Martes, 25 de febrero de 2020

Día de asueto

Un día de asueto nos ha arrancado de la rutina diaria, nos ha abierto el corazón, y ha reforzado nuestra amistad y convivencia

Hace pocos días celebrábamos en Salamanca el tradicional lunes de aguas. Podríamos considerar la jornada del lunes de aguas como día de asueto. Un día de asueto no es exactamente lo mismo que un día de fiesta.

El asueto es una jornada de descanso o de ruptura del trabajo o de la rutina de cada día. Gozar de un día de asueto suele ser un tipo de actividad favorable para la persona o el grupo que pueden acceder a ella.

Gozar de un día de asueto puede aplicarse a un colegio, a una escuela, o hasta a una residencia de mayores, como es nuestro caso. El día 25 de abril, nuestra residencia diocesana ha tenido la suerte o la oportunidad de gozar de un día de asueto.

Suele ser normal y frecuente que en las residencias de mayores se disfrute de vez en cuando de algún día de éstos. Este tipo de actividad rompe la rutina de cada día, y es necesario gozar de ella de vez en cuando.

Nuestra residencia diocesana, de la que formamos parte unos treinta sacerdotes, mayores de setenta años (alguno de más de noventa) y unas diez hermanas de sacerdotes, también de edad avanzada, ha tenido este tipo de experiencia por última vez el pasado día 25 de abril, desplazándose en autobús a la localidad del Pedroso de Armuña.

La actividad no ha sido muy diferente de las que suelen realizarse en otros días o en jornadas ordinarios. Pero ha tenido la peculiaridad de realizarse fuera de casa. En la iglesia parroquial de San Pedro celebramos la misa de la fiesta del día, la del evangelista San Marcos, presidida por el párroco y, a la vez, director de la residencia diocesana D. Justo Crespo.

Después tuvimos como actividad cultural una visita al pequeño pero interesante museo del ferrocarril que un hijo del pueblo ha montado y sigue completando en una de las escuelas del pueblo.

Y, finalmente, disfrutamos de una comida de fraternidad, con unas magníficas lentejas de la tierra y unas exquisitas carnes y pescados, en un restaurante del próximo pueblo de Parada de Rubiales.

A media tarde, nos trasladamos de nuevo a nuestra residencia para seguir la actividad ordinaria en la misma.

Un verdadero día de asueto, que nos ha arrancado de nuestra rutina diaria, nos ha abierto el corazón, y nos ha reforzado la amistad y la convivencia, dejándonos con ganas de volver a repetir pronto éste o similar día de asueto.

Buscar medios de enriquecer a las personas, y de renovar los cuerpos y los espíritus, es algo muy conveniente en cualquier grupo humano, y es imprescindible llevarlo a cabo en toda residencia, más si es de mayores, para romper la monotonía y alargar el horizonte más allá de las paredes, a veces estrechas, de la misma residencia.

Agradecemos a la dirección de la nuestra la oportunidad que nos han proporcionado en este día de asueto, y esperamos que días similares nos sean ofrecidos con alguna frecuencia, lo cual favorecerá la imagen del tratamiento humano que se debe proporcionar a toda persona, mucho más si se trata de personas mayores, que necesitan el apoyo de los que los atienden, y de los cercanos, cuidadores o familiares. Que se repita.