Lunes, 9 de diciembre de 2019

Mareando la perdiz

Bueno, pues parece que los independentistas catalanes pasan al plan C. Primero lo intentaron con Carles Puigdemont, en la actualidad fugado, residiendo en la casa de la República de Waterloo y que ha mutado transformándose  en un expresidente de “plasma”. La segunda opción fue el Sr. Jordi Sànchez, de la Asamblea Nacional Catalan (ANC), en prisión y a quien el juez nego permiso para asistir a su posible investidura. En estos últimos días el candidato es Jordi Turull, en libertad condicional, que ha declarado que harán "todo lo posible" para ser investido, pero tendrá que ser rápido porque puede que el magistrado, tras tomarle declaración, decida su encarcelamiento. Y claro, uno se pregunta ¿pero es que en el bloque independentista no hay gente que pueda optar al cargo sin encontrase en una  situación, digamos, anómala?

En mi opinión se trata de una nueva acción, planificada por los directores de orquesta del procés catalán, para seguir mareando la perdiz. Para continuar paseando sus lazos y bufandas amarillas por Europa, para mantener la tensión con el Gobierno de España, para dilatar en el tiempo las explicaciones que, tarde o temprano, les exigirán tanto sus votantes y el resto de catalanes, con las que seguro intentaran justificar sus disparatadas actuaciones desde un patriotismo separatista mal entendido, porque todos, ellos también, sabemos que este ya esperpéntico[i] procés, sino está muerto sí se encuentra en situación de coma inducido por cerrazón de las partes.

El “sufrido” Artur Más y su círculo, embaucaron a muchos en la ilusoria creencia de que era posible la República Catalana, una república que seguro nunca renunció a presidir. Una república que al igual que la ínsula Barataria que deseaba gobernar Sancho Panza, sólo fue fruto de la ambición humana. Desear que Cataluña sea un estado repúblicano es un anhelo legítimo, pero les han perdido las formas, los procedimientos, porque en el seno de un Estado de Derecho hay que respetar las leyes, aun aceptado que el Gobierno del Sr. Rajoy tiene una gran responsabilidad en todo esto por inacción y sordera política y democrática.

El presidente del Parlament, Roger Torrent creo que ya no sabe que más puede hacer. Las partes no se ponen de acuerdo y las divisiones internas en bloque nacionalista son cada día más evidentes y mientras la CUP sigue anclada en una abstención que no facilita las cosas. Hace unos días Rosa María Sardá exigía a los políticos catalanes: "Que dejen de jugar a ver quién la tiene más larga"

Debo reconocer que ya me aburre el tema que, si es posible, evito los debates sobre la cuestión en radio y televisión. ¡Siempre los mismos actores, siempre los mismos argumentos, siempre los mismos reproches!. ¡Ya está bien, oiga!. Los propios ciudadanos catalanes independentistas o no, tienen que poner fin a esta rancia historia porque lo que se necesita, lo que necesitan cada vez con más urgencia, es un gobierno que gobierne. Un gobierno que tome decisiones, que actúe y cuyos parlamentarios no se limite a celebrar rondas de contactos con el Sr. Torret para proponer candidatos imposibles. Los partidarios de la independencia saben que no cuentan con el necesario y suficiente apoyo social, lo que anula su pretendida legitimidad y su pone en cuestión el cacareado mensaje de que representa al pueblo catalán.

Y es que hoy esa simbólica y efímera república catalana resulta hoy menos creible que la Tabarnia que preside el Molt Honorable Boadella. El sarcasmo y el humor son buenas armas, armas muy serias y que pueden contener muchos elementos para la reflexión. En palabras de Emilio Temprano: El humor es el antídoto ante cualquier fanatismo. El hombre deja de ser un animal miserable cuando se ríe de sí mismo. Quién no sabe reírse de sí mismo suele ser un soberbio[ii]. Pues eso, dejen ya de marear la perdiz y pónganse a trabajar que es para lo que les pagamos.

 


[i] Esperpento: Género literario que se caracteriza por la presentación de una realidad deformada y grotesca y la degradación de los valores consagrados a una situación ridícula.

[ii] Emilio Temprano. La Vanguardia, 8-12-1999