Sábado, 19 de septiembre de 2020

“Sobreponerme al accidente fue el reto más grande que he vivido como torero y como persona”

Juan José, en una entrevista para SALAMANCA AL DÍA en La Fuente de San Esteban | FOTOS: Pablo Angular

Los que lo vieron torear recuerdan su genuina mano izquierda. Recuerdan también su poso, su sobriedad, su clasicismo. Juan José es torero hoy y lo será siempre. Conserva su seriedad de entonces, su señorío.   
Nos recibe en un bar de la Fuente de San Esteban, esa localidad tan pura, tan torera, punto de encuentro durante tantos años de centenares de toreros en busca de un sueño y referente taurino en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta. 
De frente, un torero que estos días vive entre emociones la efeméride que marca que hace 50 años decidió ser matador de toros. Hace algo más de medio siglo que un niño que apenas había salido de Fuente de San Esteban tuvo claro que quería seguir los pasos de su vecino, Paco Pallarés. Apostó con fuerza y ganó. También sufrió, como casi siempre ocurre, pues el destino no quiso ser justo con su grandeza. 
Con tan solo quince años de edad se enfundó su primer traje de luces en la pequeña localidad segoviana de Coca, el día 14 de agosto de 1967. En su afán de llegar cuanto antes al escalafón superior, el día 14 de enero de 1968 se anunció por vez primera con picadores en un festejo en Orihuela. Esa misma temporada, concretamente el 11 de agosto de 1968, fruto de su meteórica carrera tomó la alternativa en Manzanares (Ciudad Real) con sólo 17 años, convirtiéndose en el diestro más joven de la historia que recibió la borla de matador. 
Un año después, manteniendo su velocísima progresión, compareció en la primera plaza del mundo la validez de su doctorado en tauromaquia. Fue el 17 de mayo de 1969, fecha en la que Juan José hizo el paseíllo con Santiago Martín Sánchez ‘El Viti’ como padrino y Paquirri en calidad de testigo, ante un encierro marcado con el hierro de Galache.
La prometedora carrera de Juan José quedó desgraciadamente truncada al año siguiente, cuando un accidente de circulación en Aranda de Duero volviendo de torear de Pamplona le produjo graves lesiones en la vista. Su raza y su empeño hicieron que se sobrepusiera a todo eso y en menos de dos meses volvió a ponerse el traje de luces, pero con esa tarde del 7 de julio como punto de inflexión. Un episodio que marcó al Juan José hombre, al Juan José torero, pero que no impidió que su nombre esté escrito con letra mayúscula en la historia del toreo charro. 


¿Qué recuerdos vienen a su cabeza si echa la vista atrás a ese año 1967?
Son recuerdos de una época preciosa. Yo era un niño y veía ese sentir taurino cada día aquí en la Fuente. Recuerdo esa fiebre que despertaba El Cordobés, esa importancia que se le daba a los toreros, esa forma de vida… y me influyó mucho también que en esos años Paco Pallarés empezaba como novillero. 
Con 10 u 11 años me dejaban torear en los mataderos de aquí y ahí empezó todo. Viví con una intensidad muy grande. Yo no había salido de la Fuente de San Esteban, solo había visto una novillada en Salamanca que recuerdo que la toreaban Monaguillo, José Fuentes y Pallarés. Fue una etapa maravillosa. 


¿Qué personas le apoyaron en su momento para que aquel niño que apuntaba maneras pudiera ponerse el traje de luces y torear su primer novillo?
Hubo varias personas. En mi etapa de aprendizaje recuerdo con especial cariño la figura de Antonio Díez, era un muy buen aficionado, toreaba muy bien pero no quiso ser torero, era practicante en Boadilla. Él fue el que me llevaba a los tentaderos, me metió el toreo en la cabeza. Y luego en los inicios es importante también mencionar a Pepe ‘El Güevero’, banderillero que toreaba mucho por diferentes municipios y conocía muchos empresarios, y gracias a él llego la oportunidad de debutar como novillero en Coca el 16 de agosto de 1967, al año siguiente debuté con picadores en Orihuela y en agosto de ese mismo año ya me hice matador de todos. 


En su caso, el paso a matador de toros no supuso el parón natural con el que todos se encuentran ahora. Otros tiempos…
La verdad es que yo no lo noté, al revés. Ese año había toreado como 20 novilladas antes de tomar la alternativa y tras la alternativa toreé más de 30 corridas de toros. Al año siguiente, más de 40 corridas, por lo que el ascenso fue brutal. Todo muy rápido. 


Su confirmación como matador de toros en Las Ventas fue uno de los muchos triunfos en esa primera plaza del mundo. Una afición que le esperaba. ¿Qué ha supuesto Madrid en su carrera?

Cuando hago balance de las tardes más emocionantes guardo precisamente esa confirmación en Madrid, la impresión haciendo el paseíllo recuerdo que fue algo maravilloso, algo gratificante, sentí algo increíble. Madrid para mí ha sido siempre importante por mi forma de interpretar el toreo, y hubiera cortado muchas orejas más allí porque tuve actuaciones muy importantes pero mi punto débil fue la espada, la espada me ha robado muchísimos triunfos en una cantidad importante de tardes.  


Aún con ese pesar con la espada, apuntaba a torero grande. Todo meteórico hasta que llega esa tarde del 7 de julio de 1971, y el accidente de circulación a la altura de Aranda de Duero, viniendo de Pamplona. 
Ahí todo dio un cambio. Persona y torero. Imagínate, un joven de 19 años, normal, con una carrera positiva… físicamente me afectó mucho. Levantarme y mirarme al espejo era un trance muy duro. Como torero, había que superar las distancias, no era nada lo mismo, ni coger un vaso de agua o un vaso de vino porque me lo echaba encima. Tuve que mentalizarme mucho, coger las distancias, prepararme si quería seguir… Los primeros días fueron horribles. Superar eso fue el reto más grande que yo he logrado como persona y como torero. 
Cuando salí del Hospital tras el accidente le dije a mi gente que quería ir conduciento yo, cogí el coche, atravesé todo Madrid, la Gran Vía, y vine hasta aquí conduciendo. Como persona poco a poco lo fui superando, trabajé muchos ejercicios para captar las distancias, torear muchas becerras y torear mucho de salón. Tengo el accidente el 7 de junio y reaparezco en agosto. 


Reaparece en agosto en la localidad riojana de Haro un mano a mano con Palomo Linares. Un amigo dentro y fuera ¿cómo fue esa relación entre ambos? 
La amistad que tenía con Sebastián era muy grande. Surgió a raíz de mi apoderado Manolo Lozano y él ya estaba apoderado por sus hermanos. Recuerdo siempre una anécdota. Cuando Manuel decide apoderarme, me lleva al Grand Hotel y ese día Palomo Linares había toreado una corrida benéfica. Cuando me lo presentaron, Sebastián, con la forma que tenía de hablar, pregunto: ¿y ese paleto de dónde es?. A raíz de eso, aunque parezca raro, nos hicimos íntimos amigos (risas). 
Sebastián vivía en Alameda de la Sagra con unas tías suyas, los hermanos Lozano quisieron que creciéramos juntos como toreros y estuvimos mucho tiempo viviendo juntos en temporadas, multitud de vivencias, de tentaderos. Y se mantuvo a lo largo de los años, cuando Sebastián se hizo ‘El Palomar’  lo mismo, entraba y salía de su casa como de la mía, fue una amistad muy bonita y muy intensa por las muchas tardes que vivimos y porque fuimos capaces de mantenerla retirados ya de los ruedos.


¿Y Julio Robles? ¿Cómo fue su relación con el diestro? Unidos desde pequeños hasta por el mismo pupitre de clase… 
Así es. Julio y yo éramos amigos desde niños, éramos quintos, compartíamos clase y como anécdota, fíjate si estábamos unidos que en el momento de hacer el servicio militar obligatorio, de más de 20 chavales que estábamos en el pueblo solo a Julio y a mí nos tocó ir a África, yo ya había sufrido el accidente y me libre pero a Julio le tocó (risas).
Como persona tenía ese toque rebelde, era un poco temperamental y  tenía su genio. Como torero, grandioso, un fenómeno. 


Muchas tardes juntas en el recuerdo. Muchos aún recuerdan esos duelos de los dos toreros de La Fuente en Salamanca. ¿Cómo son los recuerdos en La Glorieta?
Fue otra etapa preciosa, el pueblo quedaba vacío.  Hubo años en los que la empresa no fue justa y entré por la puerta de atrás pero salí por la Puerta Grande. Durante muchos años no me ponían en la Feria y hubo una movida que decían que si la corrida estaba toreada, uno de los toreros se quitó y me llamaron para entrar y dije que sí después de 6 años sin ponerme, estuve muy bien y luego ya me pusieron varios años y conseguí entrar en el cartel famoso de Robles, Capea y yo. 


¿Cómo se toma la decisión de dejar los ruedos y apostar por la formación como fundador y director de la Escuela Taurina de Salamanca?
Llevaba ya unos años toreando muy poco, tenía 35 años y veía que mi carrera ya no iba a despegar y es cuando me ofrecen, gracias al maestro Santiago Martín ‘El Viti’, que fuera yo quien tomara las riendas de ese proyecto, aunque aún así seguí otros dos o tres años toreando siendo profesor. 


Otro reto profesional… 
Empezar a aprender a enseñar, que no es fácil; el torero se sabe pero luego hay que saberlo explicar, son muchos chicos y cada uno diferente. Enseñando  aprendí mucho. Cuando me lo propusieron, la escuela de Madrid estaba ya funcionando, era el año 1985. La lideraba Enrique Martín Arranz que, casualidades de la vida, toreé con él la primera vez en público. Antes de aceptar me fui unos días a Madrid a conocer como era ahí el día a día y me gustó, y acepté. 
De los 29 años en la Escuela Taurina de Salamanca me quedo con que conseguimos que los alumnos, una vez que estaban preparados, pudieran torear. Ahora parece algo obvio pero lo que nos encontrábamos entonces es que nosotros teníamos preparados a los chicos, pero no sabíamos cómo podían torear. En los pueblos los empresarios le pedían dinero para torear, novillos grandísimos, y logramos que con el presupuesto que teníamos, se subvencionara a los ayuntamientos para poner al chico con novillos que fueran supervisados con nosotros, y esa fue una de las decisiones de las que más orgulloso me siento. A los chavales que teníamos preparados ya los podíamos poner a torear, gratis para ellos, y así podían empezar a torear. Lo ideal sería que se hubiera podido hacer lo mismo en las novilladas con picadores, pero ahí ya es más difícil porque la cantidad de dinero ya es mucho más alta.


¿Algún alumno que le marcara especialmente?
Son muchos, todos. Yo cuando voy por ahí y me los encuentro porque me paran, todos al verme se alegran mucho y me llena de orgullo porque creo que el esfuerzo que hice se ha visto recompensado. Son muchos los que valoran lo que les influí no solo como toreros si no también como personas, yo siempre le decía: primero personas y luego toreros. Siempre insistí en el respeto. 


Los valores del toreo…
Son fundamentales. Se está perdiendo el romanticismo del torero, se está poniendo todo demasiado moderno, del respeto justo y se ha perdido el sacrificio a la profesión. Se tienen que respetar las normas 
Acabó en la Escuela y empezó otro reto, el del apoderamiento de la mano de Alejandro Marcos. ¿Cómo se llega esa decisión? 
Se llega porque creo que ser apoderado es creer en producto, en este caso creí en el toreo de Alejandro Marcos, me he movido todo lo que he podido y más. A veces el producto no se ha sabido vender y yo creo que es un chico que puede llegar a ser buen torero, él ha creído conveniente buscar otras fuentes y otra persona para estar a su lado y yo no le he puesto ningún impedimento.


Lo cierto es que como apoderado los datos también le avalan…
Yo creo que sí. No olvidemos que como novillero Alejandro Marcos ha ido 6 tardes a Madrid, ha ido a Bilbao, a Santander, a Arganda, a Algemesí, a Arnedo, a todas las plazas importantes. Por lo que sea, las cosas no salieron bien. Es verdad que no ha tenido mucha suerte con los lotes, con la espada tiene un problemón y le ha faltado romper, pero si él se mantiene cuidándose todavía puede llegar porque tiene cualidades. 
Por mi parte no ha faltado dedicación. Todos los días tienes que estar llamando, y siempre excusas. Ha habido otro factor importante con Alejandro y es que en el momento que salió él surgieron Garrido, Roca Rey, Ginés, Álvaro Lorenzo, Galdós… 6 de los cuales todos están funcionando. Ahora no hay nadie. De hecho a Alejandro le han puesto en novilladas que las han hecho de 6 por hacerme a mí un favor, por ponerlo, como en Santander, o aquí en Salamanca. Yo me he movido muchísimo, mi conciencia está tranquila.


¿El detonante puede haber sido Madrid?
Sí, puede ser, al no conseguir este año la confirmación en Madrid a lo mejor… no lo sé.


¿Le hubiera gustado seguir?
Sí, aunque la verdad es que estaba un poco cansado porque estaba preocupado. Todo el día llamando y ver que no salían las cosas me hacía sentir muy mal. Él me lo planteó y yo lo entendí. Con Jorge Manrique puede estar bien. Jorge le puso el año pasado en Mayorga, le vio torear y creo que es el día que mejor ha estado Alejandro, ese día y en Guadarrama, son las dos veces que mejor lo he visto. Supongo que habrá venido por ahí. 


¿Cómo es su día a día hoy? 
Mi vida es muy normal, muy tranquila. Me levanto por la mañana, voy a hacer ejercicio… estoy escribiendo cosas que me acuerdo de mi época como matador de toros para dejar todo por escrito.


¿Qué balance hace de estos 50 años?
El conjunto es positivo, me hubiera gustado ser mucho más pero estoy contento. Soñar con ser torero fue una de las etapas más bonitas siendo un chaval con 13 años. La trayectoria ha sido buena y sobre todo limpia. Por donde voy soy respetado, y con eso me quedo.