Martes, 21 de agosto de 2018

Renuncio a ser juez de jueces

Lo primero que le habrá rondado por la cabeza a cualquier espécimen del sexo masculino que sienta vergüenza ajena de “La Manada” es el hecho de no creer en absoluto que fuera una locura transitoria de cinco individuos, cinco, pues, que se sepa, ninguno alzó la voz para exclamar: “¡qué estamos haciendo! ¡estamos locos!”. “¿Todos estamos locos?”

Pero si nadie de “La Manada” pensó que “la presa”, el trofeo, era una joven en la frontera de la inocencia a la que el carné le engañaba, si todos creyeron que con dieciocho años era mayor para irse con cinco hombres y, sin ser profesional del sexo, estaba en sus cabales de disfrutar de una sesión de sadomasoquismo, ¿qué hacen esas “criaturas” en la cárcel?

Quizá fuera éste el pensamiento del juez que pidió la absolución. Aunque ni imaginamos el escándalo que hubiera supuesto que la mayoría de los jueces hubieran prescrito en el mismo sentido y hubieran estudiado en la misma Universidad.

Como demanda de lo anterior, a los profanos en derecho penal alguien nos debería de explicar por qué las sentencias pueden ser tan diferentes dependiendo del juez que las estudie.

Sobre esta de “La Manada” se nos ocurre que, si debemos “creer” en el veredicto de “abuso” y a la vez estamos obligados a no cuestionar las decisiones judiciales, es posible que esto nos llevara a la mayor de las inocencias. Por tanto, no queda otra: recurran a la propia Justicia.

Y, mientras, al menos deben entender una cosa: “si no califican la sentencia de ‘violación’, que para la mayoría de la gente es de libro, al menos la calificación de ‘abuso’ en absoluto es ejemplarizante para los violadores en potencia”.

Violación y violencia comparten la misma raíz, y si cinco tíos como castillos arrinconan a una mujer, se aprovechan de la desigualdad de fuerzas y sólo le dejan la puerta de la sumisión para salir de allí sin daños físicos aparentes -no hemos visto el vídeo ni queremos verlo-, aunque apenas se mencionen los psíquicos, ¿eso no es violación?

A mí no me gusta hablar de esto, hasta nos gustaría estar en otro planeta para no hacerlo, pero estamos en éste, y aquí, en estos días, quizá no exista noticia que haya movilizado mayor número de manifestantes que la presente y por tanto no debemos pasarla por alto. Pero al mismo tiempo tampoco somos personas que queramos que alguien se pudra en la cárcel. Las penas tienen que ser, si no ponderadas en su totalidad respecto de la Fiscalía, de los ciudadanos, de la acusación y de la defensa [si así fuera, meteríamos los distintos argumentos en una coctelera] , sí justas, y esto, dicho por distintos juristas, no se da en esta sentencia.

EJEMPLOS

Vayamos con unos ejemplos de casos por violación publicados en la Prensa y tomemos alguna idea de las equivocadas razones que se han dado en el caso de “La Manada”. En primer lugar, para el juez que insinúa un presunto “gozo por parte de la víctima”, nos referiremos al caso de un individuo condenado a 12 años por agresión sexual con penetración y que, arrepentido, se apuntó en la cárcel a un programa de terapia para violadores. Se trataba de grupos de diez individuos y al principio el interno entró con cortedad, pero los veteranos, como en cada caso, esperaban explicaciones de los nuevos. Y, al decir el individuo en cuestión “cuando terminé, ella me dijo que había disfrutado”, enseguida, con una media sonrisa, hasta donde les permitían, el resto de presos le contestó: “¿Idiota, no te das cuenta de que lo comentó para que la dejaras en paz?”.

Otro caso, uno de los sucesos llegados al periódico donde servidor trabajaba y que más me impresionaron (viene a cuento por el hecho de que los jueces valoren en demasía el oponer resistencia por parte de las víctimas), le ocurrió a una joven que, al negarse a mantener relaciones sexuales, el violador le arrancó los ojos (como era un conocido de la pandilla, puede ser que, encaprichado de los bellos e irresistibles ojos de la joven, si no eran para él no serían para nadie). A este individuo lo condenaron a 25 años de cárcel por los delitos probados de intento de agresión sexual y asesinato en grado de tentativa. Tiempo después, hubo seguimiento de la noticia y el personaje se había distinguido como un gran atleta saliendo a competir fuera del centro penitenciario, mientras ella seguía y seguirá para el resto de su vida con el bastón y el perro. Este hecho ocurrió hace 18 años; el individuo ya estará en la calle. 

Sin embargo, aun reconociendo los distintos grados de interpretar la justicia, nadie duda de la necesidad de la Justicia y de su peso. Sin ella volveríamos a las cavernas. ¡Cuántos linchamientos no existirían! Traigamos el ejemplo de un hecho ocurrido hace solo cinco años en un recóndito lugar de un país que disfruta de nuestro idioma. Imagino que muchos lectores lo recordarán por el eco mediático que supuso en todo el mundo.

Un chico de 17 años violó a una joven de 37 cuando casualmente se encontraron solos en el campo. Al parecer, pertenecían a dos familias que estaban enfrentadas por la propiedad de unas tierras. El odio con el que había crecido el joven se convirtió en venganza y, solos en aquel paraje, se tomó la justicia violándola cobardemente.

Pero su acción no quedó ahí, sino que una vez consumado el atropello, le metió tierra en la boca como símbolo de “si tanto luchas por la tierra, ahora te la comes” -posiblemente en un juicio togado no hubiera habido ánimo de matarla-, pero fue tal la cantidad de tierra que la hizo tragar, que la joven murió de asfixia.

Descubierto el suceso, el joven fue detenido por los familiares y amigos de la víctima y le aplicaron las costumbres ancestrales de los indígenas, haciéndole permanecer 24 horas de velorio junto a la caja de la desdichada. Pero nada bueno se presagiaba, y en aquel contexto a nadie se le ocurriría, solidificado el odio, acudir a ninguna justicia oficial, la justicia comunitaria ya había tomado su decisión.

Llegado el momento del entierro, amordazado, detrás del ataúd, atado de pies y manos, semiarrastrado y haciendo esfuerzos inútiles por escaparse de un destino escrito en la ley de las estrellas, todos seguían el ceremonial en pulcro silencio. El hoyo estaba ya abierto, y a continuación de la caja, bajaron dos hombres para colocar al joven bocabajo para que su cara quedara mirando el ataúd de la muchacha. El cuerpo, atado al féretro, se retorcía mientras le echaban tierra encima, y así estuvieron un buen rato hasta que los estertores dejaron de mover el suelo. Nadie se santiguó por él. ¿Fue justa la justicia o es necesaria la Justicia civilizada?