Sábado, 7 de diciembre de 2019

La (presunta) bruja mala

Ha habido tiranos y asesinos, y por un tiempo, pueden parecer invencibles, pero al final, siempre caen

Dijo Joseph Conrad, novelista ingles de origen polaco, que la creencia en algún tipo de maldad sobrenatural no es necesaria. Los seres humanos por sí solos ya son capaces de cualquier maldad. Tristemente, en estos últimos días, son palabras de de plena actualidad.

El cadáver de Gabriel Cruz, de ocho años, desaparecido en Níjar (Almería) el pasado 27 de febrero apareció 12 días después en el maletero del coche que conducía Ana Julia Quezada, pareja del padre del niño, que fue detenida y termino por confesar el crimen.

Lo que todos entendemos por maldad, no siempre implica un problema de salud metal ¿acaso todos los psicópatas tienen un componente genético especial que determina su actuar? Puede que en ciertos casos sí, pero en general los actos de maldad son actos de la voluntad y por tanto van precedidos de una decisión individual. La maldad es cosa humana, pero nos resulta difícil aceptar que hay personas malvadas porque supone admitir que compartimos con ellas nuestra naturaleza y por tanto todos, potencialmente, podríamos llegar a ser malvados. No todos somos naturalmente buenos aunque  tampoco por naturaleza malos.

Si malo es quien realiza consciente y voluntariamente el mal, no cabe duda de que la persona o personas que ponen fin a la vida de niños o niñas sin escrúpulo alguno, sin remordimientos de conciencia, son malas personas y merecen un castigo si son culpables. Todas las pruebas en poder de la justicia, apunta a que Ana Julia Quezada está implicada en la muerte de Gabriel. ¿Sola o tuvo algún cómplice? Se verá.  A mí, sólo me queda solidarizarse con la familia, dejar que la justicia se haga cargo de la presunta “bruja mala” y desear que este sea el último caso, pero me gustaría comentar un par de cosas.

El despliegue de recursos de todo tipo empleados en la búsqueda de Gabriel ha sido espectacular, el más grande que se ha producido hasta la fecha, y bien lo merece. Pero en España hay en la actualidad más de 1.300 menores desaparecidos. Algunos no parecerán nunca, otros sí, aunque sin duda entre estos últimos veremos más cadáveres ¿qué circunstancias son las que determinan las proporciones que se deben dar a cada caso? ¿asistirán nuestros responsables públicos a todo los entierros que se celebren? ¿mencionará sus nombres el Presidente del Gobierno en el pleno del Parlamento? ¿se movilizarán los medios de comunicación de modo vergonzoso, como algunos lo han hecho en este caso, poniendo incluso en peligro las investigaciones a cambio de ofrecer espactáculo televisivo? En mi opinión, los únicos que seguirán al pie del cañón, que mantendrán la pelea sin olvidar a ninguno de los desaparecidos, serán sus familiares y las fuerzas del orden.

Segundo. El trágico final de Gabriel refuerza el debate que lleva meses encima de la mesa: la Prisión permanente revisable aprobada en el Congreso de los Diputados en marzo de 2015, como parte de la Ley de Seguridad Ciudadana.

Como no podía ser de otra manera hay opiniones enfrentadas. ¿Debe derogarse? ¿mantenerse? ¿modificarse? Unos dicen que no es bueno legislar en “caliente”, claro que si se aprobó en 2015, a estas alturas la ley estará como mucho tibia. En todo lo que veo, leo y escucho la profusión de argumentos y cuestiones técnicas a favor y en contra son múltiples, tambien engorrosas. Así que uno, que de leyes entiende lo justo, prefiere dejarlo en manos más capacitadas. Lo único que tengo claro es que no se trata de un tema que deba someterse a referéndum por su gran emocionalidad y complejidad.   

Vivimos tiempos escabrosos en los que es bueno recordar a Mahatma Gandhi: Cuando me desespero, recuerdo que a lo largo de la historia el camino de la verdad y el amor siempre ha ganado. Ha habido tiranos y asesinos, y por un tiempo, pueden parecer invencibles, pero al final, siempre caen. Así sea.