Domingo, 16 de diciembre de 2018

Felipe Lázaro y su Cuba en el recuerdo

Mi querido hermano Felipe Lázaro (Güines, 1948), poeta y editor cubano, lleva 58 años en el exilio. A finales de 2017 publicó su libro Invisibles triángulos de muerte. Con Cuba en la memoria, el cual contiene 14 relatos y un epílogo. Cedo mi columna para difundir este texto último, donde esboza algo de la cruda realidad del régimen que gobierna su patria.

Felipe salió de Cuba en agosto de 1960. Entre 1961 y 1967 residió en Puerto Rico y, desde entonces, en España. Es Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y graduado en la Escuela Diplomática de España. Fue uno de los fundadores de las revistas madrileñas Testimonio (1968), La Burbuja (1984) y Encuentro de la cultura cubana (1996); además del periódico La Prensa del Caribe (1997). Perteneció al Consejo Editorial de la Revista Hispano Cubana y del Boletín del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, publicados en la capital española. En 1987 obtuvo la Beca Cintas y fundó la editorial Betania. Autor de seis poemarios, de varios libros sobre Gastón Baquero y de diversas antologías sobre la poesía cubana del exilio. Sus últimos títulos publicados son: Indómitas al sol. Cinco poetas cubanas de Nueva York. Antología crítica (2011), Conversaciones con Gastón Baquero (2014) y Tiempo de exilio. Antología poética, 1974-2016 (2016).

En Invisibles triángulos de muerte. Con Cuba en la memoria, reúne catorce relatos que transcurren en su ciudad natal (Güines), donde rememora su infancia en los convulsos finales de la década de los 50 y en los dos vertiginosos primeros años de la Revolución cubana, a principios de los 60. Memoria y autoficción se aúnan en este libro, para conformar un retablo de cuentos que plasman una viva remembranza de una Cuba ida, pasada, que contrasta con las ruinas actuales –de toda la Isla– y que, en definitiva, confirma el innegable fracaso del régimen del 59. Recuerdos y creación que se unen en este puñado de narraciones y confeccionan el mosaico de una cuentística de la nostalgia y de la niñez.

Réquiem por un régimen obsoleto

(Felipe Lázaro)

Como sabes, en Cuba no hay ferreterías privadas, ni establecimientos comerciales, donde la población pueda comprar un impermeable, un martillo y unos cuantos clavos… Ni pensar en adquirir madera, láminas de zinc o cemento, ni nada

imprescindible para cualquier obra. La pregunta es, ¿cómo se puede reconstruir en un país donde apenas hay construcción? El Estado está sobrepasado por esta crisis que puede ir a peor, pues solo se suceden los derrumbes de inmuebles viejos por toda la Isla y el pueblo, para conseguir los materiales que

necesita, recurre al trueque, al mercado negro o a robarle a las pocas empresas estatales.

Texto de un e-mail, recibido desde Cuba.

 

Después de dar por terminado este libro, he decidido añadirle unas breves palabras para finalizarlo con algunas ideas o razonamientos sobre la actual realidad cubana.

Este pasado verano, como en años anteriores (o desde los orígenes de la Isla), Cuba se ha visto azotada por otro violento huracán (Irma) que ha devastado la ya de por sí paupérrima infraestructura habitacional de la Isla, el anticuado sistema eléctrico, la pobre agricultura isleña y han perjudicado de manera notable al pueblo llano, a los más necesitados, a los más pobres y humildes del país. Encima, si la situación nacional era grave (a nivel económico, educacional, de la salud pública, etcétera), ahora lo es aún más. Sobre todo en un país donde todo (o casi todo) está en manos del Estado y no existen compañías de seguros o aseguradoras privadas que indemnicen los daños ni tampoco operan empresas constructoras o constructores que trabajen por su cuenta y no pertenezcan al sector estatal para poder reparar o reconstruir las casas y edificios dañados. ¡Todo está en manos del nuevo patrón: el Estado! Esto agrava muchísimo toda posible y urgente reconstrucción; además de que el régimen castrista es incapaz de afrontar ni solucionar dicho desastre mayúsculo que le sobrepasa, ya que la realidad es que todavía quedan damnificados y zonas enteras (pueblos interiores del oriente cubano) que no han recibido las ayudas para mitigar los destrozos de ciclones anteriores (recordemos a Sandy) y lo todavía más grave: el país no está en condiciones ni preparado para superar ningún otro desastre climatológico que se produzca en el futuro.

Tras el paso de Irma todos los medios de comunicación internacionales han resaltado esta tragedia climática, pero muy pocos han señalado que el verdadero culpable de la situación actual de Cuba no son los iterables huracanes o ciclones que cada año han azotado al país (como el terrible Flora, que en 1965 no dañó más la Isla porque todavía toda la infraestructura habitacional prerrevolucionaria estaba intacta y era relativamente de reciente construcción), sino el castrismo que hace 58 años azota al pueblo cubano y que ha sido más perjudicial para el país que todos los desastres naturales pasados (y venideros). Lo que arrasó y arruinó a la sociedad y a la economía cubana prerrevolucionaria fueron los hechos revolucionarios y los responsables de esta gran catástrofe nacional son los dirigentes máximos, desde el mismo primero de enero… implantando un socialismo estalinista que dura hasta nuestros días y que se ha convertido en un inmenso tapón que no soluciona e impide toda reconstrucción, todo progreso y, lo más importante, la posible y necesaria convivencia de todos los cubanos.

La Revolución cubana, o sea el régimen del 59, es hoy un cadáver que necesita ser enterrado y cuanto antes, mejor, para poder solucionar la problemática nacional actual, aunque ya se sabe que hace tiempo está en el basurero de la Historia. La casta militar castrista (que se ha apropiado de la inmensa mayoría de los medios de producción –eso sí, en nombre del pueblo– y que dilapida y mal administra la plusvalía de esa economía estatal-socialista) intenta mantenerse en el poder de un Estado (suyo), atrincherados en un nefasto y, a todas luces, condenable nepotismo; esperando otra sucesión tras la sucesión mayor, que intenta perpetuar –de forma vitalicia– a la nomenclatura familiar del castrismo.

Hoy en día, recorre la Isla un cadáver andante, que ya solo es un autómata, ni siquiera es un fantasma. Un régimen caduco, ya sin discurso, sin relato y sin legitimidad. El único partido legal, el comunista (desgraciadamente todavía en el poder desde 1965) se ha desinflado y es cada vez más superfluo. Para colmo, es como si no hubiese gobierno en el país (pues el raulismo no resuelve ni propone nada nuevo, ¡y no sale de Palacio!) y al Estado monopolista solo le queda el caparazón institucional, pues hasta su nombre ya es una entelequia y en la actualidad nacional solo funciona la represión. ¡Eso sí que funciona! Aunque se atisban grietas: la población va perdiendo el miedo a hablar, a protestar; va aumentando la oposición interna (la disidencia) y el éxodo de jóvenes cubanos no cesa.

Ante esta problemática actual, la Cuba futura se debate entre la siguiente disyuntiva: seguir con el mismo modelo excluyente, de socialismo estatal y de pensamiento único (más bien militarizado) que ya ha fracasado, pues ni siquiera funcionó en otras naciones, o comenzar a construir un nuevo proyecto de país, una República plural, donde todos los cubanos podamos convivir en paz, con solidaridad y progreso.

Foto del vallisoletano Eduardo Margareto