Viernes, 22 de noviembre de 2019

Contra los fascismos

El otro día, buenos amigos me recomendaron Para combatir esta era. Consideraciones urgentes sobre el fascismo y el humanismo, de Rob Riemen (Taurus). Aún no lo acabo pero les aseguro que es un libro al que calificaría de imprescindible.

El fascismo tiene muchas caras, muchos rostros. Puede cambiarlos, incluso, como puede cambiar el signo, que no es otra cosa que la perspectiva. Sobre todo, puede engañarnos, “camelarnos”, “llevarnos al huerto”… y la explicación puede estar en la frase que encontrarán cerrando este artículo.

Así pues, hoy le robo frases a ese libro que menciono, no como resumen sino, espero, como aperitivo para que lo lean. 

En Para combatir esta era…, Riemen habla de los fascismos históricos, desde luego, pero según yo lo hace para que, reflexionando sobre ellos, analicemos la realidad. Por eso hago mío el verso de W. H Auden que también cita Riemen: “Lo único que tengo es una voz/para deshacer la mentira y sus dobleces”: son tiempos de definiciones.

“Nuestra época recuerda la de la decadencia griega: todo subsiste, pero nadie cree ya en las viejas formas. Han desaparecido los vínculos espirituales que las legitimaban y toda la época se nos aparece tragicómica: trágica porque sombría, cómica porque aún subsiste”. (Kierkegaard)

“La civilización caerá, no porque sea inevitable, sino porque las élites gobernantes no responden adecuadamente a las circunstancias cambiantes o solo atienden a sus intereses propios”. (Toynbee)

“Las democracias liberales se han convertido en su contrario: democracias de masas privadas de su espíritu democrático”.

“En esa cultura social hay una inercia constante hacia lo más bajo, pues es ahí donde se encuentra el denominador común de la población. Es por eso que se desploman los niveles de exigencia de la educación universitaria, para que “todos” puedan estudiar –y graduarse–. Y en lo que se refiere al arte, debe ser accesible para todos, pero no solo económicamente, también en términos de significado: debe ser entendible. El rencor más profundo se dirige hacia todo lo que sea difícil”.

“El origen del fascismo está firmemente enraizado en el culto del resentimiento y en el vacío que este llena en la sociedad”.

“La cuestión es que los seres humanos somos tan irracionales como racionales, y el fascismo es el cultivo político de nuestros peores sentimientos irracionales: el resentimiento, el odio, la xenofobia, el deseo de poder y el miedo”.

“El fascismo no puede ser combatido si no reconocemos que no es más que el lado estúpido, patético y frustrado de nosotros mismos, y del cual debemos estar avergonzados”.

 

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