Martes, 25 de febrero de 2020

Primavera

Manuel Muiños sugiere, en su pregón, la actitud espiritual y el compromiso social con que han de ser vividas las procesiones

La primavera ha venido. Nadie sabe cómo ha sido”. Menos todavía cuando, aunque haya llegado la primavera astrofísica, sigue sin aparecer la primavera real, que se muestra en la temperatura que ronda los 15 grados centígrados, o en el comienzo de la aparición de los primeros brotes de hojas o flores en los árboles, especialmente los frutales.

Y estamos llegando a la luna llena, la primera luna llena de primavera, que marca la celebración de la Pascua, desde las celebraciones propias del pueblo de Israel, hasta las celebraciones heredadas en las iglesias cristianas.

La Pascua es el acontecimiento celebrativo más importante de los cristianos, como lo era ya para los judíos. Ellos conmemoraban el hecho de la liberación de la esclavitud de Egipto, bajo el dominio de los faraones, mientras que los cristianos celebramos la liberación definitiva de los pecados y limitaciones humanas, sellada por la Resurrección de Cristo, que ha vencido al pecado y la muerte con la aceptación y padecimiento de su condena a muerte y sus sufrimientos de condena y padecimiento de cruz, a través de la cual alcanzó su propia liberación y la nuestra mediante la recuperación de la vida y la propia resurrección.

Estos días santos de la primera luna llena de primavera se manifiestan mediante las celebraciones litúrgicas propias de la Semana Santa, y las manifestaciones populares de las bellas y atrayentes procesiones que muestran y pasean los diversos cuadros y pasos procesionales, en nuestro caso elevados a la categoría de interés internacional.

A estas celebraciones populares les da paso el pronunciamiento del anual Pregón de la Semana Santa. Este pregón tenía lugar el pasado martes con un teatro Liceo repleto de personas, cofrades y devotos, que acudíamos a escuchar la invitación a celebrar con devoción, profundidad y respeto todas las manifestaciones festivas de la Semana Mayor, como se la llamaba tradicionalmente entre los especialistas litúrgicos del tiempo supremo de las manifestaciones propias del año litúrgico.

El Pregón de este año, bien armado y pronunciado nítidamente y con profundo sentimiento por su autor, el sacerdote de Salamanca Manuel Muiños, repasó paso a paso, y nunca mejor dicho, las diversas estampas de las procesiones de la Semana Santa salmantina, situando a cada una de ellas en el lugar físico correspondiente, y sugiriendo la actitud espiritual y el compromiso social con que han de ser vividas.

Estaban presentes las autoridades civiles locales y regionales del ámbito político y judicial. En cuanto al ámbito religioso, nos honraban con su presencia los obispos de Salamanca y Ciudad Rodrigo. Y, por supuesto, los representantes de las diversas Cofradías de Penitencia, con el presidente de la Junta Diocesana de Cofradías, que era la organizadora y la convocante oficial

Al terminar la función, mientras nos entregaban individualmente a cada uno el libro impreso con el pregón, el saludo del presidente de Cofradías y la presentación del autor y orador del discurso semanasantero, los presentes nos deshacíamos en elogios del hermoso y trascendental pregón. Alguien observaba la difícil tarea y desafío que le queda a la Junta de Semana Santa para encontrar un pregonero similar para el año próximo, que no se encuentre con el listón tan alto que no se atreva a pronunciar un nuevo pregón. Esperemos que se pueda encontrar a alguien que pueda superar con dignidad el reto que queda abierto por el pregonero del presente año.

Primavera física, pascua espiritual. Esperemos que de la Pascua no se pueda decir que ha venido y nadie sabe cómo ha sido. Felices y provechosos días.