu lado.

¿Y en qué piensa ahora Charo Alonso, en vacaciones, cuentos, novelas, lecturas, en cafés tranquilos conversando?

Pienso en alas y en raíces. Mis alas están en los viajes, en la literatura, en ese interés que tenemos por todo gracias a internet, gracias a los libros, al cine, a la cultura… pero me gusta sentirme arraigada a la tierra. Pienso en libros, en entrevistas, en retratos de Carmen. Pienso en el campo, por eso escribí el libro sobre Inés Luna, porque entiendo su amor al campo, a la vida labradora que estamos perdiendo y que fue la de mi infancia. Salamanca es el territorio del corazón, mi ciudad, mi provincia, el campo, la labor, la tierra. Siento, como dice Juanje, el concejal de Monleras, que tenemos que retornar a la vida del campo, a una forma de vivir más sencilla, más cercana. Yo le debo mucho a Inés Luna, me enseñó Traguntía, que es un rinconcito de la provincia que adoro, me trajo a los profesores Alfredo García y Eladio Sanz, me dio la oportunidad de escribir desde las raíces. Nunca me canso de hablar de Inés Luna. Nunca me canso de hablar contigo.

Texto: Charo Ruano

Rep. gráfico: Carmen Borrego