Miércoles, 19 de septiembre de 2018

Mucho me temo que...

Mucho me temo que después de la gran huelga feminista del pasado 8 de marzo, dentro de unas semanas se reanude el goteo sangriento de víctimas por la violencia de género, se reanuden las antiguas quejas de la mayoría de las mujeres por las conductas insolidarias o agresivas  de sus compañeros, se estén olvidando las peticiones y objetivos laborales concretos, sobre igualación salarial, igualdad de oportunidades, respeto y valoración del período de maternidad, etc…

¿Por qué este pesimismo? Porque jamás los cambios importantes de valores y de conductas se han dado en nuestra especie a corto plazo. La educación no es ningún atajo: es una cuestión de generaciones.

Mucho me temo que pasados unos meses de las numerosas manifestaciones de jubilados y pensionistas en la mayoría de las ciudades españolas, éstos poco a poco volverán a quedarse en sus casas, incluso si el gobierno hubiera respondido a ellas con una mísera y única subida del IPC del año en curso. Unos jubilados lo entenderían como gran victoria de su lucha, otros como una gran derrota. Finalmente la propaganda diaria de este gobierno les habrá convencido de que “No se pueden quejar; peor están sus hijos, sus nietos…” Habrá sido el único acto de rebeldía de una población generalmente poco combativa.

¿Por qué este pesimismo? Porque ningún cambio individual ni colectivo se produce  de la noche a la mañana. Si uno ha sido conformista a lo largo de su vida, no se convierte en un rebelde, a no ser que le empujen los problemas acuciantes de sus propios hijos, de su propio corazón.

Mucho me temo que la tasa de desempleo y de contratos-basura seguirá siendo escandalosamente alta en las generaciones jóvenes, durante los próximos años, en nuestro país también. El capitalismo no va a abandonar sus “conquistas”, a no ser por la fuerza: y eso ni un milagro lo conseguiría.

¿Por qué este pesimismo? Porque la seducción del consumo, real o soñado, unido al sentimiento de esperanza en un buen futuro que no termina de llegar, “pero llegará”, es tan potente, individualmente, que paraliza.

Mientras tanto las televisiones seguirán informando, ( Antena 3 y la 1 lo saben hacer muy bien) como primeras noticias, de niña/os abandonados o perdidos, mujeres asesinadas, pedófilos perversos, robos en hogares, consumidores engañados…y los que escuchan tanta desgracia seguirán pensando “Dios mío, que me quede como estoy”.

Así es como se quedará España, al menos unos cuantos años más.