Domingo, 23 de septiembre de 2018

En la España actual, salvo excepciones, NO es SÍ

Este fenómeno de comunicación pública, por el que un NO se convierte en un SÍ mediante la mentira o manipulación, genera una gran confusión en todos los ciudadanos. Miles de mujeres españolas han salido los días pasados a la calle a gritar que UN NO ES UN NO, por ejemplo, cuando una mujer expresa su deseo de no acceder, ni ser molestada o agredida o invadida, cuando un hombre expresa un deseo hacia ella, que ella no comparte. Pero han tenido que gritarlo miles de veces, pues numerosos hombres ( incluso los redactores o intérpretes de leyes penales sobre delitos sexuales) no lo tienen, o más exactamente, no quieren tenerlo claro.

En otras aspectos de la convivencia y las negociaciones públicas hemos sido testigos de cómo un NO se metamorfoseaba en un SÍ en pocos días. Por ejemplo, muy recientemente: el presidente del gobierno declara a los miles de jubilados que se manifiestan pidiendo unas jubilaciones dignas y un incremento anual de las existentes, al menos como la subida del IPC, que “NO es posible la subida de las pensiones más del 0,25%”. Y a los pocos días, como consecuencia de negociaciones con el PNV, el gobierno decide subir el porcentaje pedido y exigido por los pensionistas.

Menos reciente, pero aún vigente la metamorfosis de un No en un SÍ: el famoso de Pedro Sánchez, secretario general del PSOE proclamando a los cuatro vientos que su “NO ES NO” a apoyar el gobierno de Rajoy. A los pocos días el Psoe, a través de su abstención, apoyó la permanencia del gobierno de Rajoy y apoyó también otras graves actuaciones políticas, que siguen sin resolverse. Su NO  ha sido un SÍ descarado.

Si en las conversaciones de la vida cotidiana, con nuestros amigos, socios, vecinos, hijos…decimos un sí, pensando a la vez en un “no”, “la cosa no funciona”, como diría Woody Allen. La comunicación se hace imposible, los conflictos están anunciados, la desconfianza  sustituirá   a la confianza y nos convertiremos en un país de mentirosos.

Tal como está la situación, se impone una campaña, tan importante como cualquier campaña a favor del medio ambiente,  a favor de la expresión de la verdad: haciendo ver las grandes ventajas para la salud mental de la población y el desarrollo del país, el no tener miedo a ser sinceros, a estar orgullosos de serlo, a rechazar la mentira. Si no por principios morales, al menos por egoísmo, deberíamos comprender que decir la verdad nos es mucho más rentable que mentir.