Sábado, 22 de septiembre de 2018

Esta salvaje pesadilla

 Para Ricardo Robledo, por el título... y más.

Posiblemente los actuales gobernantes de este país, una de las generaciones de políticos más detestables e incompetentes de que quien esto firma tiene memoria, hayan decidido que el ninguneo y el desdén, en concreto y en abstracto, hacia las necesidades sociales y los actos de justicia, sean buen camino para dejar claro su desprecio por lo que detestan (también, por cierto, contribuyen a dejar claro el desprecio que a nosotros esos gobernantes nos provocan). En el caso del reconocimiento moral, jurídico e histórico a las víctimas del franquismo y respecto a la reparación y justicia a que tienen derecho los luchadores republicanos muertos por la libertad y sus familiares y deudos, los gobernantes actuales de este país han decidido que es mejor la indignidad del desprecio que la aplicación de la justicia. Así, mientras el presidente del gobierno español, en un (otro) vomitivo ejercicio de hipocresía, firma condolencias y se hace fotos de turista en el memorial argentino que Buenos Aires ofrenda a las víctimas de las dictaduras fascistas que asolaron la patria de Borges, en España su mismo gobierno ignora sistemáticamente a las, mucho más numerosas, víctimas del franquismo, insulta a sus herederos, desprecia a sus defensores y se niega  y hasta prohíbe investigar las atrocidades y crímenes de cuarenta años de oscuridad y sufrimiento, vacía de contenido, de proyecto y de labor (y se jacta de vaciar de presupuesto) la aplicación y cumplimiento de la Ley de la Memoria Histórica (que, por imperativo legal, tendría que reconocer y ayudar a descubrir los desmanes de la dictadura fascista que asoló este país), y en una abyecta pirueta de la más pura adulteración de la verdad, predica una especie de equidistancia entre víctimas y verdugos de la guerra civil y la dictadura maleducando, desinformando, mintiendo, tergiversando, inventando, ocultando, manipulando o tratando de reescribir también con la mendaz tinta de la indiferencia, la historia del más sanguinario y homicida período de la historia reciente de una España ya para siempre herida por el franquismo e insultada por sus herederos.

El descaro con el que la derecha reaccionaria española desprecia las peticiones de reparación de las víctimas de la dictadura franquista y niega u obstaculiza la participación de la administración pública –como sería su obligación- en la elucidación de la verdad (búsqueda de asesinados en fosas comunes y enterramientos sin registro, identificaciones y reconocimientos de personas, cargos y circunstancias participantes en la guerra civil o perseguidas en la dictadura, investigación de enormes robos y saqueos origen de enormes propiedades ilegales, procesamiento y juicio de culpables con nombres y apellidos, de colaboracionistas y cómplices con la criminal rebelión fascista, restitución a sus dueños de propiedades legítimas, indemnizaciones y, sobre todo, iniciar el inaplazable proceso general al franquismo), constituye no solo un obstáculo absoluto a cualquier reconciliación, sino una de las vergüenzas más notables que tienen lugar en el ámbito de los países llamados democráticos, porque está haciendo que este país no sea tomado jamás en serio y marcándolo con un estigma de provisionalidad en sus principios, de informalidad y de arbitrariedad en la aplicación de las leyes y, consecuentemente, en el ejercicio y respeto a los valores democráticos que, mientras ministros y cortesanos entonan el ardoroso cantar legionario al crucificado, están provocando y son el origen de la desconfianza, el rechazo y la sospecha que suscita en el exterior cualquier decisión judicial española relacionada con el reconocimiento de derechos y el respeto a las exigencias democráticas. Véanse, para más información, los periódicos del día.