Sábado, 15 de agosto de 2020

La soledad gestionada

La soledad es una clase de padecimiento, más que destruir el mundo establece una barrera entre este y los individuos pues deja a aquel intacto como una tormenta a la persona aislada. Thomas Dunn, en su ensayo Loneliness as a Way of Life, insiste en cómo puede pensarse como algo fundacional en el sentido de que a la postre todos nos vislumbramos a nosotros mismos estando solos en el universo. Un símbolo, quizá el más importante en la esfera de la política, de la fantasmal presencia de una distinción casi borrada entre los ámbitos público y privado de la vida. Para Dunn, el personaje de Cordelia en El rey Lear es el epítome de una soledad entendida como la experiencia, en su sentido más profundo, de la desaparición.

 

El aislamiento forzado o voluntario, la incomunicación como incapacidad o como repudio del otro, la clausura del ermitaño, el retraimiento ante el ruido urbano, el placer por sumergirse en el vacío del territorio, son formas de soledad que acompañan a la lírica y a las ciencias sociales. Si las Soledades es una de las obras fundamentales de Machado, la anomia en tanto que aislamiento del individuo, como consecuencia de la falta o de la incongruencia de las normas sociales, es una categoría fundamental de la sociología. Son asimismo objeto de estudio de psicólogos y de antropólogos porque configuran expresiones vitales que para algunos son patológicas mientras que para otros son salvíficas.

 

Pero en cierto modo también la soledad como una forma de vida es una expresión de los tiempos que corren. Si hasta hace muy poco los hogares unipersonales eran una rareza hoy ocupan un porcentaje que en algunas sociedades llegan a configurar una tercera parte del total. A la extensión de la longevidad con personas viudas y cuyos hijos dejaron la casa familiar hace tiempo, protegidas por una sanidad que funciona aceptablemente y con cuidados especiales, se une la propensión creciente de jóvenes profesionales a vivir solos. De pronto, la tendencia tiene tal fuerza que logra dominar el mundo del consumo en todos sus frentes, desde el tipo de vivienda a las formas de ocio, e igualmente se convierte en un asunto político.

 

El gobierno británico acaba de poner en marcha una Secretaría de Estado para abordar los problemas que padecen nueve millones de personas que viven solas en las islas. Su situación se asocia a menudo con enfermedades cardiovasculares, demencia, depresión y ansiedad. Hasta 200.000 personas mayores no tienen una conversación con un amigo o un familiar en más de un mes. La soledad es una “epidemia” relacionada con el debilitamiento de instituciones que tradicionalmente tejían conexiones entre las personas, como los sindicatos, la iglesia, la familia, los pubs y los centros de trabajo. Incluso los cajeros de los supermercados, uno de los últimos bastiones para conversar de las personas mayores solas, se están sustituyendo por máquinas automáticas. Su gestión requiere, a fin de cuentas, comprar un tipo de compañía, pero la soledad es algo más profundo.