Lunes, 20 de agosto de 2018

El mejor año de mi vida

Hace 25 años viví el mejor año de mi vida. Fue en la sierra norte de Perú, en una pequeña ciudad del departamento de Cajamarca, en la meseta de Acunta, en mi Chota soñada, estrenando Radio Santa Mónica.

Hace 25 años llevaba toda una vida queriendo ser misionero y periodista. Cinco lustros hace ya desde que un provincial de los Agustinos Recoletos me regalase el mejor de los castigos. 

Doce horas tardaba el ómnibus desde Chiclayo hasta la Plaza de Armas chotana. Diez horas emitíamos en Santa Mónica si el transmisor no se fundía, si teníamos combustible y si la municipalidad cumplía los horarios de suministro eléctrico.

Santa Mónica se convirtió, en su primer año, en la compañía que todos estaban esperando. Era la voz de la Iglesia llegando a cada persona, en cada caserío de cada comunidad de modo simultáneo. Era el teléfono que no existía (apenas había un centenar de abonados a Entel Perú en la capital chotana). Era la escuela cuando no acudían los maestros a las zonas alejadas y el misionero que apenas podía visitar las comunidades una vez al año.

Hace 25 años viví en las ondas del arcoíris el mejor año de mi vida. Transmitíamos “vía santílite” cada vez que grabábamos en cinta algún programa que después enviábamos por correo postal para que lo escucharan en España, desde donde nos ayudaban. No había internet. Hace 25 años tampoco teníamos unidad móvil pero  lo suplíamos con dos walkie-talkies con los que éramos capaces de entrar en directo desde la plaza de El Vizcaíno durante la feria taurina de San Juan. 

Fue el mejor año de mi vida, el primer año de la radio. Monseñor Carmelo Martínez era el Administrador Apostólico de la prelatura y nos tocó recibir a Monseñor Emiliano Cisneros como nuevo obispo de Chota con un programa especial desde los salones parroquiales tirando cables desde los antiguos estudios de Santa Mónica. Hace ya 25 años de ese año mágico que coincidió con la captura televisada de Abimael Guzmán, con la visita en helicóptero del presidente Fujimori a Chota. A mí me pilló en Paccha y Chadín. Fue en Semana Santa. Ese año el Barcelona llegó con 0-3 al descanso en el Calderón y el Atleti remontó en la segunda parte: 4-3. Un año mágico y maravilloso. Fue la temporada 93-94, yo llegue con 22 años, jugué en el equipo de futbolito de Chota, trabajé en el penal, di cursillos de catequistas, talleres a profesores, ejercicios espirituales a sacerdotes, organizamos el I Encuentro de Jóvenes en Tacabamba, presentaba cada sábado “La vida es joven”, publicaba cada semana la hoja parroquial  “El Sembrador”, si tenia que poner huaynos a última hora nunca faltaba “El jilguero del Huascarán”, enviaba crónicas al boletín provincial, bautizaba, rezaba el Ángelus a las doce en directo, oficiaba funerales en la catedral y despedíamos la emisión leyendo la vida de un santo.

Me nombraron rondero de honor, me regalaron un poncho a medida y un sombrero de palma. Y disfrutaba a diario con los comunicados propios de una emisora popular campesina: “Atención Utchuclachulit, atención Utchuclachulit, mensaje para la familia del catequista Uriel...”

Hace 25 años que me encontré con Dios a  2.380 metros de altura, muy cerca del cielo, en las ondas del arcoíris, en Radio Santa Mónica. Hace 25 años viví el mejor año de mi vida.