Jueves, 20 de septiembre de 2018
Bracamonte al día

Un nombre árabe para Teresa

El grupo Lazarillo de Tormes volvió a demostrar su extraordinaria capacidad para envolver al público con la representación de ‘Teresa, la jardinera de la luz’
El grupo Lazarillo de Tormes representó este domingo ‘Teresa, la jardinera de la luz’ en Alaraz / Rep. Gráfico: Javier de Prado

De tierras casi portuguesas regresaron ayer los componentes del grupo teatral ‘Lazarillo de Tormes’, para arribar en la tarde del domingo 25 de febrero a las tierras del Campo de Peñaranda en cuya jurisdicción se encuentra la población de Alaraz. Uno de los valles más ricos de la provincia, rodeado de las mayores altitudes como el Cerro del Castillo, la resguardan. El nombre de éste lo compartió allá por época de Reconquista su primigenia iglesia cuya advocación mariana también tuvo esta nomenclatura alusiva a la defensa. Los castillos que fueron el origen del nombre de nuestra Comunidad autónoma aparecen como es en este caso, en zonas muy elevadas y fronterizas, cuando se empezara a recuperar territorio cristiano de manos árabes.

Para la paradójica Teresa de Jesús hubiera significado no menos paradójico el hecho de que la obra de teatro que más la está dando a conocer en los últimos tiempos: “Teresa, la jardinera de la luz”, se representara en un pueblo que conserva y lleva a gala, su nombre de origen árabe: Alaraz, que significa “campo de cultivos”. Pero no menos cierto es el hecho de que a pesar de haber sido a lo largo de toda su historia una ubicación en la que se asentaron todas las posibles civilizaciones desde nuestra Prehistoria, la árabe fue la que más huella dejó, y no cabe duda que sabrían utilizar este entorno fértil y rico en agua para aposentar su situación defensiva, pues los cristianos no daban tregua.

Pero poniendo las cosas en su sitio y en la actualidad que nos compete, Alaraz se encontró con una original puesta en escena que ‘Lazarillo de Tormes’ sigue ofreciendo por nuestros pueblos salmantinos, y por la que la Diputación de Salamanca ha apostado a lo largo de todo este próximo año, a la vista del imparable éxito de esta representación teatral. Ha llegado a todo rincón que por ella se ha interesado. Ha puesto en escena la vida de una mujer, que por haber sido situada en la lejanía de los altares y la mística, fue eclipsada en la mejor de sus facetas, la de ser humano. Con “Teresa, la jardinera de la luz” se ha dado la vuelta al cuento, pues son los actores de ‘Lazarillo de Tormes’, los que se suben al altar de cualquier iglesia para convertirlo en el escenario adecuado que proyecte otra perspectiva, la de “tan sólo una mujer”,”¡y qué mujer!”.

La actual iglesia parroquial de Alaraz, tiene la advocación de Nuestra Señora de las Nieves que data en su origen del siglo XV, fecha que también se corresponde con la de la imagen de la patrona que aparece en el bello retablo octogonal en piedra del Altar Mayor junto a un nada desdeñable san Miguel, de la misma época, guardián a ultranza de la fe. Allí asistieron los habitantes de este pueblo a una obra, que alternando seriedad y simpatía, ironía e ingenuidad, valentía y humildad, nos sabe poner con total rigurosidad en el contexto histórico, personal y artístico de la carmelita. Guiño, sin duda, particular para este público que no sin sonrisas e incluso alguna carcajada, se situó en tierras de Alba, a cuyo señorío también perteneció su localidad en la época a la que asistían, mientras oían hablar de los sueños infantiles de la niña Teresa frente a los moros, así como del castillo inexpugnable que era la sociedad varonil del XVI. Y una preciosa escultura de la santa, que guarda la iglesia, parecía dar fe de todo ello.

Con la misma frescura que la que el río Gamo que pasa por la localidad, la alivia en sus días estivales, a la vez que deja en sus orillas la belleza de una fauna y flora particulares, ”Teresa, la jardinera de la luz” fluye a lo largo de unos minutos que se escapan ante el espectador según va transcurriendo ante sus ojos la cotidianidad de su vida con las hermanas, que la cuentan y la hacen suya, frente a un Inquisidor que subido en el púlpito elevado de su fortaleza, no supo defenderla ante la luz rica de una jardinera, a la que tan bien entendieron los vecinos de Alaraz. Ellos que son valedores y conservadores a ultranza de las tradiciones que los aúnan y hermanan, y de las que participan en igualdad hombres y mujeres, aplaudieron cómplices las proezas de una mujer que inteligente y elevada, se puso a la altura de los más humildes e ignorados. Hubo un día en que el padre del rey, dueño de un Imperio y amigo de una monja con la que se carteaba, pasó por Alaraz, camino de Yuste en la próxima Extremadura, en busca de de un merecido descanso de “jubilación real”.

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