Domingo, 25 de agosto de 2019

Cuanto más dice saber la neurociencia sobre el cerebro, más ignorancia hay sobre la conducta humana.

En los últimos años hay una ola o amplísima “moda” de información exhaustiva sobre numerosos y supuestos descubrimientos científicos del cerebro humano que explicarían la mayor parte de nuestras conductas, patologías, adicciones, sentimientos…como si estuviéramos en una nueva época de la ciencia, prometedora, esperanzadora y revolucionaria.

Desde mi punto de vista de  psicólogo y ciudadano informado de los avances de las ciencias del comportamiento, esta nueva era de las neurociencias, está llena de importantes errores de trasmisión en cuanto a los juicios y consecuencias que supuestamente conllevan sus descubrimientos.

El mayor error, decisivo, es hablar de estos descubrimientos del comportamiento cerebral como si fueran la causa o ellos mismos explicaran  las manifestaciones de muchas conductas humanas: este discurso implica volver de nuevo al dualismo mente/ cuerpo, cerebro/sujeto humano, que durante siglos se ha mantenido por parte de las ciencias médicas, la psiquiatría específicamente y una parte de la psicología.

Pongamos un ejemplo: afirmar que un sujeto está deprimido porque su cerebro tiene un défícit de tal sustancia o se comporta de una manera específica, es un error tan burdo como decir que el sentimiento de tristeza produce modificaciones irreversibles  en el organismo humano.

Muchos siglos ha costado llegar a entender la unidad indisoluble mente-cuerpo, la visión psicosomática de la medicina, la teoría psicoanalítica del inconsciente humano, para que se quiera de nuevo volver atrás y predicar que la bioquímica o el funcionamiento neuronal es la base ( en el sentido de causa) de nuestras conductas. Si esto fuera así la industria farmacéutica estaría de enhorabuena: todas las esperanzas de bienestar del ser humano se depositarían en ella.

Pero la unidad psicosomática y el papel limitado de nuestras razones y de nuestro consciente para determinar nuestras vidas, es demasiado complejo para que muchos supuestos científicos y académicos afirmen categóricamente y pregonen prejuicios antiguos basados más en los deseos y en vacíos formativos que en los hechos; algunos académicos españoles, por ejemplo, parecen estar deseando hacer desaparecer de las facultades de psiquiatría y psicología la teoría psicoanalítica, que tantos frutos ha dado desde hace más de un siglo, no solo sobre la psicopatología general sino sobre el hecho cultural y artístico. Estos académicos no han leído ni entendido el abecé de una ciencia tan compleja y extendida universalmente, como es el psicoanálisis, que, además, sigue siendo una ciencia joven. Poner en cuestión la cientificidad de una disciplina de un siglo de desarrollo, extendida en todo el mundo académico y clínico ( sobre todo occidental) es un claro síntoma de ignorancia y de respeto a lo que no se conoce.