Martes, 14 de agosto de 2018

Las otras mujeres del deporte

Jorge García nos introduce en los nuevos roles de la mujer en el deporte en otras parcelas distintas a la propia práctica deportiva en sí
Maruca Allones, primera mujer árbitro de hockey, en la noticia de prensa.

Semanas atrás hablábamos de la entrada de la mujer en el ámbito directivo. E incidíamos también en el salto cualitativo de las deportistas españolas en las competiciones olímpicas, una parcela del deporte donde se ha logrado la paridad participativa y, sobre todo, donde se han conseguido los mayores éxitos para el colectivo femenino.

Esa situación, poco a poco, también se está consiguiendo en otras parcelas del deporte profesional, aunque quizá, por olvido o por reconocimiento mediático, todavía no tiene visibilidad. Nos referimos al arbitraje y la dirección deportiva por parte de mujeres. Un lugar donde las féminas también reclaman su espacio para conseguir la igualdad en el deporte.

Hasta ahora, era muy común ver a hombres entrenar o dirigir las competiciones femeninas. Ahora son ellas las que lo hacen. Todavía no son muchas, pero sí las suficientes para que su número sea considerable y para servir como referencia a otras muchas mujeres. Algunas, además, lo han conseguido en la parcela masculina, y eso es un paso adelante para la normalización en el deporte. Los ejemplos que hoy voy a visibilizar son simplemente la punta del iceberg, pues por debajo de ellas hay cientos de compañeras que ya tienen su titulación y que están esperando a ser contratadas para ejercer con total profesionalidad. Mientras tanto, acumulan experiencia en el campo amateur.

En este artículo vamos a empezar hablando de árbitras, por eso no puede faltar Maruca Allones, la primera juez de hockey en España. Una mujer que se formó deportivamente en Inglaterra, y que se convirtió en leyenda durante los años treinta al dirigir partidos masculinos. Ahora, ochenta años después, tras el parón de la dictadura y sus coletazos, le relevan mujeres como Raquel González, Esperanza Mendoza o Alhambra Nievas, dignas herederas de ese cargo.

Raquel González Ruano, tras seis años de arbitraje en la división de honor de fútbol sala, es la máxima representante del balompié español. Los mejores jugadores del mundo han tenido que acatar sus decisiones, y desde hace tiempo su buen hacer le ha llevado a dirigir encuentros internacionales de la FIFA. Esperanza Mendoza, tras varios meses en la liga Endesa, también ha conseguido llegar a lo más alto en su oficio. Lo ha hecho dirigiendo un encuentro internacional en la Eurocopa. Su caso no es el primero en la ACB, pero sí muy importante para consolidar a la mujer en el baloncesto nacional. Antes de que ella debutara en la máxima división, Pilar Landeira y Anna Cardús ya habían obtenido ese galardón. La primera en los años noventa, y la segunda, durante quince temporadas consecutivas, en este siglo XXI. Alhambra Nievas, por su parte, todavía ha ido más lejos. Su presencia en los campos de rugby no ha pasado desapercibida para nadie, y no solo se ha convertido en la primera mujer en arbitrar un encuentro internacional masculino —el derbi entre Finlandia y Noruega para acceder al Europeo— sino que ha conseguido ser nombrada mejor colegiada del mundo tras su excelente trabajo en los Juegos Olímpicos, competición donde dirigió la final. Una condición que le ha llevado a obtener la Medalla de Bronce al Mérito Deportivo y que le está permitiendo vivir del deporte, arbitrando de manera profesional en la división de honor masculina y en numerosos partidos internacionales. Ellas tres son algunas de nuestras colegiadas, y su labor es equiparable a la de Bibiana Steinhaus, la primera trencilla de la Bundesliga alemana de fútbol.

Si hablamos de entrenadoras, el nivel no desciende. Y en España, en la parcela técnica, se están comenzando a dar pasos de gigante en las competiciones masculinas. Una de las primeras en saltar a la palestra fue la entrenadora de baloncesto Carme Lluveras. Hace quince años, tras ganar la liga femenina y haber conseguido éxitos increíbles con el Aracena masculino —cuatro ascensos hasta la Liga EBA—, tomó la decisión de hablar con la junta directiva del F.C. Barcelona para solicitar su incorporación al cuerpo técnico del equipo masculino. No la dejaron, así que no se lo pensó dos veces y se marchó a Málaga. Allí, bajo el staff de Sergio Scariolo, entrenó a los hombres del Unicaja con el cargo de asistente voluntaria. A pesar de no tener licencia, no tuvo problemas laborales. De hecho fue el año que más trabajó en su vida. El actual seleccionador no la tenía para estar sentada en una silla, sino para que Jorge Garbajosa, hoy presidente de la Federación Nacional, mejorara su juego. Anna Montañana le ha seguido los pasos. Esta temporada, tras una vida plagada de éxitos deportivos ­—selección española, Ros Casares, Perfumerías Avenida—, se ha convertido en segunda entrenadora del Fuenlabrada, equipo de la ACB. Y ese puesto, al tener licencia federativa, la ha convertido en la primera mujer que ocupa un banquillo en la historia del baloncesto español. Un hecho que ella misma ha querido normalizar, igual que sucedió tiempo atrás con Becky Hammon, la primera mujer en entrenar a un equipo masculino de la NBA, los San Antonio Spurs.

En el mundo del fútbol, más allá de Helena Costa —entrenadora portuguesa del Clermont francés—, Chan Yuen Ting —única técnica en la Liga de Campeones asiática—, Corinne Diacre —mejor entrenadora de la segunda división francesa —, Carolina Morace —encargada del Viterbese de tercera división italiana— y Patrizia Panico —seleccionadora italiana sub 16—, tres mujeres destacan por encima del resto en España. Elena Fernández, la antigua portera del Rayo y del Atlético de Madrid, es una de las privilegiadas. Y su fichaje por el Adarve de Segunda División B, la ha convertido en la primera entrenadora de porteros de un equipo profesional. Patricia González, tras formarse como analista para la UEFA y la FIFA, es otra de las que se ha labrado un futuro en el balompié; sobre todo tras su paso por las selecciones sub 19 y sub 21 de Azerbaiyán. Ahora, gracias a esos trabajos, dirige, coordina y gestiona a las distintas selecciones madrileñas. Por su parte, en la disciplina de fútbol sala, Marta García Gil se ha ganado a pulso su presencia entre las entrenadoras más reconocidas de nuestro país. Con menos de treinta años, esta profesora de educación física ha conseguido el máximo título profesional —nivel 3 UEFA— y ha llevado varias veces a su equipo a la copa de España juvenil; recogiendo el testigo de la granadina Meritxell Rubio. Marta, además de dirigir magistralmente al conjunto masculino de Segovia —campeón de liga—, colabora en la principal revista del país analizando los tiempos muertos de los distintos equipos de la Liga Nacional de Fútbol Sala.

Pero más allá del deporte rey, hay otros muchos casos. Y cada vez comienzan a ser más habituales. Conchita Martínez ya lo ha comprobado, pues fue nombrada seleccionadora nacional de tenis; tanto en la categoría masculina como en femenina. Y ese hito, a pesar del desagradable final, permitió que se normalizara la situación de ver a una mujer dirigiendo a hombres. Un acto que desde hace años venía realizando su colega Amélie Mauresmo, la entrenadora de Andy Murray. La francesa, llevando a su pupilo al número uno del tenis mundial, ha puesto de manifiesto, igual que la española Alhambra Nievas, que se puede tener éxito en el deporte independientemente del sexo.

Por último y para concluir este artículo, hemos de mencionar a la ex seleccionadora femenina de Madrid: Oti Camacho, que actualmente entrena a los Titanes —equipo de rugby masculino de tercera división—. Ella, con esfuerzo y humildad, ha seguido los pasos iniciados por Audrey Zitter, entrenadora de Los Diablos Rojos de Montpellier —equipo de la segunda división francesa—, Elena Groposila, entrenadora francesa del Dijon de balonmano, y Katie Sowers, entrenadora asistente de los San Francisco 49ers, el equipo más potente de fútbol americano.