Martes, 21 de agosto de 2018

Insomnios y sueños

La vida está llena de insomnios. Pagar la factura de la luz o del agua con una pensión tan baja. El proyecto de investigación que no acaba de aprobarse. El calentamiento global. El asesino y violador que sesga de pronto la vida de alguien que tan solo volvía de un rato de asueto. También quitan el sueño los salarios misérrimos, los jefes miserables, los acosadores en el trabajo o en la escuela, la violencia de género, el maltrato sea a quien sea, todo tipo de abusos, los contratos basura, los que esquilman las arcas públicas, los que mienten, engañan, prometen e incumplen. Insomnios terribles, que no dejan a un niño dormir por la noche. A veces es un espantoso león entre las cortinas. O una serpiente bajo la cama. A menudo, se puede enhebrar el sueño tras airear los visillos, mirar bajo el lecho, detrás de la puerta, dentro del armario… y habiendo regado la cara de besos y el cuerpo de abrazos. A veces son los Reyes Magos los que vemos en casa por los nervios de su inminente llegada… Alguna vez, es la bruja mala con manos capaces (terrible azada) de matar a un niño que nadaba tranquilamente en su vida cotidiana. Insomnios duros y tremendos nos martillean con las frecuentes imágenes del mundo desequilibrado en que vivimos, que se ceba en los más vulnerables. Hay padres y madres que les abandonan en coches o en casa solos a tierna edad. Recién nacidos que son arrojados a contenedores. Abusos de todo tipo en redes sociales… y en directo. Maltratos y palizas hasta matarlos. Dejadez y omisión de funciones de los adultos a cuyo cargo están en lo que llamamos sociedad civilizada. Insomnios inevitables si pensamos en los niños que habitan mundos donde no hay ni lo primario y básico, en los niños de la guerra que se quedan sin nada, desvalidos, desprotegidos, en el vacío, con miradas más dignas y más limpias y más fuertes que las que veremos jamás, para afrontar el caos, la infamia, la muerte y el abandono más atroz de sus derechos, de sus mundos de niño, y se ven obligados a instalarse en una fortaleza sobrehumana para sobrevivir, apenas subsistir… Qué terrible insomnio, ¡qué insoportable crueldad la del mundo de hoy para con ellos! Vagando con miradas de hambre entre las ruinas pulverizadas de lo que fue su hogar, el centro de sus vidas, su referencia y sustento de alma y cuerpo…

La vida, por suerte, también tiene pinceladas de sueños. Sueños alcanzados y sueños por venir. El proyecto que se aprueba. El amor que se comparte. Las páginas del libro en que se navega y verá la luz. El gesto de cariño. La luna llena que nos alberga. La luz del salón que se ve desde la calle y nos habla y nos cuenta historias de amor y pasión, de vida en familia, de satisfacción. Sueños de niños que nadan libres una y otra vez en nuestros recuerdos. Sueños de manifestante, que espera lograr un mundo mejor. Sueños silenciosos, que trabajan con intensidad y sigilo para cambiar tantas cosas... Manos cercanas, cuidadosas, amorosas o amantes. Manos ofrecidas y manos saludadas. Manos enlazadas. Sueños de gorriones que mi cabeza alcanzan. Paseos en bici o por la playa, del brazo cogidos, cabeza en la almohada. Besos a escondidas, besos en guirnalda. Banderas de PAZ, de paloma blanca. Mares sin residuos, arena dorada.

Quería escribir. Soñaba en la infancia, volaba en las nubes, sin armas ni lanza. Volaba de joven sueños de esperanza. Volaba y soñaba, sueños y nostalgia. Insomnios y sueños. Sueños de esperanza.