Sábado, 24 de agosto de 2019

Trapos sucios

Para ocupar un cargo político, lo sabe muy bien la ya expresidenta Cristina Cifuentes, no se necesita ninguna titulación, basta con que el presidente de turno decida, dejemos a un lado las razones que influyeron en su caso, recompensar, complacer, favorecer o premiar a alguien, y esta señora no ha tenido ninguna dificultad para escalar puestos hasta llegar a la Presidencia de la Comunidad de Madrid.

Tampoco es que a los ciudadanos nos preocupe demasiado que nuestros políticos tengan muchos o pocos títulos, lo que los ciudadanos queremos es que sean serios, responsables, honrados, o sea, lo contrario de lo que no se cansan de demostrarnos que son.

El último ejemplo es el escándalo de su misterioso máster, un máster que tiene pero cuyo título, con tanto cambio de casa, no aparece ni vivo ni muerto, que sin asistir a las clases tiene todas las asignaturas aprobadas, que  los profesores no han firmado las notas, pero que las notas están firmadas, y lo más triste todavía: la actitud de la Universidad Rey Juan Carlos. Primero que busca el texto pero que el texto no aparece, después que existe pero que no puede hacerlo público sin el permiso de la exalumna, y finalmente que nombrará una comisión para que investigue los hechos. ¡Vaya lío!

De este escándalo solo quedan dos cosas claras: que los másteres, hoy por hoy, más que para formar a los alumnos, sirven para que las universidades tapen agujeros, y que cualquiera que como ella quiera adornar su expediente académico y tenga dinero e influencias puede comprar un título.

Por todo esto, la ya expresidenta Cristina Cifuentes, no tenía que haber dimitido, algo a lo que su partido la ha obligado para no perder, de momento, la presidencia de la comunidad madrileña ante el anuncio de una moción de censura, debería haber sido cesada, y si es cierto que todos somos iguales ante la ley, como dice su partido, sin derecho a seguir viviendo del cargo, que es lo que le pasa a cualquier español cuando es despedido de su trabajo.

Pero hay algo en lo que le sobra razón a esta señora: más que librar a los madrileños de una presidenta que falsifica documentos y manga cremas en un hipermercado como cualquier ladronzuelo, la mano invisible que ha movido estos hilos, con toda probabilidad de su mismo partido, pretendía destruirla como persona y acabar con su vertiginosa carrera política. ¿Por qué no denunció los hechos en su momento? ¿Es que eran compañeros de trapicheos y han dejado de cuadrarle las cuentas? ¿Sabremos su nombre y apellidos? ¿Será capaz de denunciarlo?, porque hacer público el vídeo del hurto de sus cremas a estas alturas y en este momento, además de ser un gesto cargado de muy mala intención, podría incurrir en varios delitos. Y puestos a pensar, porque visto lo visto, cualquier cosa puede esperarse de nuestros políticos, ¿no será un invento para defenderse de lo indefendible?  

Digan lo que digan las investigaciones abiertas, si es que llegan a decir algo, lo que  está claro es que dentro de su partido hay tantos trapos sucios que a su amigo Rajoy, más que lavarlos, le conviene tirarlos.