El penúltimo escarnio

Nadie debe rasgarse las vestiduras ante el último comunicado de la banda terrorista ETA. Pretender sinceridad y buenas intenciones de quienes llevan más de 60 años causando muerte y dolor a todos los rincones de España, haciendo gala de un imperturbable cinismo y empleando un lenguaje que, de antemano, conoce su completa falsedad, es como pedir peras al olmo. Solamente podrán sentirse defraudados los demasiado ingenuos.

El mismo cinismo con que se ha desenvuelto ETA a lo largo de estos años, es el que exhibe en la redacción del panfleto que ha vomitado en GARA. Por mucho que uno se esfuerce en encontrar algo de verdad o buenos propósitos en el texto, nada resiste ni el mejor intencionado análisis. Como también era de esperar, tampoco debe sorprendernos que algún sector de nuestra sociedad encuentre aspectos positivos donde los demás no los vemos. El matiz es mucho más grave cuando alguna de esas visiones optimistas las expresan compañeros de las víctimas. Si alguien está pensando en aquello de poner la otra mejilla, habrá que recordar que Jesús no pregonó entre los suyos la pasividad como respuesta, sino huir de la venganza personal. Cuando tuvo que rebelarse contra el abuso, también cogió el látigo para expulsar del templo a quienes  lo habían prostituido.

Ni una sola de las frases de  ese comunicado se ajusta a la verdad. En primer lugar, ETA siempre se ha arrogado la representatividad de todo el pueblo vasco. La fuerza mayor que ha adquirido la banda con el paso de los años se la ha proporcionado el pánico que consiguió infundir desde el principio. Sin la extorsión y la muerte, ETA  se habría evaporado en muy poco tiempo. Sin el dinero sacado del impuesto revolucionario y de los atracos, muchos de los jóvenes incorporados a los comandos no habrían dispuesto de los medios necesarios para hacer atractiva esa forma de vivir. No hace falta haber leído “Patria” para saber que, uniendo a los pocos años de un joven sin oficio, la posibilidad de disponer de ingentes cantidades de dinero, armas, mujeres, salir al extranjero y buena fama entre los suyos, los dirigentes de la banda siempre contarían con los hombres suficientes para cometer las barbaridades que los encomendaran.

Mientras contaron con la vista gorda que ejerció Francia, tuvimos que padecer una verdadera sangría que resultaba muy difícil de evitar. Las FCSE, además de moverse en un terreno adverso (la banda contó, desde el principio, con el apoyo de un sector de la población vasca y de algunas instituciones), se encontraban con la dificultad añadida de una frontera muy próxima, que facilitaba la rápida huida de los asesinos. ETA siempre emplea el término “bandos” para referirse a los dos lados de la lucha, cuando la realidad es que sólo existía uno, el suyo, los demás eran los que oponían la nuca o los bajos de su coche. Fueron los terribles años del plomo, en los que la banda consiguió aterrorizar a toda una nación que, tal vez, no contó con la ayuda y comprensión exterior que se merecía. A pesar de todo, con mayor o menor eficacia, se siguió persiguiendo a los culpables y se pudo detener a no pocos etarras.

Cuando los gobiernos de Francia comprendieron que el problema vasco les salpicaba, los santuarios fueron desapareciendo a la vez que algunos países sudamericanos servían de madriguera para otras fieras etarras. La colaboración exterior y la reconocida eficacia de nuestras FCSE fueron mermando las fuerzas de ETA, al tiempo que muchos de sus componentes acababan en las cárceles españolas. Esta efectividad en el combate a ETA, unida a una política penitenciaria en consonancia con la gravedad de las penas, supuso tal golpe a la banda que llegó a tambalear el tesón y valentía de algunos etarras presos. Al final, esa lucha que nos ha costado más de ochocientos muertos, ha llegado a su fin como consecuencia de la derrota total de ETA; no por su deseo de dejar las armas –que todavía no lo han hecho-. El monstruo ha sido derrotado, pero no así su credo. Basta leer el comunicado para darse cuenta del escarnio. Ni se dan por vencidos, ni piden perdón a TODAS  las víctimas - ¿alguna víctima era culpable?-  ni se identifican los dirigentes, ni se muestran decididos a colaborar con la Justicia para aplicar la ley a los responsables de los más de trescientos asesinatos sin resolver.

Así las cosas, quien quiera creer en la sinceridad de lo que se expresa en ese comunicado, es muy dueño de hacerlo. Permítanme que, intentando honrar la memoria de todas las víctimas, yo tampoco me lo crea esta vez. Y ya me adelanto para manifestar que he llamado a éste el penúltimo escarnio porque, animada por sus palmeros, estoy convencido que aún le quedan a ETA otros paripés. El próximo será con observadores internacionales y caraduras a sueldo, pregonando su disolución y final de actividades. Tampoco lo creeré porque no saben hacer nada sin mentir..