Viernes, 23 de octubre de 2020

¿Foto o fotógrafo?

Después de oír a varias personas hablar de practicar Yoga y meditación, y no tener muy clara su esencia en la vida cosmopolita, me dispuse a ver un par de documentales que encontré por casualidad una tarde indagando en Netflix. Quería saber qué significaba realmente el Yoga, y discernir entre las modas actuales y su verdadero origen. Sin muchas expectativas pero con gran curiosidad, empecé viendo "On Yoga, The Architecture of Peace". En una primera instancia me descolocó un poco el hecho de que el documental fuera narrado por un fotógrafo. Este fotógrafo comenzó por dar una visión bastante característica del hecho de tomar imágenes. Había sido un fotógrafo especialmente dedicado a retratar personas famosas, desde cantantes hasta actrices e intelectuales. Y esa era su especialidad, retratar, captar, atrapar. Él decía, que sus mejores fotos están en su memoria, grabadas, que jamás se tomaron, pero que existen. Enseñó varias fotografías por las que sentía gran apego y sensibilidad, explicando el porqué de cada una, de cada gesto, de por qué así y no de otra manera. Tras esta introducción de la que me costó entender su relación con el Yoga, este hombre explicó el punto de inflexión en su vida que le había llevado al cambio. Y este fue una especie de parálisis en uno de sus brazos, algo bastante importante en su profesión. Este hombre llegó a un punto de extrema tensión en su carrera profesional, dedicaba horas y horas de obsesiva contemplación en su trabajo, y esto acabó por pasarle factura. A su edad podría haber pensado que su profesión llegaba a su fin, pero fue entonces cuando descubrió el Yoga. Y no solo lo descubrió, sino que lo fotografió. Y lo fotografió para captar eso que a cualquier cosmopolita le pasaría desapercibido. Captó figuras imposibles, el alma de los originales yoguis de la India, atrapó la verdadera esencia de esta práctica espiritual. Su trabajo con esta experiencia creció, y no solo eso, sino que le hizo crecer a él de una manera extradimensional.

Y ahora sí, entendí por qué el documental comienza con esta breve introducción a la fotografía. Entendí de qué manera este hombre, había proyectado no solo su profesión sino su vida interior. Es magnífico, magnífico ver el poder de unión que tiene esta práctica en las personas. Hagamos lo que hagamos, todos tenemos este mundo interior, todos tenemos esta inquietud común, aunque a veces escondida, de encontrarnos a nosotros mismos, nuestro yo más puro. Como decía uno de los tantos yoguis entrevistados y fotografiados para este documental :La gente está equivocada cuando piensa que uno es solamente una imagen, la imagen que proyecta en los demás, o la imagen que se da hacia el exterior. Uno no es eso, uno no es un cuerpo. Por eso las personas acaban exhaustas buscando en el exterior su felicidad, en lo de fuera. Pensando que me falta algo, siempre intentando rellenar esos huecos. Pero uno ya está completo, la felicidad ya existe en uno, en su interior, y eso es lo que hay que trabajar. Hay que trabajar la consciencia del presente. Hoy en día nos olvidamos hasta de cómo respirar, que es la esencia de la vida. Nos separamos de nosotros mismos, de ahí tanta frustración en la rutina. Y sí, esto es tan solo una breve transcripción de varios discursos tan sabios que alcanzo a recordar y que tan dentro se me ha quedado. Estas palabras son tan básicas, y las olvidamos tantas veces a lo largo del día, de la vida. Cuánto dolor y cuantos interrogantes que nos aprietan, que no nos dejan básicamente, vivir. El problema de nuestra constante y reiterada insatisfacción o decepción con el momento es que estamos continuamente deseando cosas. No hemos acabado de conformar un nuevo deseo cuando ya deseamos otra cosa. Estos deseos se acumulan, se agolpan unos con otros, se chocan, se contradicen, nos frustran, pero sobre todo, casi nunca son necesidades reales. Entonces un yogui ante esto propone “Recorta la lista de tus deseos, cuanto menos desees, menos necesitas para estar satisfecho. Si vas satisfaciendo pequeños deseos y dando prioridad a las necesidades reales interiores (y no superficiales exteriores) entonces serás más feliz. Dejarás de ser un saco roto que nunca se acaba de saciar. El problema de los hombres modernos, de ciudad, es que están rodeados de cosas superfluas, que realmente no necesitan. Plantéate, ¿son estas tus necesidades o las que la sociedad crea para ti? Para abastecerse de tu insatisfacción” Es muy difícil entender esto en el mundo actual, y más si ya has nacido rodeado de esto. El hombre en la ciudad no puede estar realmente solo, en paz. Siempre hay algo que le perturba, que le distrae. Ruidos, obligaciones, rapidez, ropa, comida, luces… El hombre solo puede encontrarse a sí mismo verdaderamente en el retiro. Pero este retiro se hace cada vez más imposible en la ciudad. Hay que volver a aprender a respirar. A dejar la cabeza en paz. Dejar los discursos analíticos mentales y empezar el diálogo emocional. La ciudad apaga nuestro lado creativo del cerebro, lo ciega. Es en la naturaleza donde se establece de nuevo el contacto emocional, materno, donde se deja de oír para empezar a escuchar. “Cuando se deja el discurso interior entre dos personas que luchan y se llevan la contraria y discuten y se pasa a la conciencia individual del yo, del yo universal, completo y equilibrado consigo mismo, es cuando se consigue la paz” Y es que la paz es lo más complicado de conseguir. No podemos cambiar el mundo, cambiar a todo el que nos rodea y ser el samaritano de cada persona que se nos cruza. Pero sí podemos ser mejores personas. Buscar nuestra paz. Porque en este mundo solo dejaremos un cuerpo, y todo lo que nos llevaremos no será material, serán nuestras experiencias vitales y emocionales, nuestro crecimiento personal, nuestra conexión con la vida. Solo eso es paz. “Las personas viven como si no fueran a morir mañana. Esto es un gran problema en los humanos. Han olvidado la misma esencia de la vida, que es nacer y morir. Olvidar esto es olvidar el sentido de nuestra existencia. La gente vive con una rapidez enfermiza, no se conocen, tienen miedo a la muerte y la obvian. Viven como si no fueran a morir y en consecuencia no profundizan en su espíritu. El miedo a la muerte es el principio de todos los miedos del hombre, cualquier miedo desemboca en este mismo. Encontrar la paz es, en definitiva, no temer a la muerte. Vivir y estar preparado para ella en todo momento. Aceptar nuestra condición y tener la alegría de ser vida propia”. “El pasado es un sueño, el futuro también lo es. Solo existe la condición misma de la conciencia presente. Por ello vivir en función de esos sueños es un engaño” Qué difícil asumir las palabras de estos sabios. De entender sus vivencias y sin embargo, el oírlas me hace entender un poco mejor lo que nos ocurre, lo que me ocurre. Lo que duele en esta vida. Intentar llenar el espíritu de exterior es simplemente inflar un globo de aire que en algún momento reventará. Hace falta pararse, ser consciente, estar preparado. Afrontar nuestras propias verdades para poder buscar la alegría dentro de nosotros. Y entonces ya no será porque sea Yoga o no, o porque prefiramos vivir de una manera o de otra, será porque encontraremos la libertad en nuestra alma y no la buscaremos en las esquinas de este mundo tan lleno de espejos. Empezaremos a ver la luz del sol, a oír a los pájaros, a sentir nuestro cuerpo y nuestras manos, a oír latir nuestro corazón y a respirar sin ahogarnos. A entender mejor el dolor de otros y sobre todo el nuestro.

Finalmente entendí la relación que personalmente estableció este fotógrafo con sus fotos y el Yoga. Él había tenido delante de sí toda su vida la respuesta, solo que no había abierto bien los ojos. Él captaba con sus fotos ese momento plácido, esa expresión, ese instante efímero de la conciencia presente, como hace el Yoga con su práctica. Y las fotos de los Yoguis le enseñaron a mirar para dejar de ver, a la paciencia de una foto completamente volátil. Cada uno ha de buscar su propio yogui, su gurú, su maestro. Hay un maestro dentro de cada uno. Mi manera de hacer Yoga hasta ahora ha sido escribir, es lo único que me aleja del pasado y del futuro y me acerca a quien soy ahora. Es lo que me hace escucharme realmente, dejar de discutir, ser yo ahora. Aunque probablemente nunca deje de buscar, las palabras siguen siendo una especie de frontera. A veces solo es necesario sentir, como lo que sentía el fotógrafo al recordar esa foto que nunca tomó. Quizá es que andamos buscando nuestra imagen entre mil fotos cuando somos nosotros el fotógrafo que ha de encontrar el momento que captar.